Opinión / Columna
 
Gerardo Sosa Castelán 
Festejos y unidad
Organización Editorial Mexicana
14 de febrero de 2010

  Desde hace casi cinco años el país se encuentra dividido, polarizado. Los añejos desencuentros entre mexicanos -los capitalinos y provincianos, los pobres y ricos, los indios y criollos- se incrementaron a raíz de que ciertos políticos utilizaron propaganda negra para denostarse entre ellos, y en esa pugna arrastraron a sus simpatizantes.

México no es una nación unida. La separan costumbres, tradiciones, gastronomía, cultura, civilizaciones. Y ahora peor, también la política profundiza las brechas entre unos y otros.

Hay optimistas que llaman mosaico a las diversidades. Pudieran llegar a serlo, siempre y cuando se encontrara el cemento que uniera los polos, las piezas, los fragmentos.

¿Cómo festejar así el Bicentenario de la Independencia y el Centenario de la Revolución? ¿Cómo hacer fiesta si hay mexicanos que no se hablan unos con otros y si además, con cualquier pretexto, se enfrentan?

Hablar de unidad, como recién lo ha hecho el Presidente de la República, Felipe Calderón, quien al anunciar los festejos con los que en este 2010 se conmemorarán las gestas independentistas y revolucionarias, a mitad de la semana que ayer concluyó hizo un llamado a la reconciliación de los mexicanos.

"Yo quiero invitarlos a que este año del Bicentenario de la Independencia y del Centenario de la Revolución, las mexicanas y los mexicanos de todos los grupos, de todos los partidos, de todas las regiones, de todas las religiones, de las distintas maneras de pensar y de sentir acerca y por nuestro México, seamos capaces de unirnos en el ideal del país, por encima de nuestras legítimas discrepancias", aseveró.

Habló también de un pueblo fuerte y perseverante, capaz de superar guerras, desastres naturales, crisis económicas y epidemias, todas ellas "pruebas que nos ha puesto la historia nacional".

Comentó, además, que "no debe hacernos perder de vista el interés superior del país, los intereses superiores de la nación. Las diferencias existen, sí, pero no pueden ni deben ser un obstáculo a la enorme capacidad que tenemos los mexicanos de forjarnos un mañana mejor".

El titular del Ejecutivo federal llamó a la clase política mexicana a unirse sin claudicar en sus ideales ni puntos de vista en torno de México: "Sé que en cada gobernadora y en cada gobernador, en cada alcalde, en cada legislador, existe la voluntad y la convicción de contribuir a que los mexicanos alcancemos un mejor porvenir. Quizá pensemos en vías diferentes, pero sé que lo que nos une y nos debe unir, más ahora es, precisamente, el interés superior de México".

Con unión se puede conseguir cualquier cosa que uno se proponga. La división, hasta ahora, ha frenado el progreso en el país.

Pero, acaso esta unidad ¿es sólo para la fiesta? ¿Y después? ¿Continuarán los enfrentamientos?

Hace falta encontrar el cemento que permita esa unión y al personaje que lo aplique. Las palabras presidenciales son un buen indicio, pero lamentablemente muchos son quienes las oyen y muy pocos los que en verdad escuchan.

El llamado a la unidad, cierto, es una constante del discurso del presidente Felipe Calderón. Lo ha hecho en contra del crimen, de las desgracias provocadas por fenómenos naturales, de los efectos de la enésima crisis económica y financiera que azota al país, en contra de casi todo lo habido y por haber.

Pero algo preocupante sucede, porque la división se ahonda.

Ojalá la fiesta, la celebración de las gestas históricas de este 2010 sea, cuando menos, un factor que de verdad propicie la tan ansiada unidad de los mexicanos.

gerardososa_cas@yahoo.com.mx
 
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