Opinión / Columna
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Federico Ling Sanz Cerrada
Leche con chocolate gratis
El Sol de México
13 de febrero de 2010
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Hace unos días al cruzar una avenida importante, justo antes de bajar de la banqueta, una señorita se acercó para regalarme un envase de leche con sabor a chocolate de una marca reconocida. Como era la hora de la comida decidí no aceptar su regalo. Se quedó sumamente extrañada y me dijo que por qué no quería la leche con chocolate, si además, estaba fría. Le agradecí nuevamente y cuando me disponía a seguir mi camino, insistió por cuenta nueva y dijo en esta ocasión: "¿en verdad no vas a aceptar el regalo que te estoy haciendo?" Le contesté que no y antes de que volviera a preguntar lo mismo, puse en marcha.
Me quedé pensando a qué se debía esta actitud de la señorita que estaba haciendo su trabajo y repartiendo su propaganda. Y me temo que tiene que ver con el asunto de la gratuidad. Las empresas utilizan este truco publicitario para "enganchar" a las personas y, mientras les hacen un regalo -el producto es gratis- aprovechan para hacer publicidad sobre su marca. Y resulta difícil que alguien, a sabiendas de que están regalando algo, prefiera el rechazo. Por eso el refranero popular reza: "gratis, hasta las patadas".
Los seres humanos y la sociedad en general sabemos que, si hacemos un regalo a otro, es fácil que seamos bien aceptados. Y por ende, existe una lógica escondida detrás de ello. Porque no se cuenta con el rechazo inicial de la otra persona si le vamos a hacer un regalo. Lo más probable es que lo acepté. Y entonces lo damos por supuesto y por hecho. Pero lo anterior también tiene importantes raíces en esta fácil y cómoda posición que todos los seres humanos padecemos en la cual no queremos pagar el precio ni asumir el costo de nada. Por eso es más fácil aceptar los regalos que son hechos gratuitamente. Porque precisamente es más sencillo recibir lo que es gratuito que hacer el esfuerzo y asumir el costo de eso que deseamos.
Y pagar el precio no es fácil. Y no hablo solamente de un litro de leche saborizada con chocolate, sino que estamos hablando de asumir los costos y pagar el precio incluso de aquel bienestar que queremos. "El que quiera azul celeste, que le cueste" dice el otro dicho popular. Porque para comprar algo hay que ahorrar, hay que planear y pagar el costo. Para bajar de peso hay que ponerse a dieta y hacer ejercicio. Para tener la posición más importante en una organización, también hay que demostrar que somos capaces de ello. Y eso supone un costo. Y debemos asumirlo si queremos los resultados.
Lo mismo funciona en la política. El jueves, durante la gira del presidente Calderón a Ciudad Juárez, mencionó enfáticamente que tiene todo el interés, ganas, sensibilidad, etc., de trabajar por los juarenses y su bienestar. Y tuvo que asumir el costo y pagar el precio de sus dichos desde Japón. Y lo hizo bien. Y tuvo que asumir su responsabilidad en la tragedia ocurrida en Ciudad Juárez. Y también pidió que otras personas asuman su responsabilidad y los costos que les toca. Y ello también es un llamado para la sociedad.
Pero no es fácil. Resulta mucho más sencillo que nos regalen aquello que deseamos. Y ahorrarnos el precio que tendríamos que pagar. Y en política, y en otras esferas, los costos se asumen. Fernando Gómez Mont tuvo o tendrá que asumir los propios al renunciar al Partido Acción Nacional. Y el propio PAN tendrá que pagar otros por sus diversas alianzas con el PRD y el PT, por ejemplo. Pero si quieren tener los resultados que se anhelan, no existe otro camino para conseguirlos.
Sería más sencillo, como hace unos días, que alguien se acercara y nos regalara, totalmente sin costo y gratis, un litro de leche con chocolate. Pero, ¿es sostenible?, ¿esa es la realidad? No. Tampoco en la política es sostenible aquello que se nos da como regalo. Porque, de un modo u otro, siempre se termina asumiendo un costo y pagando un precio. Pero a veces de un modo que ni siquiera imaginamos.
federicoling@gmail.com; @fedeling
*Maestro en Ciencia Política y Medios de Información.
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