Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
Declaraciones y tensiones
Organización Editorial Mexicana
9 de febrero de 2010

  A medida que se aproxima el 11 de febrero en Irán, aniversario del fin del reino del Sha en 1979, crecen las tensiones y abundan las declaraciones que causan tensiones. Sobre todo las de iraníes.

El líder supremo, Alí Jamenei, elevándose al colmo de la provocación, declaró que, con la ayuda de Dios, Israel ya no existiría dentro del poco tiempo. Y después de haber afirmado que no tenía problema para enviar su uranio al extranjero, para que fuera enriquecido para usos médicos, Ahmadinejad acaba de ordenar que el uranio de la República islámica sea enriquecido al 20 por ciento. Hasta ahora era sólo al 3 por ciento. Cabe recordar, sin embargo, que para ser utilizado en el armamento nuclear debe ser enriquecido al 80 por ciento.

Sabe muy bien que sus adversarios rechazarían sus ofertas de iniciar un largo proceso de enriquecimiento de uranio en el extranjero, porque lo que él propone no cambia nada. Pero gracias a las amenazas, logra presentarse ante propios y extraños como un líder dispuesto a negociar de buena fe.

Sus ofertas le son muy útiles, porque dividen al Consejo de Seguridad. Proporciona excusas a China y posiblemente a Rusia, aunque por ahora, dice querer jugar más bien con EE.UU.. En todo caso, parece casi seguro que el Consejo de Seguridad no aprobará sanciones demasiado duras

Pero eso no obsta, ni mucho menos para que amenazas y sanciones le permitan a Ahmadinejad proclamarse víctima ante las poblaciones árabes y musulmanas.

La tensión internacional no sirve sólo para eso. Para la celebración del 11 de febrero los líderes de la oposición iraní han convocado a manifestar. Es una ocasión importante.

La oposición se está dividiendo. Por una parte están quienes quieren recobrar los valores de la Revolución Jomeinista original. El primero de ellos es Mirhosein Musavi, compañero de lucha y estrecho colaborador del ayatolá Jomeini. Musavi ha criticado severamente el régimen, comparándolo incluso con el de Sha. Admitió: "Nos equivocamos y yo me equivoqué" y añadió, sin duda con razón, que la dictadura en nombre de la religión es la peor de las dictaduras. Pero no parece dispuesto a preconizar la caída del régimen: busca sólo su reforma.

En cambio, una parte de la oposición, sobre todo los jóvenes, ha franqueado el paso y comienza a plantear el cambio de régimen. Musavi, consciente de esta radicalización y de que son jóvenes de las clases medias quienes la propugnan, quiere que el movimiento se preocupe por la justicia social. Sin ello, y con tesis antireligiosas, serán fácilmente aislados.

Si Irán quisiera ser sancionado, no se comportaría como se comporta.

Probablemente busca provocar una reacción dura de Estados Unidos y sus aliados. Ello le daría la oportunidad a Jamenei y Ahmadinejad de acusar a la oposición de traición. En efecto, ante una agresión extranjera, armada o no, lo que se requiere es la unión nacional. Una tensión internacional máxima puede permitirles denunciar a los manifestantes y otros opositores.

La semana pasada el secretario de defensa de EE.UU., Gates, reiteró que Irán es el mayor peligro que confronta el mundo, porque no puede dejar de suscitar un proceso de nuclearización de los países del golfo y de los países árabes. Aunque, francamente, no sé ve cómo podrían hacerlo. Inmediatamente Israel pondría el grito en el cielo si países árabes y musulmanes accedieran al arma nuclear, lo que Estados Unidos tiene todos los medios de evitar.

Sólo que, hasta ahora, todo esto juega más bien a favor del régimen iraní.

Sin duda, el problema es que la principal preocupación de EE.UU. y sus aliados no tiene, realmente, nada que ver con el bienestar de los iraníes.

mehcbv@email.com
 
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