Opinión / Columna
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Alejandro Díaz
Lluvia sobre mojado
El Sol de México
9 de febrero de 2010
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La llegada de las primeras lluvias del año sorprendió a muchos pero no debió sorprender a los responsables del drenaje. Saben que cada milímetro de lluvia que cae en el Valle de México se convierte en 9 mil metros cúbicos de agua que van a parar al drenaje a menos que sean absorbidos por el subsuelo. Con la lluvia del martes cayeron al menos 20 milímetros (equivalentes a 180 mil metros cúbicos) que con la superficie construida y asfaltada sólo el agua que cae en zonas de cultivo, parques y jardines es absorbida. El Valle de México no cuenta más que con un par de pozos de absorción cuando se requerirían cientos tan sólo para recargar el acuífero y reducir los volúmenes de agua que hay que desalojar cada vez que llueve. Por eso, una lluvia intensa puede causar inundaciones a menos que todo trabaje conforme a diseño.
La historia hidráulica para proteger el Valle es muy larga. Comienza con Nezahualcóyotl, quien concibe y construye el albarradón para separar las aguas salobres de las dulces de los lagos del valle y para controlar los niveles de las aguas. Durante la colonia se hicieron el túnel de Huhuetoca y el tajo de Nochistongo, mientras que en el siglo XIX se terminó el Gran Canal de Desagüe. En el siglo XX finalmente se realizó la que debiera ser la solución definitiva, el Drenaje Profundo (DP), en la medida que se mantenga operable. Desatendido por treinta años, cuando se comienza a darle mantenimiento en 2005, el Cambio Climático sorprende por igual a vecinos y a autoridades tanto de la ciudad como del Estado de México. Llegaron las lluvias pero nadie pensó en sus posibles consecuencias.
En el pasado, el estiaje -temporada de secas que en el Valle de México se extiende de noviembre a abril- permitió dar mantenimiento al DP, utilizando sólo el Canal del Desagüe para atender el desalojo de aguas residuales que tienen un volumen menor al 10 por ciento del agua pluvial. Pero mientras las precipitaciones en febrero siempre fueron ligeras o escasas, las de este año sorprendieron con su intensidad. Nadie prestó atención a que el DP no estaba en operación hasta que ya era muy tarde: cuando parte del DF y del Edomex ya estaban bajo las aguas. El problema se agravó con la ruptura de un muro del río de la Compañía, repitiendo la tragedia del año 2000 que inundó el Valle de Chalco.
Para evitar hacer evidente la incapacidad lo más fácil es repartir culpas, y sobre todo, echar la responsabilidad a los funcionarios de Gobiernos emanados de otros partidos, pero es una salida fútil que no aporta solución. Sucedió así con el evento que llevó a la inundación que sufrieron tanto Chalco como en varios lugares del DF donde el agua subió más de un metro sin necesidad de que fallara un muro de contención. Simplemente el agua de lluvia llegó a los lugares más bajos al no tener un camino que la sacara del Valle de México. Todo por la falta de una oportuna decisión de desalojar el DP para que entrara en operación.
Puede entenderse la no utilización preventiva del DP para evitar inundaciones, pues éste estaba siendo reparado y pondría en riesgo la vida de trabajadores, inclusive destruyendo el trabajo que se llevaba a cabo. Pero si se hubiera hecho una evaluación adecuada se habría ordenado el desalojo inmediato del DP para ponerlo a funcionar. El diagnóstico es claro: si hubo evaluación no se midieron bien los riesgos. Al menos es de esperarse que las autoridades saquen una enseñanza para su correcta evaluación si en un futuro se presenta una inminencia de lluvia mientras se trabaja en el mantenimiento del DP: este sistema es básico para la sobrevivencia del valle y debe operar de inmediato si llueve. Las autoridades deben recordar que el desalojo del agua pluvial sobrepasa con creces la capacidad del Gran Canal, así que a la primera amenaza de lluvia, aún ligera, deben cesar los trabajos, desalojar al personal y permitir que fluya el exceso de agua antes de que cause problemas.
Las más de 17 mil familias afectadas por el agua no tienen que sufrir por una decisión mal tomada. No sólo merecen una disculpa sino el apoyo material para restituir lo que perdieron a causa del agua aunque los Gobiernos estén en crisis económica. El caso especial de Valle de Chalco, además, no deberá repetirse si se cumple la promesa de terminar el entubado subterráneo del río de la Compañía para alejar la pesadilla que les ha quitado el sueño a sus pobladores por más de 10 años en ya dos incidentes terribles.
alediaz@elsoldemexico.com.mx
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