Opinión / Columna
 
Mario I. Alvarez Ledesma 
¿Todo es posible? (El peso de la pluma)
Organización Editorial Mexicana
9 de febrero de 2010

  "... Los hombres normales no saben que todo es posible"

David Rousset

Al enterarnos de lo sucedido en Ciudad Juárez hace un par de semanas, de que a mansalva se había asesinado al menos a 15 jóvenes por un comando armado que irrumpió violentamente en una fiesta de adolescentes; al conocer los detalles de ese horror y ver el desgarrador dolor de las familias de esos muchachos; cuando sabemos que casi paralelamente se acribilla afuera de un bar en Torreón a otras tantas personas a ráfagas de metralleta y, todo esto, cuando no terminábamos de recuperarnos del brutal asesinato de la familia de un marino en Tabasco o del disparo a la cabeza de un jugador del América, en una lista que empieza a ser interminable, no es extraño escucharnos a nosotros mismos y a otros decir: ¡No es posible!

La cuestión, empero, es que esto sucede y vuelve a suceder en nuestra sociedad, cada día, cada semana, cada vez con mayor sadismo e impunidad, a la vista de todos, en una escalada continuada de violencia y cinismo, ante la cual seguimos usando sin variar la misma interjección y a cada momento más desesperada: ¡No es posible! ¡No es posible!

La cuestión toral que la sociedad mexicana no ha alcanzado a columbrar, y con ella su visionaria clase dirigente, es que... sí es posible, claro que es posible y lo seguirá siendo, desafortunadamente. ¿Por qué? Simple y llanamente, y aunque los hombres de bien y de paz no puedan comprenderlo, porque el mal no tiene límites y es, de suyo, infinito, salvo que esos mismos hombres de bien y de paz decidan lo contrario y actúen en consecuencia. Abundo.

Los seres humanos -con independencia de la visión que de su naturaleza tengamos, sea la optimista y positiva de Rousseau, quien pensaba que eran las sociedades las que los volvían malos y perversos, o la postura contraria, la de Hobbes, quien sostenía que la condición humana era esencialmente malvada y egoísta- partimos del presupuesto de que las acciones humanas, sobre todo las negativas, tienen límites. Sólo un loco, solemos decir, un enfermo, agregamos, se atrevería a hacer tal o cual cosa, eso sucede únicamente en el cine, es de película. Y pensamos así porque los seres humanos comunes y corrientes fuimos formados y educados dentro de un cuadro de criterios y exigencias axiológicos determinado, que posee fronteras concretas; quien se halle fuera de éstas resulta ser, generalmente, la excepción. Los muy malos, pensamos, terminan mal en la vida y, tarde que temprano, con sus huesos en la cárcel. Asumimos, entonces, que la realidad se moverá siempre dentro de esos parámetros lo que, claro, no es así.

Sabemos, no somos tan ingenuos, que el mal existe en el mundo y que habrá siempre quien siga robando, matando y pasándose de listo, pero tales conductas serán las menos y siempre, siempre tendrán un límite; llegarán hasta un punto, una línea que los seres humanos no pueden transgredir: niños y familias indefensos, muchachos que sólo se divierten en una fiesta de adolescentes, parientes cercanos que ni la deben ni la temen, personas que se reúnen en parques públicos sin molestar a nadie para conmemorar las fiestas patrias... Sin embargo, vemos con azoro, en cada nuevo acontecimiento en nuestro México de hoy, que esos límites ya no existen y que no sabemos a dónde irá a parar todo esto. ¿Qué pasa?

Sucede que producto de nuestro perverso sistema político y económico, hemos sido incapaces de generar un desarrollo, tal y como lo han logrado otras sociedades, donde sin tratarse de paraísos terrenales, las personas pueden gozar de trabajo y educación dignos y acceder al bienestar en la medida de su esfuerzo y de sus méritos. Donde la igualdad y la libertad son promovidas y protegidas por la ley y donde la tensión natural entrambas es resuelta, como piensa Hannah Arendt, en la formación de una voluntad común producto de una comunicación orientada al entendimiento.

En México, nuestro sistema político y económico, basado en el abuso y la falta del respeto a la ley y a los valores que promueve y protege sólo formalmente, ha producido este cuadro de horror del que todos somos el problema y la solución.

Nadie vendrá a rescatarnos, el sistema está larvado en cada uno de nosotros.

El peso de la pluma

m.alvarezledesma@yahoo.com.mx
 
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