Opinión / Columna
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Jaime Alcántara
Promesas de campaña, la tenencia (Una tras otra)
Organización Editorial Mexicana
8 de febrero de 2010
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Cuántos ofrecimientos hemos recibido en la vida. Seguramente muchos. Algunos de buena fe de gente que nos quiere, como: verás que te va a ir bien. Otras de algún promitente vendedor de utensilios o muebles, con el afán de colocar su mercancía. Otros más, como los de aquellos miembros de nuevas religiones o sectas que prometen no sé cuántos paraísos. Pero hay otras que parecieran aquellas de políticos que ya pasaron a mejor vida, tanto política como físicamente. Casi todos hemos escuchado la vieja gracejada nomás por moler a quienes nos representaron en otros tiempos: les voy a construir el puente para el río. "Pero no tenemos río", dicen que decía la gente. Entonces el necesitado del voto prometía: no importa, también les haré el río. Nadie en su sano juicio puede pensar que no era más que un buen lance para amenizar alguna tertulia. Pero de que hubo falsarios, los hubo. La vida siempre ha tenido variedad, pero, claro, como es la vida: con moderación. Pero nunca, nunca como en esos tiempos había llegado un embustero como Fox, quien hizo nada menos que 126 promesas de campaña (creo esto todos lo sabemos) y no cumplió una sola. Pero eso es historia que, desgraciadamente, no registra la historia reciente, por el cúmulo de intereses alrededor de quienes, cómplices de ese sexenio o creyentes verdaderos del cambio cubren, con una niebla, ese vergonzoso pasado. Y ése es el asunto que nos ocupa.
En Puebla se ha desatado una polémica por alguna promesa entre dos que aspiran a la Gubernatura. Uno de ellos, panista nuevo, dijo que de llegar quitaría aquel pago al que nos referimos (tenencia). Otro aspirante, priísta, prácticamente sólo hacia la nominación de su Partido, hizo la misma. Ambos se disputan la paternidad de la idea, de la promesa. Y cuál es el futuro de ambos pronunciamientos. Qué se puede esperar de ellos. Quién puede cumplir. Por qué debemos creer o no creer. El asunto es más o menos sencillo de dilucidar. Veamos. El candidato panista Felipe Calderón nos dijo que habría de quitarnos esa carga. Han pasado casi cuatro años y nada. No hablo de un hombre potencialmente mentiroso como su antecesor. No. Pero algo hay en ese Partido que hace desconfiar. Y uno de los incumplimientos es precisamente ése. Veamos otra realidad.
Querétaro es un caso claro de realización. José Calzada Rovirosa, siendo candidato priísta, empeñó su palabra en el mismo sentido que el panista. Apenas llegó al Palacio de Gobierno e hizo honor a su compromiso. Hoy los ciudadanos de aquel Estado se olvidan de tal losa que pesaba, en algunos casos, en forma aplastante. De allí que, dados estos dos únicos ejemplos, no queda más que pensar que un color, una estrategia, es la que falla: la de los panistas.
Por ello es que cuando el priísta Javier López Zavala reclama su derecho a proclamar que tal promesa se cumplirá, sabe bien que es un asunto de decencia política. Los antecedentes así lo demuestran. Por ello es que la polémica en cuanto al asunto no hace más que creer que es un falso debate. Que no hay elementos para pensar en la veracidad, en el dicho de su probable contrincante. Por si algo faltara, como dicen en los pueblos: andando y haciendo. Casi a la par de la palabra, López Zavala, con un anteproyecto de iniciativa, se presentó en el Congreso para pedirles a sus compañeros de Partido que aceptaran discutir el tema, para que, incluso antes de ganar las elecciones, antes de ser Gobernador, su idea pudiera fructificar. Claro que la política es polémica, es discusión. Dicen que algún conspicuo panista trató de discutir con el Presidente del PRI en el Estado para llevar agua a su molino. Inteligentemente, Alejandro Armenta le dio la vuelta, lo evitó, porque no había materia, como dicen los abogados. Tampoco quiso hacerle el caldo gordo; para qué. El trancazo moral y, por supuesto, el electoral estaba dado. Los Diputados de esta Legislatura habían aceptado con agrado el decir de su compañero de Partido, Javier López Zavala.
Así y sólo así, como en las matemáticas, la confianza volverá a los políticos, a los Partidos Políticos, sin chapuceros que sólo usen la promesa para llegar y, después: si te vi, ni te conozco.
jaimealcantara2005@hotmail.com
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