Opinión / Columna
 
Ramón Ojeda Mestre 
Febrero loco
Organización Editorial Mexicana
8 de febrero de 2010

  En medio de la desgracia de decenas de miles de personas por las inundaciones y como resultado de la imprevisión, negligencia, improvisación y la impreparación oficial, tenemos que soportar el grotesco y repugnante espectáculo de gobernantes y dependencias culpándose recíprocamente ante la opinión pública para tratar de salvar su zalea personal, electoral y política. Tipejos necios que acusáis sin razón, sin ver que sois la ocasión de lo mismo que culpáis.

Como en todo febrero, el clima se presenta veleidoso y desconcertante, desde hace siglos o miles de años, lo mismo llueve en chubascos o llovizna, en chipi chipi o nieva, aúllan los vientos o suenan truenos acompañados de relámpagos, hace un frío que nos deja ateridos o suelta su insolación casi quemante. La paremiología popular lo ha registrado con la conseja de febrero loco y marzo otro poco, así que sólo es novedad para los bobos, los ignorantes o los que fingen demencia. She is windy, le dice Nick a Bill en "Three day blow", de Ernest Hemingway. Nihil novum sub sole o, como escribieron Louis Powels y Jacques Bergier en el "Retorno de los Brujos" (Le matin des magiciens), no hay nada nuevo, salvo lo que se ha olvidado.

Si tan sólo leyeran la biografía de Nezahualcóyotl y vieran con qué apresuramiento lo buscó el emperador mexica para arreglar la bronca de las inundaciones del siglo XV, se darían cuenta de que si estos meteoros nos pillan descuidados o en la Babia, no es porque sea una lluvia "atípica", sino porque no tenemos vergüenza de querer andar en misa y en la procesión al mismo tiempo o chiflando y comiendo pinole.

Nada más reparemos en el espectáculo de que el subordinado del secretario de la Semarnat es el que sale a dar la cara y su jefe directo ni siquiera es invitado al show business. La Conagua depende directamente de esa secretaría, pero parece al revés, pues el director de la Conagua es quien acompaña al Presidente para su foto con los damnificados, mientras que el secretario de la Semarnat se solaza haciendo ridículos internacionales y empinando cada vez más a Calderón. Son culpables de omisión los cuatro: los gobernadores, el Ejecutivo federal y el de la capital nacional, y lo único que atinan a hacer es pelotearse una vez más con sus infantilismos de "yo no fui, fue Teté".

Fue el ser humano quien se ubicó donde iba el agua y no al revés, tontamente y con la tolerancia chata de sus autoridades, y hoy estalla el dolor y la nobleza de ese pueblo sin liderazgos que sufre o padece la insensibilidad que devino en tardanza para que le lleguen los apoyos y consuelo que necesita ante la pérdida de sus viviendas y enseres o tal vez de sus seres queridos. No le basta con que ahora salgan algunos con que ya se le había advertido a tal gobernante o instancia a tiempo y no hizo caso de que venían el aguacero, el viento y el frío; esos son chicoleos burocráticos vergonzosos ante la magnitud de la tragedia. Alertaron en La Era de la Estupidez: http://www.youtube.com/watch?v=uIM85lRiBDk

No funcionó el sistema de protección civil o la prevención de desastres, de hecho el único que tenía algo así como un seguro para amortiguar el ramalazo fue el GDF. ¿Alguien había oído hablar del cambio climático, alguno dijo algo al respecto en los días anteriores, creía en lo que decía y tomaron las providencias al respecto, se oyó alguna vocecita mexicana en Copenhague o Davós? Qué desfachatez nada más andar manoseando verbalmente el asunto pero no hacer nada efectivo en realidad. Candil de la calle y oscuridad de su casa. Estamos aviados, diría la más anciana de su casa.

¿Alguien oyó hablar de los principios de prevención y precaución en materia ambiental? Hoy tenemos que contar muertos, heridos, desaparecidos e inmensas pérdidas materiales, los cien años de soledad de una estirpe. ¡Qué gobiernos! Si lo son.

rojedamestre@yahoo.com
 
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