Opinión / Columna
 
Ecos Lejanos 
Gabriela Mora Guillén 
Hoy que tengo 48...
El Sol de México
31 de enero de 2010

  La verdad es que estoy consciente de las críticas y comentarios que provocará el simple título de este escrito, principalmente entre las féminas allegadas que, al confesar mi edad, puedo comprometer y afectar emocionalmente, al delatar sus años de vida; no obstante, y dado que mi experiencia y aprendizaje cotidianos -principalmente en los últimos años- han sido realmente trascendentes, asumo las consecuencias y sigo adelante.

He de confesar que a consecuencia de los mimos y consentimiento de que en la infancia fui objeto -principalmente por parte de la familia paterna, al haber sido la primogénita de la descendencia en esta generación-, desde muy temprana edad soy fiel seguidora de las hoy águilas -entonces canarios- del América: tampoco esta declaración provoca el menor dejo de vergüenza, puesto que mi afición nace del corazón. ¿Y cómo no? Si en los años setenta mis "pintas escolares" eran solapadas por el mayor de los Mora, Fernando, quien convencía a mis estrictos progenitores de condonar un día de escuela para acompañarlo al entrenamiento del América a observar a mis ídolos: Borja, Reynoso, "Pata Bendita", Borbolla, Ceballos, "el Pajarito Cortés"... En fin, sirva esto para demostrar que sí los conocía, y adicionalmente, los domingos el mismo sonsacador -Jefe de Deportes de La Prensa durante varias décadas- igualmente me recogía en el seno familiar para emprender camino rumbo al Azteca a observar el partido entre los comentaristas de la época: Ángel Fernández, Don Agustín G. Escopeta, Juan Dosal, etcétera.

Luego de este pequeño preámbulo, además de la tristeza con la que quienes aquí vivimos observamos, tratamos de entender y asimilar la situación que nuestra ciudad padece sin encontrar explicación y/ó justificación alguna, hemos de comprender que llego a los 48 abatida, deprimida y altamente preocupada, pensando en el futuro de mi hijos, sobrinos, familiares y allegados.

Independientemente de los motivos que hayan provocado la agresión a uno de mis ídolos futbolísticos del momento -Salvador Cabañas-, lo cierto es que la capital de la República se encuentra en uno de los momentos más álgidos de la historia. Retomando un poco la historia de mi vida, recuerdo mis años como bachiller, cuando acompañada por un grupo de jóvenes estudiantes -todas mujeres de entre 13 y 15 años, puesto que asistíamos a escuela de monjas en donde resultaba imposible la convivencia entre hombres y mujeres-, solíamos caminar desde la colonia Nápoles hasta la Vértiz Narvarte, en donde culminábamos el trayecto divertidas, ejercitadas y con la certeza y la tranquilidad de que llegaríamos con bien...

Ya en la preparatoria varias de nosotras contábamos con automóvil, lo que nos permitía trasladarnos solas por las calles; y en la universidad, además de que el trayecto era largo -de la Narvarte hasta Insurgentes Sur, casi la salida a la carretera de Cuernavaca-, el horario escolar era vespertino y nocturno, por lo que solía regresar a la casa al filo de las once de la noche -en fin de semana aún a más altas horas de la noche-, igualmente con la tranquilidad personal y familiar de que llegaría con bien.

Esta misma ciudad en algo más de veinte años se ha convertido en nido de la peor corruptela, de los mayores horrores y de máxima inseguridad: hoy no sólo pensamos en salir de nuestro hogar consientes de los innumerables riesgos que corremos; lo peor es otorgar los permisos de salida a nuestros niños y jóvenes bajo las más estrictas normas y condiciones preestablecidas, pero además, a sabiendas de que pese a la información y constante comunicación que los teléfonos celulares nos otorgan, los riesgos continúan siendo altísimos y su seguridad -nuestra seguridad- se percibe francamente vulnerable.

De los agresores de Cabañas aún sabemos muy poco, máxime con las acostumbradas dudas que las investigaciones de las autoridades suelen arrojar -resulta que el Paco original no es el que se pensaba, porque ese ya está preso, y que el JJ puede ubicarse en varios nombres pero es la misma persona...-; de las canonjías y prebendas otorgadas a los antros, nada nuevo; y de la irresponsabilidad, ineficacia e ineficiencia de la justicia ni qué decir.

Hoy, a mis 48 años recién cumplidos, me concreto a pedir y velar por la salud, lo cual nos permitirá seguir trabajando con fuerza y perseverancia en busca del bienestar familiar: sin excesos, pero con tranquilidad hasta donde los múltiples acechos de la vida lo permitan. Vivo plenamente, Dios está conmigo e intento ser y dar felicidad.

Por lo demás, "Si no pueden, renuncien..."

gamogui@hotmail.com
 
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