Opinión / Columna
 
Ecos Lejanos 
Gabriela Mora Guillén 
Pa'rriba
El Sol de México
10 de enero de 2010

  Inevitablemente, y como lo veíamos venir desde los últimos meses del 2009, la escalada inflacionaria ha comenzado y nomás no se ve la forma en que habrá de pararse.

Ahora que conocemos el índice inflacionario emitido por el Banco de México respecto al 2009, sabemos que los precios se incrementaron apenas en un 3.57 por ciento, la tasa más baja desde el 2005 cuando la cifra alcanzó un 3.33 por ciento, y pese a que en el 2008 el porcentaje inflacionario fue del 6.53 por ciento.

Evidentemente, durante el año pasado la administración mantuvo una represión de precios que no podía prevalecer por mucho tiempo; hoy vemos derrumbarse el "Acuerdo Nacional a favor de la Economía y el Empleo", herramienta que permitió congelar los precios de combustibles, básicamente, además de promover la baja artificial en la tortilla, por ejemplo. No obstante, la represión gubernamental no podía durar mucho tiempo y, pese a la aseveración presidencial respecto a que lo peor de la crisis ha pasado y este año será el de la recuperación, en estos comienzos del 2010 nuestros bolsillos empiezan a resentir el brusco ajuste de precios que irremediablemente acarreará mayores tasas de inflación.

Como factor adicional en estos melancólicos días, el frío invernal ha hecho de las suyas en la mayoría de los países del planeta, lo cual ha repercutido en el aumento a los precios del petróleo, minerales y alimentos a nivel mundial. Pese a los esfuerzos y dichos gubernamentales, México no puede quedar aislado de estas presiones del exterior.

Lo cierto es que, si analizamos detenidamente nuestra situación económica particular desde comienzos del 2009, las circunstancias vividas a lo largo del año pasado y las perspectivas para este, muchos de nosotros comenzamos a dudar que la cifra aportada por el Banco de México respecto al índice inflacionario pueda ser de verdad: consultando el tema en brindis, reuniones y cenas familiares durante todo diciembre y estos primeros días de enero, prácticamente todos concluimos en el impacto de precios suscitado desde unos meses atrás.

Lamentablemente la situación se agrava, lo cual repercutirá mayormente en los que menos tienen, aquellos que dependen del salario mínimo o de chambitas que apenas les dan para subsistir serán quienes mayormente resientan la situación; sin embargo, sabemos que -conforme a los ciclos que México ha acostumbrado vivir- próximamente habrá más pobres, menos clase media y de los ricos mejor ni hablar.

Ante los hechos y en un intento de "sacar raja" a la situación, como todo político, Carlos Navarrete de inmediato buscó los reflectores al demandar al presidente Calderón la congelación del precio de las gasolinas "o de lo contrario lo hará por decreto el Congreso", expresó, solicitando la ayuda del PRI y del PVEM para hacer mayoría. Aunque no ha recibido respuesta, el perredista logró su objetivo de lanzarse como héroe nacional al que sus allegados aplaudan; veremos qué se logra.

Desafortunadamente, y como en nuestro país suele suceder, el tema de las alzas de precios se ha politizado y los argumentos de este debate carecen de razonamiento económico y están caracterizados por un componente eminentemente político-electoral. El problema es que procesos legislativos como la negociación de las reformas estructurales pendientes se ven entorpecidos, justo cuando lo que el país requiere son acuerdos, consensos y compromisos que nos hagan crecer.

Todo parece indicar que nuestros políticos siguen viendo por sus intereses particulares sobre los intereses de la nación. Sin afán de ser pesimista, y pese a los dichos del Ejecutivo, en materia económica mal presagio para México, tan festejado en este 2010.

gamogui@hotmail.com
 
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