La Paz
El año nuevo, una celebración con raíces prehispánicas
Las culturas prehispánicas más importantes ya tenían sus propios sistemas para medir el tiempo, teniendo como base al sol. Foto: El Sudcaliforniano
El Sudcaliforniano
30 de diciembre de 2009

Carlos Ibarra M.

El universo conocido por el hombre, está plagado por ciclos que se empapan de largos principios y súbitos finales. El inicio de la vida es la oportunidad de expandirte por el juego efímero del universo y cruzar el vasto mar del tiempo, la cual es utilizada por la humanidad para tantear la duración de distintos ciclos: horas, días, meses y años.

Después de un periodo de 12 meses, distintas culturas se dan a la tarea de celebrar el término de éste, entre la algarabía por el inicio del otro. Pareciese que la muerte fuese vencida una vez más y por tal motivo el rito debe ser consumado como un logro osado de quienes consiguen presenciar la asunción del año nuevo, un año que depara vida, que nos hace creer en el nuevo amanecer y en una oportunidad más para rectificar lo que no fue.

Se debe tener en cuenta que, la forma en que medimos nuestro tiempo, ha variado en la época moderna. Actualmente nos regimos por el calendario gregoriano; impuesto en 1582 por el papa Gregorio XIII y con base en este, se festeja el primero de enero. Anteriormente, el mundo se regía por el calendario romano pero en el 47 antes de nuestra era, Julio César, creó el calendario juliano y que fue antecesor del actual. Los calendarios, se basan en el movimiento de la misma naturaleza, es una forma de conectarnos con el vibrante cosmos.

En información divulgada vía internet, se expone que el calendario mexica, celebra cada año que empieza a una hora diferente. Los años Tochtli o Conejo principian al amanecer, los Tecpatl o Pedernal, comienzan al atardecer, los años Calli o casa inician a la media noche y los años Acatl o Carrizo arrancan al medio día. Este sistema de diferentes inicios de año permitía dar mayor exactitud al calendario mexica pues se evitaban lo que nosotros llamamos año bisiesto.

La Comisión Nacional para el Desarrollo de los Pueblos Indígenas (CDI), en su sitio de internet, explica que los calendarios más exactos creados por el hombre antiguo son atribuidos a los mayas, zapotecas y aztecas. Afirma que gracias a las observaciones registradas por estas culturas mesoamericanas, fue posible realizar ajustes de tiempo para compensar las fracciones de horas y segundos por día, surgidos por los grados de variación en la velocidad de la rotación e inclinación de la tierra.

Así mismo, entre mayas y mexicas, glosa la CDI, existían varios calendarios complementarios. Uno de ellos era el calendario del año solar de 360 días, el Cempoallapoualli, o sea la cuenta de los meses, dividido en 18 meses de veinte días cada uno más cinco días "perdidos" al final. Otro, el calendario ritual de 260 días, o la cuenta de los días compuesto por 20 trecenarios conocido como el Tonalpohualli, entre los mexicanos, y el Tzolkin, entre los mayas, utilizado básicamente con fines adivinatorios, siendo la parte del almanaque agrícola muy importante.

CELEBRACIÓN DE AÑO NUEVO POR INDÍGENAS EN MÉXICO

Este suceso representa parte importante para los distintos grupos que habitan nuestro territorio. Esta trae consigo un cambio de poderes, de varas o de bastón de mando; aseguró el comunicado de la CDI. Además, los huicholes de Jalisco y Nayarit hacen numerosos rituales, que se prolongan por seis días esto, para conmemorar la renovación de poderes. Entre los tzotziles y tzeltales de Chiapas, se hace "El cambio de bastón" de las autoridades civiles y religiosas del pueblo.

Del mismo modo, los zapotecas del Istmo, celebran sus velas, calendas y tiradas de frutas en los diferentes pueblos que conforman esta región. Al finalizar el año se dan dos manifestaciones peculiares: el regalo de los Tanguyu y la elaboración de El viejo.

"La primera consiste en regalar a los niños y niñas zapotecos muñecos de barro, caballos con jinetes para ellos, muñecas con faldas de campana con bebés en los brazos y canastas de frutas sobre la cabeza, ollas, molcajetes y platos diminutos para ellas. La segunda consiste en la elaboración de El Viejo por los niños, usando ropas viejas y los huaraches más viejos que han sido usados durante todo el año, por cabeza se le coloca un coco, se le rellena de elotes y cohetes, se le pone un sombrero y un cigarro. Dos o tres días antes del Año Nuevo es puesto al frente de la casa con un recipiente para recabar su limosna, que es empleada para comprar más cohetes y golosinas. Al llegar el último día de diciembre, a las 11 ó 12 de la noche, se inicia la quema de El Viejo, con lo que se termina el año y se inicia otro", indicó el documento.

En un comunicado del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) sobre el año nuevo en los pueblos prehispánicos, la doctora Yólotl González Torres, dijo que en el mundo mesoamericano, las celebraciones de año nuevo se regían por un calendario conformado por 18 meses de 20 días, más cinco sobrantes (mes corto) que iniciaba el año en fechas distintas, de acuerdo con cada cultura. Entre los mexicas, explicó, el calendario daba inicio en febrero, lo cual no tiene relación alguna con un acontecimiento astral de importancia, pues de "acuerdo con el calendario mesoamericano, el mes de 20 días que precedía a los Nemontemi (mes corto o cinco días aciagos) marcaba el fin de año".

GRUPOS ORIGINARIOS DE SUDAMÉRICA

En el portal educarchile.cl se dice que, en Chile, las etnias kolla, que habitan en la precordillera de la región de Antofagasta, celebran el solsticio de invierno en una ceremonia llamada Huata Mosoj, la que se realiza al amanecer y está dirigida por un Yatire, encargado espiritual del pueblo kolla. Este fenómeno es el punto en que el Sol se aleja más de la Tierra, siendo el día más corto del año y la noche más larga. De allí el Sol, Chau anti y el Tata Inti, inicia su acercamiento hacia el planeta. Este fenómeno natural marca la finalización del período de cosechas y ocurre en el mes de junio del calendario gregoriano.

En la misma información, se explica que los pueblos quechuas, aymaras, rapanui y mapuches, que también tienen una economía agraria, celebran el año nuevo indicado por el solsticio de invierno, como una época de purificación y renovación.

La comunidad de los aymara, se congregan en una especie de montaña sagrada denominada mallkus, el cual apunta hacia el este. Bajo el mando de un yatiri quien es su guía espiritual, en este lugar esperan la llegada del nuevo sol y realizan, mientras tanto, el sacrificio de un animal y en el cual observan su corazón e hígado y con el latir moribundo de estos órganos, predicen lo que les depara en el año nuevo.

En el sitio Bolivia.com el etnólogo Angel Yujra explicó que: "En los meses de mayo y junio termina la fase de cosecha o choquellamallu. El 3 de mayo se hace un agradecimiento al Pusi Wara o Cruz del Sur, que rige el calendario andino".

Como en la mayoría de las civilizaciones precolombinas, los ritos del nuevo año, giraban en torno a la armonía con las fuerzas ecológicas y cósmicas. Algunas de estos actos siguen palpitando en nuestras venas, en nuestro territorio y a pesar que el manto de la modernidad cubra los vestigios de los que habitaban y sus descendientes. Hay una especie de ligadura que nos obliga a seguir celebrando un nuevo ciclo, un nuevo instante y por tal motivo seguimos creyendo que el nuevo sol aparcera en la lejanía y su luz nos seguirá calentando, por lo menos un año más.