Opinión / Columna
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Numerados
Camilo Kawage
Unificar a contrasentido
El Sol de México
22 de noviembre de 2009
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1.- Días en que se desahoga la irritación, se da rienda suelta a expresiones de fastidio y frustración por el insensato manejo que Gobierno y Legislativo dieron a la cuestión fiscal para el año próximo, y que no sólo no dejó contento a nadie, sino que dio lugar a un fútil enfrentamiento del Ejecutivo con los empresarios de todos tamaños; que fecundó la indignación de prácticamente todos los ciudadanos ante una política económica insensible, torpe y atropelladamente promovida hacia la opinión pública, son también días de una cuidadosa reflexión sobre la conducción del eje del Estado en una sociedad que se percibe agraviada y usada hasta la humillación, y que expresa su justo hartazgo y hondo desencanto.
2.- Da la impresión de que nuestra clase política ha decidido imponernos un curso a golpes de democracia incluyente y aglutinadora, en la que sin ningún pudor se cohesiona a la población en la unidad hasta contra sí misma, sólo que en sentido contrario al fin último del Estado, a saber, la satisfacción de las necesidades materiales, morales, incluso anímicas de la mayoría, mediante la imposición de restricciones y cargas mínimas. Aquí parece que se nos quiere probar al castigo, como en laboratorio, a ver hasta dónde aguantamos el experimento de la novatez, la falta de oficio y la franca ineptitud de los gobernantes.
3.- El enfoque populista equivocado del Gobierno al insistir y machacar sus apuros fiscales por brindar asistencia "a los que menos tienen", en lugar de justificar la urgencia que nos apremia de crecer y emparejarnos en la ruta de prosperidad y progreso que ansiamos, y canalizar en ese sentido los fondos públicos a través de infraestructura, inversión productiva y allanamiento de trabas que impiden el logro de esos ideales, ha postergado una vez más la oportunidad de avanzar en busca del tiempo perdido, del reloj que se nos detuvo hace tantos años.
4.- La testarudez en mantener e impulsar derroteros que en otros países, en otros tiempos han probado su ineficacia, a altísimos costos en dinero y bajísimos dividendos reales, viene a resultar aquí la directriz de la ignorancia en la conducción de las políticas sociales, y las cifras no mienten. Hoy México tiene más pobres que hace nueve años; se ha creado menos riqueza, generado menos fuentes de prosperidad y procurado menores alicientes para producirlas. En la línea de los actuales diseñadores de la política, los planes de subsidio a la pobreza en los que se gastan dineros que no nos cabe en la cabeza concebir, en lugar de ser recursos laterales de contingencia, se vuelven lema y estandarte esencial de un -ya casi dos- sexenio.
5.- El error -y no hace falta que lo reiteren todos los premios Nobel de Economía que han tocado el tema- radica en que pronto el Estado asistencialista no tendrá causantes que sufraguen su modelo; el petróleo en vías de extinción, la imaginación y la creatividad no disponibles, y una visión de largo alcance inexistente, se apuran a minar el futuro de este país, y daría la impresión de que ese es el objetivo de los actuales gobernantes. Están por destruir hasta la ilusión individual de cada mexicano por mejorar su suerte, el orgullo de la pertenencia y el afán de reconocernos a nosotros mismos, a cambio de un plato de propaganda.
6.- El Gobierno cumplirá su fin cuando de verdad se destine inversión a la educación, ciencia y tecnología; cuando la tierra nos vuelva a dar de comer; cuando el abasto de agua, luz y caminos sea suficiente. No logrará la meta mientras castigue la iniciativa generadora de progreso, exaccione a los que intentan crear riqueza, ni en tanto crea que el ideal mayor de los mexicanos es permanecer en el cuadril de la miseria, que cancela toda aspiración de prosperidad. A este paso, no alcanzarán los índices de cortedad, desesperanza y falta de ambición que nos agobian, ni las estadísticas inéditas de insignificancia a que nos quieren arrastrar. Ese tampoco es México.
camilo@kawage.com
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