Metrópoli
Aún persisten los dorados de la División del Norte
El Sol de México
20 de noviembre de 2009


Gerardo Campos

Ecatepec, México.- El brillo de los dorados de la División del Norte aún no se extingue y Ecatepec guarda a uno de sus destellos, a sus 111 años de edad, Guillermo Flores Reyes mantiene firme el respeto, honor y lealtad para aquél a quien sirvió y por quien hubiera dado la vida: Pancho Villa.

Era 1898, mismo año en que moría el escritor inglés Lewis Carroll, autor de "Alicia en el País de las Maravillas", y nacía el poeta y dramaturgo español Federico García Lorca, cuando en Manalisco, Jalisco, Andrés Flores acompañaba a su esposa, María Secundina Reyes, mientras daba a luz al sexto de sus hijos, Guillermo, quien ahora es el sobreviviente villista más longevo del que haya registro en el país, y desde hace más de 20 años es habitante de la colonia Sagitario III.

Desde pequeño trabajó en el campo al lado de su padre, pero su espíritu aventurero lo llevó a Torreón, Coahuila, a los 13 años de edad, donde una tarde escuchó algo que parecía una verbena, "por los cohetes", por lo que quiso acercarse, pero al irse aproximando notó que no era fiesta, sino una batalla. Se tiró al suelo y fue ahí donde su vida cambió para siempre.

"Me asomé a ver de qué se trataba, pero uno de los que estaban ahí me vio y me dijo: '¿Qué haces cab...?, ¿estás espiando?, vamos con el jefe y si dices mentiras aquí te vas a quedar".

"Me llevó ante mi general Villa y yo le dije que no andaba haciendo nada de eso. Él clavó sus ojos en los míos y le dijo a uno de los de ahí, a Rodolfo Fierro, 'a este de los ojitos de gato échenlo para allá, nos va a servir mucho, va a ser uno de los buenos. Desde ese momento no me separé de él, hasta que lo mataron", recuerda.

Primero fue mozo de cocina y recadero, pero después comenzó a saber lo que era poner a trabajar sus "juguetitos", como llamaba a las armas.

"Si esta cosa hablara, ¡uy!, es como escuchar la voz del propio Diablo", dice al recordar con lucidez los momentos de batallas como la de Columbus, en Nuevo México, y la famosa toma de Zacatecas.

"Mi general Villa daba órdenes una sola vez, después se montaba en su caballo y nos pedía que lo siguiéramos. En muchas ocasiones, durante la lucha tuve que matar, eso me llenaba, así satisfacía mi vida y mi carácter orgulloso, me sentía muy chicho", expresa.

De aquellos años, sólo quedan fotografías y algunos documentos originales históricos que Guillermo atesora en su vivienda, una accesoria que renta en 800 pesos mensuales, los cuales paga con su pensión de 4 mil 500 pesos al mes; ahí vive solo y mantiene firme su orgullo guerrillero.