Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
Un viaje medio vacío (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
19 de noviembre de 2009

  La mayoría de los observadores estiman que la visita de Obama a China no produjo ningún resultado concreto. A partir de esa constatación, unos estiman que fue un fracaso y otros, que el vaso está medio lleno.

Estos últimos afirman que el viaje no se proponía ninguna medida concreta y que no se le puede reprochar lo que nunca prometió. Que la visita permitió, en cambio, que los dos primeros mandatarios se conocieran mejor, y que la población china comenzara a conocer a quien será el principal interlocutor de su propio gobierno. Lo cual confirmaron, según las agencias de prensa, opiniones favorables expresadas en los medios chinos sobre el desempeño de Obama. O más bien sobre su personalidad.

El encanto de Obama, hacia quien las agencias dicen que el público chino fue receptivo, y al que en todo caso sucumbió su auditorio de estudiantes, cuenta pero no basta. Tuvo sin embargo un aspecto particular que puede redituarle mucho a su país en el futuro, aunque puede haber incomodado a sus anfitriones: se vio mucho más joven, simpático y lleno de vida, en otras palabras mucho más "buena onda", que ellos. Nadie lo duda.

Es un buen resultado, pero claramente insuficiente para quienes los resultados sólo pueden ser medidas concretas contantes y sonantes. Para ellos, no se obtuvo prácticamente nada. Apenas la creación de un centro de investigación.

Nada sobre las tensiones comerciales. Nada sobre las acusaciones estadunidenses de dumping, pero tampoco sobre los reproches chinos de proteccionismo. Sólo las rituales reiteraciones antiproteccionistas.

Nada sobre los reproches también cruzados de subvaluación del yuan; pero, nada sobre el deterioro más o menos deliberado del valor del dólar. Declaraciones finales sin excesiva amistad, que contrastaron con la atmósfera del viaje.

Nada tampoco sobre los asuntos que, en principio, interesan particularmente a Estados Unidos: Irán y Corea del Norte. Todo indica que Obama y sus aliados no obtendrán un voto chino favorable a sanciones enérgicas contra Irán en el Consejo de Seguridad. Con Corea del Norte más de lo mismo, y seguirá siendo así, hasta que Obama acepte sostener un diálogo bilateral con Kim Jong Il antes o paralelamente a las negociaciones multilaterales.

Y, lo que decepciona a mucha más gente, nada concreto sobre el cambio climático, cuando que, sin el acuerdo de estos dos, la cumbre de Copenhague sobre el problema no producirá ningún resultado realmente significativo.

A esto hay que añadir algunas declaraciones habilidosas de Obama sobre derechos humanos.

Entonces, queda otra cosa, algo que no pasó, o al menos, que no pasó totalmente. Afortunadamente.

La política exterior de Obama, su desinterés relativo por Europa y América Latina, su premura, bienvenida, de resolver los problemas que le plantean las guerras de Bush, Rusia, Israel, Irán, y hasta Cuba, poco a poco deja entrever la voluntad de entenderse y construir el futuro con China.

Evitar un auténtico G2. Aunque es verdad que éste parece sumamente problemático. Estados Unidos le debe 800 mil millones de dólares a China y, sin el mercado estadunidense y su tecnología, la economía china se desploma. Los dos están casados, pero eso no quiere decir, ni mucho menos, que estén unidos, o que se quieran. O que estén dispuestos a vivir juntos.

El fin de unipolaridad no debe ser otra unipolaridad pero con dos cabezas como las águilas imperiales heráldicas. Los dos mastodontes deben evitar absolutamente llegar a una rivalidad armada. Pero el mundo entero debe absolutamente evitar que se entiendan para dominar la economía mundial.

Por un error inexcusable me referí en mi crónica anterior a la ASEAN, en vez del APEC, donde están representados México y Estados Unidos.

mehcbv@email.com
 
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