Opinión / Columna
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Horizonte económico
Tenemos presupuesto para un Estado que no cambia
El Sol de México
18 de noviembre de 2009
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Juan Pablo Arroyo Ortiz
* 30 años de mucho gasto y pocos resultados
La Ley de Ingresos para el 2010 dejó al final el esquema de recaudación tal como ha estado a lo largo de la historia reciente. Tenemos una captación de ingresos fiscales de muy baja capacidad de recaudación y es de las más ineficientes del mundo, con inequidad en el pago de impuestos, soportada fundamentalmente en los ingresos que genera la venta del petróleo crudo. Una de las razones es que no se pueden alterar las reglas con las que se han sostenido las ganancias de los empresarios, a un nivel tal, que cada vez se concentra más la riqueza en este país. En la suma de los ingresos de toda la nación los provenientes del salario son cada vez menos, pero a la vez es cada vez más la gente entre la que se tienen que repartir la denominada masa salarial.
Se dejaron intactos los mecanismos a través de los cuales no todos los mexicanos pagamos en igualdad de condiciones. La discusión evidenció que los empresarios que más ganan en este país son los que más facilidades tienen para no pagar, eludir o para posponer el pago de los impuestos.
Ahora la discusión del presupuesto, igual como ocurrió con la parte de los impuestos, ha dejado una muestra de la falta de un proyecto alternativo que entendamos los mexicanos como nuestra salida hacia la recuperación. Ante la limitación de recursos por no tener una economía en crecimiento y la falta de recursos intelectuales en los puestos de mando político, no se puede pensar en una vía de solución a los graves problemas del desempleo, de la pobreza, del atraso tecnológico, del mal funcionamiento de un mercado interno. Debiéramos tener un objetivo simple en la economía, que tenga como fin hacer de cada familia mexicana, el núcleo social que exprese que este país está en desarrollo.
En lugar de hacer más familias de clase media, de promover en cada una de ellas que los hijos vivirán mejor que los padres, actualmente se observa el proceso contrario, cada vez es más difícil que los hijos sean mujeres y hombres con mejores condiciones de vida que sus progenitores.
Se tiene un presupuesto construido a empellones y jaloneos. Se proyecta un gasto para un Gobierno que no quiere ser promotor del crecimiento, un Gobierno que tiene como proyecto seguir con el gasto creciente producto de la venta del petróleo. Un Gobierno que soporta la inversión en capital extranjero. Un Gobierno que expresa claramente cómo ve la economía, en las palabras de su secretario de Hacienda, Agustín Carstens y del presidente de la Bolsa Mexicana de Valores, Luis Téllez K, el país está muy bien, con una macroeconomía fuerte y con perspectivas de crecimiento. ¿De quién?
Cuando en las elecciones pasadas el partido en el Gobierno sufrió una derrota, fue porque la población reprobó el proyecto que se conduce, un proyecto fallido con alto nivel de desempleo, o de subempleo informal creciente. Un modelo en el que no hay disponibilidad de crédito accesible para construir empresas. Un proyecto que ha hecho crecer la subordinación y dependencia tecnológica y de capital de una sola nación y un pequeño grupo de bancos globales muy grandes. El voto popular que le dio el triunfo al Partido Revolucionario Institucional (PRI) reclamaba cambios, el Presupuesto aprobado es para seguir sin cambios. Porque nunca se ha discutido qué papel debe jugar el Estado, a ese que le estamos dando un Presupuesto de más de tres billones de pesos. El presupuesto deja abierto un conflicto resultante del fracaso del Estado mínimo con un gobierno gestor de las "políticas públicas" de seguridad, salud y educación. Políticas que al no dar resultados, finalmente están en el centro de la crisis. Eso no ha sido cuestionado por los legisladores. El voto era para castigar al gobierno de Acción Nacional, no para aliarse con él para tener más de lo mismo.
Sobre la seguridad de los ciudadanos, cualquiera de nosotros sabe que el combate al crimen organizado ha concentrado y aplicado muchos recursos, ha generado muchas muertes, pero no ha resuelto las más elementales condiciones de tranquilidad en la vida nacional. Cada vez, los ciudadanos, nos sentimos más inseguros.
La salud pública se atiende con tres grandes sistemas públicos, el IMSS, el ISSSTE y las secretarías de Salud, se dice, además, que existe el interés de un sistema de salud universal. En los tres niveles de Gobierno, la desorganización, el gasto ineficiente y la falta de infraestructura, hace que el discurso quede hueco sin respuesta seria, mientras tanto, la iniciativa privada con sus complejos hospitalarios, esa que paga muy poquitos impuestos, hace su agosto.
Sobre la educación, se hace cada vez más evidente que el sistema es un fracaso. Con los resultados de la educación se tiene hoy una de las mayores debilidades para las condiciones de competitividad, necesarias primero para crecer y después para atraer capitales. En todos los niveles se está engañando a los jóvenes, no sólo por la deficiente educación impartida, sino que se les prepara para una sociedad que no les ofrece alternativa de empleo y de vida.
El Estado que apostó a que el mercado sería el responsable del crecimiento, de una economía en equilibrio y de una distribución justa del ingreso, ha fracasado. Pero cuidado, no hay que regresar al Estado autoritario, que es lo que finalmente existe ahora. Habrá que construir un Estado eficaz, en el marco de la globalización, pero con respeto a los intereses de la población nacional y que haga posible el desarrollo humano integral.
jparroyo@unam.mx
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