Opinión / Columna
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Corresponsal en Italia (Vaticano)
Jorge Sandoval
Imposible aceptar el derroche ante el drama del hambre: Papa
Organización Editorial Mexicana
17 de noviembre de 2009
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Roma, Italia.- No es posible seguir aceptando la opulencia y el derroche cuando el drama del hambre, que es el signo más cruel y concreto de la pobreza, asume dimensiones cada vez mayores. Es la denuncia pronunciada con firmeza por Benedicto XVI en la primera jornada de la Cumbre Mundial sobre la Seguridad Alimentaria, que se lleva a cabo en la sede de la FAO en Roma.
Una cumbre cuyo fracaso ya había sido anunciado a causa de la ausencia de los "grandes" de la tierra que desertaron esta ulterior reunión para afrontar el flagelo que azota a 1020 millones de seres humanos.
La denuncia del jefe de la Iglesia católica, resonó, por lo tanto, con mayor fuerza ante los delegados de 192 países y de unos 60 jefes de Estado y de Gobierno.
Tras subrayar como causas del dramático crecimiento del numero de hambrientos el aumento de los precios de los productos alimentarios, la disminución de la disponibilidad económica de las poblaciones más pobres y el limitado acceso al mercado y a los alimentos, el Papa destacó que la tierra puede suficientemente nutrir a todos sus habitantes. Y por lo tanto, no se puede apuntar el índice contra el crecimiento demográfico del planeta.
"El hambre -preciso- no depende tanto de la escasez material sino de la escasez de recursos sociales, la más importante de las cuales es de tipo institucional".
Es decir -explicó el Pontífice-, "hacen falta instituciones económicas en condiciones de garantizar un acceso a los alimentos y al agua, y de afrontar las necesidades relacionadas con las necesidades primarias y con las emergencias". Y agregó: "El problema de la inseguridad alimentaria debe ser afrontado en una perspectiva de largo plazo, eliminando las causas estructurales que lo provocan y promoviendo el desarrollo agrícola de los países más pobres".
Asimismo, Benedicto XVI subrayó la necesidad de contrastar también "ciertas formas de subvenciones que perturban gravemente el sector agrícola, así como la persistencia de modelos alimentarios orientados solamente al consumo y sin una perspectiva de más amplio respiro, y sobre todo el egoísmo que permite a la especulación entrar inclusive en los mercados de cereales, por lo cual el alimento viene considerado como cualquier otra mercancía".
Y si bien cada país "es libre de definir su propio modelo económico, debe asumir al mismo tiempo la responsabilidad que hasta la fecha ha faltado". Una responsabilidad que logre reducir el nivel de "desigualdad entre las naciones que determina, en muchas áreas del planeta, condiciones de precariedad, acentuando la contraposición entre pobreza y riqueza".
Para Benedicto XVI existe, por lo tanto, el riesgo de que "el hambre sea considerada como estructural, como parte integrante de las realidades sociopolíticas de los países más débiles, objeto de una especie de resignado desconsuelo o inclusive de la indiferencia".
Debe evitarse también el riesgo de que "el mundo rural pueda ser considerado, de manera miope, como una realidad secundaria". Al contrario, se debe favorecer el acceso a los mercados internacionales de los productos provenientes de las áreas más pobres, y para lograr esto, el Pontífice dijo que es necesario "substraer las reglas del comercio internacional a la exclusiva lógica de la ganancia".
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