Opinión / Columna
 
Historias Extraordinarias 
Edmundo Domínguez Aragonés 
Gonzalo Guerrero, el renegado, el padre del mestizaje
El Sol de México
15 de noviembre de 2009

  Para Jerónimo de Aguilar, el hombre que combatió a sus compatriotas, que renegó de su patria, de su cultura, de su sangre, que abjuró de su fe y negó a Cristo, Gonzalo Guerrero era "un ser extraño, raro e inquietante".

En sus relatos, Aguilar, clérigo de Ecija, "hombre de pequeñas letras más que de acción", relata cómo se las arregló para sobrevivir tras haber sido capturados por los indios mayas, los veinte sobrevivientes del naufragio: escapó de la prisión en la que esperaba "seguir el destino de sus compañeros" y acabó en manos de otro jefe indio como esclavo.

Juan de Torquemada, en Monarquía Indiana, hace relato de las aventuras del clérigo náufrago en cautiverio: "Aguilar comenzó ganándose la buena voluntad del cacique, su señor, y debido a que éste era sabio y deseaban ocuparle en cosas mayores, viendo que vivía tan castamente, que aun los ojos no alzaba para mirar a las mujeres, procuró tentarle muchas veces, y en especial le envió de noche a pescar a la mar, dándole por compañera una india muy hermosa, de edad de catorce o quince años, la cual había sido instruida por el cacique para que provocase a Aguilar.

"Le dio hamaca en que ambos durmiesen llegados a la costa, esperando tiempo para ir a pescar, que había de ser antes de que amaneciese. Colgando la hamaca de dos árboles, la india se echó en ella y llamó a Aguilar para que durmiesen juntos.

"Él fue tan templado que, haciendo lumbre cerca del agua, durmió sobre la arena. La india unas veces le llamaba, otras le decía que no era hombre porque quería estar más al frío que abrigado allí con ella. Aunque estuvo vacilando varias veces, al final se decidió a vencerse y cumplir lo que a Dios tenía prometido, que era de no llegar a mujer infiel, para que lo librase del cautiverio en que estaba.

"Aguilar atendió más a su voto que a los ruegos y persuasiones de la india desvergonzada, advirtiendo que el que así es engañado y vencido de una mujer, es como el buey o novillo, que llevado a la carnicería para ser muerto, o como el pájaro que viendo grano de trigo, puesto en el lazo, se abalanza a él con codicia de comerlo, no advirtiendo que le cogen la garganta en el hilo y con él lo ahogan".

El propio Aguilar, en sus relatos se ostenta un santo y casto varón que rechazó las exigencias de la chica, aunque en la crónica maya de Chac-Xulub-Chen se afirma que el clérigo fue yerno de Ah Naum Ah Pot en Cozumel, dos años antes de su liberación, y además "tuvo otras indias, en 1517 años".

En los hechos, Aguilar, antes que Guerrero, o a la par, es autor del mestizaje en Yucatán. Tras la Conquista contrajo matrimonio y, según Bernal Díaz del Castillo, murió en México de sífilis.



* Guerrero, el otro náufrago

El 15 de agosto de 1511, Gonzalo Guerrero se embarcó, junto con Vasco Núñez de Balboa, descubridor del Océano Pacífico, Juan de Valdivia y Aguilar. Parten de Darién con buen tiempo.

Núñez de Balboa va desde Darién a la isla Fernandina, Santo Domingo, como oficial a cargo de esclavos y tripulación de la nao Santa María de la Barca, armada en Almería, España. Pretende ver a Diego de Almagro en La Española y presentarle recomendación de Diego de Nicuesa, gobernador de Veragua, al oeste de Nueva Andalucía, de quien es enemigo, para ser oficial en el galeón San Pelayo de Antequera.

Al amanecer del tercer día de navegación se desata una gran tormenta. Peces voladores saltaron a la cubierta de la nave, lo que fue considerado mal presagio.

Vientos huracanados desgarraron las velas y rompieron los mástiles, mientras olas gigantescas barrían la cubierta. De pronto un golpe catastrófico y la nave se estrella en los bajos de las Víboras o de los Alacranes, frente a la isla de Jamaica.

La nave naufragó, y de los 37 navegantes, sólo una veintena de personas, dieciocho hombres y dos mujeres, consiguen por el momento salvar sus vidas en un pequeño batel.

Sin agua ni alimentos, agotados después de la terrible lucha contra la tormenta y el naufragio, el sol los martiriza, la sed es insoportable. Saben que si beben el agua del mar morirán y los tiburones que rodean la embarcación tendrán su alimento.

Desesperados, beben sus propios orines y los ajenos. Cuando uno muere, sus compañeros de viaje beben su sangre y comen su carne. De los veinte que iban en el batel, únicamente llegan ocho a la costa de Yucatán y tienen su primer contacto con los Cocomes, que "se mostraron bastante agresivos", según cuenta Francisco Cervantes de Salazar en Crónica de la Nueva España.

"Águila dixo que saltando de la barca los que quedaron vivos, toparon luego con indios, uno de los cuales con una macana hendió la cabeza de uno de los nuestros, cuyo nombre calló; y que yendo aturdido, aprentándose con las manos la cabeza, se metió en una espesura do topó con una mujer, la cual, apretándole la cabeza, le dexó sano, con una señal tan honda que cabía la mano en ella".

Ante los amenazadores gestos de los indios, el capitán Valdivia, que iba al mando de la nave, desenvainó su espada para defenderse e hirió a uno de ellos. Fue la señal que desató la violencia. Los Cocomes sacrificaron a cuatro, entre ellos a Valdivia, y se los comieron.

A los cuatro restantes los metieron en unas pequeñas jaulas, hechas con ramas y de forma cúbica, para engordarlos y degustarlos en otro próximo y macro festín en su poblado. Afortunadamente Guerrero y los otros pudieron escapar.

Dos de las mujeres, cautivadas por un cacique, pasaron a integrar su serrallo. Allí, por el exceso de trabajo, mala alimentación y otras penurias, sucumbieron al poco tiempo.



* Años de esclavitud

En su huida llegan a la tribu de los Tutul xiúes, enemiga de los Cocomes, en la Ciudad-Estado de Maní, a la que pertenecía Xaman Ha, donde el cacique Taxmar los entrega como esclavos a Teohom, un sacerdote, quien, con duros trabajos y maltratos, acaba con la vida de todos por extenuación, excepto Guerrero y Aguilar.

Guerrero se va aculturando y Aguilar se mantiene fiel a su cultura y su religión, como lo consigna en su narración cuando el cacique lo pone a prueba.

Guerrero no fue un esclavo dócil ni casto como el fraile y pronto se enamora de una chica con la que procrea varios hijos y, en definitiva, la familia le apartó de su cultura y su religión.

Si Aguilar antes de Guerrero "tuvo comercio carnal con las indígenas y procreó hijos", esto no se ha demostrado, y, por tanto, es Guerrero el Padre del Mestizaje.

Enseña el arte del combate

Compadecido Taxmar de los duros trabajos que realizaban sus esclavos, y enterado de que los dos supervivientes estaban al borde de la muerte los reclama y los quiere como consejeros de guerra, ya que Gonzalo ha participado con éxito en varios enfrentamientos, durante las guerras floridas, contra los enemigos de Taxmar.

Entonces les enseña diferentes formas de ataque y defensa, diversas formaciones en cuadros y columnas, y también cómo no todos los combatientes tienen que pelear al mismo tiempo, sino para irse relevando en las líneas para alternan combate y descanso, a fin de no agotarse ante el enemigo.

Formó una rudimentaria y peculiar falange macedónica, suficiente para derrotar a los Cocomes, con lo que alcanzó gran prestigio.



* Jefe maya

Taxmar lo aprecia en todo lo que vale y por ello, para agradar y complacer regala a Guerrero a Na Chan Can, "el sabio jefe", cacique de los cheles en la ciudad de Ichppatú, al Norte de la Bahía de Chetumal, quien a su vez lo regala a Balam, su Nacom o Jefe de guerreros.

Entre ambos soldados surge un buen entendimiento y mutuo respeto y, en esas, Balam que cuidaba de no agotar ni humillar a Guerrero, al atravesar un río, es atacado por un caimán y Guerrero, "en vez de aprovechar la oportunidad para escapar", se enfrenta y mata al caimán, salvando la vida de su amo, quien, agradecido le otorga la libertad.

Ya libre, Guerrero participa con gran éxito en varias expediciones. Se acultura, se deja hacer las mutilaciones y tatuajes rituales que son propios de su rango y sus victorias se suceden y asciende hasta Nacom al casarse con la princesa Zazil Há.

La chica, también llamada Ix Chel Can, es hija de Na Chan Can y Guerrero consiente que a sus propios hijos les aplanen la frente con una tablilla, de la cual pende una bolita entre los ojos de las y los niños para que los cruce y acaben siendo bizcos.

Ser bizco es un signo de belleza para los mayas. También se les mutila para demostrar que los guerreros desprecian el dolor y la muerte.

La aculturación e integración de Gonzalo en el pueblo que le había adoptado "es tan grande", que incluso su primogénita Ixmo, de cinco años de edad, es sacrificada lanzándola al cenote sagrado en Chichén Itzá, "para acabar con una plaga de langostas".



* Lucha contra los españoles

En 1519, desembarca una expedición de Hernán Cortés en la Isla de Cozumel, quienes se enteraron que dos españoles vivían en esa ínsula y enviaron mensajeros para ofrecer rescatarlos.

A Cortés "no le cabía en la cabeza que los españoles no quisieran ser rescatados", aunque, teniendo en cuenta la enorme ventaja que sería contar con un par de castellanos que hablasen el idioma de aquellas tierras, decidió contar con ellos enviándoles una carta a Guerrero y otra a Aguilar en las que les exhortaba a unirse a su expedición y marcaba el punto de encuentro:

"Grande fue la alegría de los españoles con esta nueva, y así les dijo el general a los caciques que con cartas, que les daría para ellos se los enviasen a buscar. A los que señalaron los caciques para ir, halagó y dio unas camisas y unas cuentas, prometiendo darles más cuando volviesen", según cuenta Bernal Díaz del Castillo.

Aguilar aceptó, en tanto que Guerrero prefirió permanecer junto a los mayas.

Gonzalo rechaza regresar con varias expediciones cristianas, y apoya la expulsión de Grijalva, Francisco Fernández de Córdoba y Cortés.

Durante los años siguientes, los españoles estimaron que Guerrero se dedicó a entrenar a los mayas para defender su territorio, pues cuando Francisco de Montejo, en mayo de 1527, cruza el Atlántico con 380 soldados en cuatro navíos, encontró serias dificultades para conquistar Yucatán.

Gonzalo instruye a sus guerreros para que tomen caballos y armas de fuego, aconsejando siempre no dar tregua ni fiarse de los blancos, intentando salvar ese paraíso, hoy parque Natural de Champotón.



* La batalla y la muerte

En julio de 1531, el capitán Dávila partió con una fuerza hacia Chetumal, donde suponía que vivía Guerrero y existían minas de oro; sin embargo, encontró el lugar abandonado y, habiendo tomado algunos mayas prisioneros, estos lo engañan diciéndole que Guerrero ha muerto de forma natural.

Dávila remite informes a Montejo en Campeche sobre el supuesto fallecimiento. En los hechos, Guerrero muere el 13 de agosto de 1536 cuando enfrentaba las tropas del capitán Lorenzo de Godoy.

Su agonía no fue muy prolongada. Una flecha de ballesta se clavó justo en su ombligo y le atravesó hasta el costado.

Sus hombres lo sacaron del campo de batalla y le escondieron detrás de unas palmeras. Ninguno intentó extraerle la flecha por no aumentar su sufrimiento o acelerar su fin. Gonzalo sólo pidió a sus más allegados que cuidara a sus hijos y, al resto de los hombres, más de un millar, que siguieran combatiendo.

Tuvieron que replegarse y el cuerpo de Guerrero quedó en campo enemigo. Algunos españoles afirmaron luego haberlo visto: tatuado y vestido como indio, pero barbado como cristiano.

Al anochecer, varios de sus hombres rescataron su cuerpo y lo lanzaron al río Ulúa "para que la corriente se lo llevara hasta el océano de donde vino".
 
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