Opinión / Columna
 
Federico Ling Sanz Cerrada 
Sebastián Damiano y la camioneta roja
El Sol de México
14 de noviembre de 2009

  En pocas ocasiones somos capaces de darnos cuenta del enorme potencial que tenemos, tanto en el ámbito personal como en el nacional. Y es frecuente que escuchemos frases como "los niños son el futuro de México". Pero no siempre podemos profundizar y nos quedamos solamente en la superficie de un cliché.

La mañana del viernes mientras conducía mi automóvil, observé a un costado una camioneta roja con dos pasajeros: una señora y un niño de unos 3 ó 4 años. La señora, aparentemente madre del niño, conducía el vehículo, y el niño jugaba con la rejilla del aire acondicionado del techo del asiento trasero mientras le decía algo a su mamá. Ese muchacho, además, iba cubierto hasta la cabeza con la gorra de su chamarra porque las mañanas suelen estar muy frías.

Lo anterior me puso a pensar en mi propia experiencia con los niños; porque durante algún tiempo no pude valorar con detenimiento la sensación de ser padre -no lo soy- sino que pude conocer hace algún tiempo a un niño llamado Sebastián Damiano (el pequeñín apareció en mi vida por extrañas y bellas razones: en esa ocasión porque su madre fue mi compañera algún tiempo, pero a veces, los noviazgos terminan).

Y ese niño de la camioneta roja era sumamente parecido a Sebastián Damiano. Y fue un tanto inevitable pensarme como padre de familia; en las cosas que uno quisiera para sus hijos, en el país que estamos dejando y en las oportunidades que hemos de brindar más adelante.

Hace algún tiempo referí las tantas cosas que mi padre me enseñó y con las que me marcó para toda mi existencia. Al pensarme en su lugar, me gustaría que mis hijos se llevaran lo mejor de mí y lo mejor de mi país. Aún no han llegado mis hijos, pero se me ocurre pensar en el niño de la camioneta roja y en "Dami" y en el país que van a enfrentar dentro de algún tiempo.

Al leer en la prensa con cuidado las noticias del día, al observar las declaraciones de los diputados sobre el presupuesto del 2010, al revisar las oportunistas acciones de líderes facciosos como Martín Esparza o bien, la mezquindad y el cinismo de algunos partidos políticos y sus militantes, no puedo evitar sentir cierto pesar por esos niños que he mencionado.

Las incontables y numerosas acciones de políticos que buscan recuperar el poder, o conquistarlo en 2012 a costa incluso de la propia inestabilidad nacional o que le apuestan al deterioro, a la confrontación, no se dan cuenta que están actuando incluso contra ellos mismos.

Los grupos políticos, aquellos que son lobos con piel de cordero, mermando la capacidad gubernamental y del Estado Mexicano, no se dan cuenta que, con la lucha encarnizada, tanto en la realidad como en los medios de comunicación, están destruyéndose incluso a sí mismos. ¿Qué acaso querrían gobernar ruinas?

¿A qué le apuestan al final del día?, ¿cuál es su objetivo?, ¿qué clase de país quieren para los niños que hoy tienen tres años? En términos personales me costó muchísimo trabajo, en el tiempo que conocí a Dami, pensarme como padre y hacer las cosas de tal suerte que ese pequeño supiera lo mejor de mí. Cuando las cosas no resultaron como se habían pensado, la enseñanza y la huella que dejó en mí es profunda y grande. Me he vuelto a pensar como alguien que, en su proyecto de vida está incluida la formación de una familia. Después de la experiencia vivida, puedo darme cuenta del enorme cariño que alguien les puede tener a sus hijos. Y en razón de ese enorme cariño y de ese amor, es que puedo pensarme y desear que mi país sea cada vez mejor.

He encontrado un motivo y una razón para hacer las cosas de modo distinto y diferente. Porque todos los mexicanos las tenemos y, por eso, quisiéramos un mejor futuro para nuestras familias. Tal vez sea tiempo de dejar las guerras inútiles que leemos en la prensa todos los días y comenzar a construir lo que siempre hemos querido.

federicoling@gmail.com

*Maestro en Ciencia Política y Medios de Información
 
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