Opinión / Columna
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Eduardo Andrade Sánchez
Los muros que aún no caen
Organización Editorial Mexicana
11 de noviembre de 2009
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DÍA 1077. EL ÍNDICE DE MORTANDAD SE MANTIENE EN 13.34 MUERTES DIARIAS VINCULADAS CON LA CRIMINALIDAD ORGANIZADA EN LO QUE VA DEL SEXENIO
Con motivo de la conmemoración de los veinte años de la caída del Muro de Berlín se han dicho muchas cosas, incluida esa demagógica declaración de Hillary Clinton de que "no hay muro que no podamos derribar"; a lo mejor por eso siguen construyendo el que separa a nuestros dos países, porque seguramente piensa en esa lógica tan particular e interesada de nuestros vecinos que, para derribarlos, primero hay que edificarlos. Pero nada... esa valla que impide a los seres humanos trabajar libremente donde se les ofrezca hacerlo, sigue como una muestra más de la ignominia en las relaciones humanas, basadas en la exclusión injusta de los congéneres. Si el Muro berlinés escindía al este del oeste, el llamado "de la tortilla" sigue dividiendo al norte desarrollado del sur subdesarrollado, y no es el único que se erige para impedir que los pobres busquen oportunidades en tierras más prósperas.
La BBC Mundo presentó en su página de Internet el lunes pasado, un interesantísimo recuento de "Los muros que no han caído", que si usted tiene tiempo y oportunidad, bien vale una visita. Se enlistan ahí, por supuesto, el levantado en mil kilómetros de la frontera entre México y Estados Unidos a un costo de 2 mil 400 millones a lo largo de 18 años. Se agrega que en los últimos 15 de ellos, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos, han muerto más de 5 mil 600 inmigrantes indocumentados en su intento por cruzar la frontera. Nada que ver con los decesos en Berlín, cuyas cifras son materia de disputa, pero las estimaciones más abultadas -según Wikipedia- las elevan a 270 en los 28 años que permaneció el muro. Además, nuestra separación cuenta con modernos dispositivos tecnológicos como detectores infrarrojos, cámaras, radares, torres de control y sensores de tierra dignos de una cárcel de alta seguridad.
Otro ignominioso cerco se encuentra en Cisjordania, donde los palestinos son encerrados en nuevos guetos que constituyen auténticas prisiones en su propia tierra pues, según datos de la fuente a la que aludo, aproximadamente el 85 por ciento de la barrera divisoria está sobre territorio palestino ocupado, en el que se incluye Cisjordania y Jerusalén oriental. Sólo el 15 por ciento de la estructura sigue la llamada "línea verde", que es la demarcación del armisticio de 1949 entre Israel y Cisjordania, hoy reconocida internacionalmente como frontera entre ambos territorios. Este muro está formado por vallas, alambradas, zanjas y placas de cemento de hasta 8 metros de alto y tiene zonas de separación o "buffer zones" de hasta 60 metros, mayores a las que yo recuerdo del Muro berlinés que conocí en 1971.
En Irlanda del Norte, bajo el eufemismo de "líneas de paz", hace cuarenta años se inició el levantamiento de barreras de separación entre comunidades católicas y protestantes, que van desde unos pocos centenares de metros hasta cinco kilómetros.
En la sede de los Juegos Olímpicos de 2016, Río de Janeiro, si no pueden acabar con las favelas, por lo menos van a aislarlas; el gobierno del estado construye desde principios de este año varios muros alrededor de algunos barrios pobres que crecen en las montañas de la ciudad. En total, 13 favelas serían rodeadas de hormigón y concreto, para un total de 14 kilómetros de longitud dizque "para evitar que las construcciones precarias que caracterizan esas comunidades destruyan la vegetación que las circunda".
eandrade@oem.com.mx
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