Opinión / Columna
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Rosamaria Villarelo Reza
La puerta de Brandemburgo
El Sol de México
11 de noviembre de 2009
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Federico Guillermo II de Prusia, nunca imaginó que este monumento que diera acceso a la "Nueva Berlín", fuera a significar tanto para las generaciones futuras alemanas; construida la parte central entre 1788 y 1791 y las laterales en 1867 y 1868.
La Puerta que construyó el arquitecto Carl Gotthard Langhans, está hecha a imagen de otra más antigua que representa la "Acrópolis de Atenas", seguramente pensando en el poder que tuvieron los atenienses. Y está coronada por una escultura de cuatro caballos con la diosa de la Victoria, mirando en dirección de la ciudad. Suplió de alguna manera a una de las dieciocho entradas de aquella otra muralla berlinesa que fue destruida en esos años del siglo XIX.
Napoleón después de su triunfo en Prusia, quiso llevársela como trofeo de guerra a París, pero fue recuperada por un general y guardada hasta que de nuevo fue colocada a la que se le agregó una cruz de hierro.
Durante la Segunda Guerra Mundial sufrió graves daños y nuevamente fue restaurada entre 1956 y 1957 hasta que en 1961 con la construcción del Muro de Berlín, quedó a la mitad de Berlín Oriental y Occidental.
A partir de entonces la Puerta de Brandenburgo localizada en medio de la ciudad, se le identificó como símbolo que nada tenía que ver con sus orígenes de grandeza, sino que figuró como representación de una época del siglo XX, de una guerra y de quienes estaban considerados como vencedores y perdedores. No obstante, es el principal atractivo de una bellísima ciudad que ahora festeja los veinte años del derrumbamiento del Muro que separó casi por treinta años a los alemanes.
Por haber sido el emblema de una época de pesadilla para los que vivieron las dictaduras, se entiende el porqué personajes como Mihail Gorbachov y Lech Walesa fueron de los principales personajes en la ocasión de la celebración, que fueron ovacionados como héroes. Hay que recordar que fue el mismo Gorbachov el que en una visita previa a la caída del muro, exhortara con su "perestroika" a terminar con los regímenes que impedían nuevas formas de convivencia humana y que Walesa hubiese conseguido con sus luchas, aportar al resquebrajamiento del bloque socialista.
Así es que de esta forma, más la presencia de otros invitados como el Presidente francés o Hillary Clinton, en representación de su país, la canciller Ángela Merker quien por cierto era de la República Democrática Alemana, festejara este aniversario con tal vehemencia, haciendo un llamado a no permitir más muros de la "vergüenza".
No cabe duda que el mundo ha cambiado desde aquel 9 de noviembre de 1989, no sólo por la Reunificación de Alemania que se da en 1991, sino porque desde entonces se han producido toda una serie de acontecimientos que inicialmente hicieron suponer que viviríamos en un planeta mejor. Las cosas no han sido así y en realidad estamos iniciando una nueva etapa de la historia de la humanidad, pero de la que no tenemos ninguna certeza de qué estamos construyendo.
Las transformaciones, por lo menos para los países que no formamos parte de aquellos que dirigen el mundo, no nos han ayudado a mejorar, sino que los problemas y lacras que considerábamos como parte del pasado, han resurgido con mayor intensidad. Puede que como todo inicio sea lento, pesado y doloroso, pero el gran problema es que no se ve a corto plazo un camino que nos permita ya no sólo recuperar los niveles perdidos, sino que nos dé la esperanza de que las nuevas generaciones vivirán mejor que las que pertenecemos a esa época de la existencia del Muro de Berlín y su derrumbe.
La euforia de todos, incluidos los no europeos de frente y lejos de la "Puerta", es un fenómeno interesante que nos hace recapacitar qué tan importante son los símbolos para la gente, a pesar de que los propios alemanes no han podido aún lograr su particular objetivo de verse nuevamente como un solo pueblo; sin embargo, nadie duda que lo alcanzarán mientras que otros, sin pecar de pesimistas, quisiéramos tener una puerta de salida a las crisis, aunque no sea tan espectacular como la de Brandenburgo.
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