Opinión / Columna
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Camilo Kawage
Royal Dutch Shell
El Sol de México
8 de noviembre de 2009
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1.- Un antiguo amigo francés experto en banca y finanzas emprendió negocios con similares en México y decidió aprender nuestro idioma. Empeñoso y tenaz que era, André Pasquier dominaba más palabras en español de las que podía comprender, y sostenía conversaciones largas y fluidas que dejaban sorprendidos a sus interlocutores, hasta que pasado el tiempo uno y otros reparaban que no se habían entendido. Su memoria evoca el paso en falso que algún vivillo -o vivilla- hizo pasar al príncipe de Orange, heredero de la Corona de los Países Bajos, en su intervención con motivo de la Visita de Estado de su mamá, la reina Beatrix, los pasados días, en una línea pensada acaso como gancho mediático que resultó menos afortunada que su intención.
2.- Deseoso tal vez de mostrarse congruente con el desacomodo de las personalidades; de la escasez de imaginación y de la falta de oficio de los gobernantes actuales; en la pretensión quizás de darse a entender en una vorágine de dislexia institucional y de desamor por la función de Estado, el bisnieto de la impasible reina Wilhelmina -por la que tantas Guillerminas llevan el nombre-, parece haber caído en el garlito de un chispazo de elocuencia, y retorcer así el adagio de que "camarón que se duerme se lo lleva la corriente", con un término mexicanísimo que ni venía al caso, ni impartía elegancia a la principesca palabra.
3.- El resbalón carecería de relevancia, si no retratara tantos tropiezos que nos aquejan. Sin embargo, de que "a partir de ahora" -como dice la undívaga propaganda del Gobierno respecto a todo aquello que abona en la indefinición-, todos seremos alegres y felices, el recurrente ánimo de reducir las cuestiones del Estado a los temperamentos personales; el prurito temerario de imponer a la sociedad un cúmulo de sentires íntimos, de primarios ímpetus o de matinales vuelos de alegría, felicidad y repentina amargura, haría entendible la expresión del príncipe: igual que su camarón.
4.- En la misma tesitura del alcalde de San Pedro Garza García, que anuncia ejecuciones que la autoridad federal oculta o posterga, el delfín neerlandés debe saber por adelantado sobre crustáceos que acá desconocemos, o como nuestra publicación hermana, dice lo que otros callan. Se ignora si le tradujeron extractos de la oratoria magnífica de Noroña; si captó y quiso hacer suyas piezas literarias de nuestros herodotos, ínclitos patricios, o si nada más atendió las notas que le preparara algún experto en cuestiones mesoamericanas, en lenguas vivas o en ciencias sociales que recién llegó de Rotterdam, y pretendió hallar semejanza entre los Países Bajos y un país a la baja, o no le informaron de la huella célebre de Juliana y Bernardo, sus abuelos, de este lado del mar.
5.- Querría quién sabe el príncipe lograr una alegre y feliz analogía entre el país en miniatura que presenta el Madurodam en La Haya y el nuestro en el presente paréntesis de grandeza que lo atribula y lo empequeñece. Sabrá en una de ésas el heredero del magno imperio colonizador y civilizado, las penurias que nos reducen a escala 1:25 de nuestro potencial para, con la sencillez que a veces brota en el gotta, recordarnos que seguiremos la corriente que mencionó al paso que llevamos de somnolencia, arrastrados por los ideales, las convicciones y las miras de estadistas que hoy no tenemos, no se diga para ganarle terreno al mar, sino apenas para ganarle mar al terreno.
6.- Es posible también que el heredero haya platicado con el secretario de Educación Pública, y al escuchar su sabia disquisición sobre la responsabilidad de los jóvenes de forjar ellos mismos el futuro de México, con la que de modo explícito renuncia a la suya propia, decidió opinar sobre el destino camaronero que nos tenemos fijo. O que haya atendido el desencanto del gallego que no concitó el voto senatorial que sentía seguro para la Defensoría del Pueblo, y amaga constante vigilancia al que le ganó la chamba. En todo caso, la Corona holandesa vino a machacar nuestras penurias, sin saber que aquí somos alegres y felices.
camilo@kawage.com
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