Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
Sobreestimaciones y subestimaciones (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
7 de noviembre de 2009

  Al cabo de un año de su elección, y dado que comenzó a despachar ese mismo día, vale echarle un somero vistazo al desempeño exterior de la Presidencia de Obama en ese lapso.

Tal vez el primer defecto de ésta, es una aparente incapacidad inicial para medir correctamente las correlaciones de fuerzas, tanto interiores como exteriores.

En efecto, sobrestimó su liderazgo internacional y su poder interno. Pero no fue al Quaeda, ni los talibanes, ni otros islamistas o terroristas, ni los rusos ni los iraníes, los cubanos ni los palestinos, fue el Congreso, con el apoyo de muchos demócratas, quien lo abatió en pleno vuelo. El Congreso cuyo poder aparentemente subestimó.

Esperemos que los factores que explican dichas insuficiencias, sean su voluntad de cambio y la confianza que le dieron su excelente resultado electoral, su perfil excepcional para un Presidente estadunidense y su extraordinaria popularidad. Y su falta de experiencia.

Sin embargo, era obvio que, parte de esa popularidad no era más que un entusiasmo sincero, pero superficial que no ha resistido las primeras confrontaciones con la realidad. El resultado es que sus tasas y calificaciones surgidas de encuestas de opinión, han bajado sensiblemente o se han desplomado, según el caso y el punto de vista del observador.

Tal vez su primer error, fue sobreestimar lo que el rechazo indudable generalizado de la política de George Bush permitía realizar. No permitía aparentemente que la mayoría aceptara políticas verdaderamente alternativas.

Por otra parte, Bush no sólo dejó resabios, sino, sobre todo, pasivos. Una situación militar inextricable, una crisis moral profunda, y de pilón la mayor crisis financiera desde 1929.

En estos y otros asuntos, los cambios radicales y rápidos son imposibles. Por eso, sus promesas precipitadas, tal vez inevitables, han chocado con la realidad y la experiencia ha sido amarga para Obama.

Las buenas intenciones cuentan, pero no bastan. Una cosa es querer resolver problemas que cargan un lastre de decenios de hostilidad y otra, esperar que, porque se les tiende la mano, los adversarios van a venir como pajaritos a comer los migajones que contiene esa mano.

Empero, incluso si su voluntad de cambio es insuficiente para alterar la realidad, incide en ella y en esa medida es importante.

En el exterior, aunque ningún asunto ha sido resuelto, ha habido avances indudables en las relaciones con Rusia. En menor medida también con Cuba y Corea del Norte y hasta con Irán. Las iniciativas fueron buenas y los comienzos de respuesta también. Son asuntos que tomarán tiempo y habría que evitar mostrarse impaciente.

No hay que minimizar tampoco los problemas que pueden causar sus errores de juicio, dudas, iniciativas valerosas aunque a veces mal calculadas. El ejemplo más obvio es Medio Oriente desde luego, donde se ha visto obligado a recular en un asunto cuya importancia Obama parece percibir como ningún otro Presidente estadunidense.

En Afganistán y Pakistán, también erró, comprendió que había errado y la impresión es que no sabe bien qué hacer, lo que es entendible, pero inaceptable. En Irak, la salida es una apuesta y las apuestas se pierden con frecuencia.

También ha sobreestimado la voluntad de sus aliados, los miembros de la OTAN. Son solidarios, pero los quiere embarcar en guerras que son estadunidenses y los dirigentes europeos, aunque quisieran, no pueden obligar a sus opiniones públicas a participar en conflictos a los que están decididamente opuestas.

Todos soportamos el peso de los errores de Washington, pero sólo Washington los puede enmendar.

Obama no es todo Washington y en algunos asuntos estará sólo, a menos que apele al pueblo estadunidense. Tal vez entonces algo más será posible.

mehcbv@email.com
 
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