Opinión / Columna
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Federico Ling Sanz Cerrada
Dos días en el SAT
El Sol de México
7 de noviembre de 2009
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Tanto jueves como viernes tuve que realizar diversos trámites en el Servicio de Administración Tributaria (SAT). No es sencillo, pues aunque hay servicio de citas telefónicas y por internet, los horarios en que los ciudadanos podemos acudir a las oficinas de este organismo no son tan flexibles, especialmente para aquellos que trabajamos y el horario laboral tampoco permite "escapar" para realizar trámites gubernamentales.
En este sentido, se requiere de todo un ritual donde, una vez hecha la cita, uno tiene que pedir permiso con su jefe, explicar las razones de por qué tiene que ser en horario laboral y no en sábado, por ejemplo, y juntar una serie de papeles con sus respectivas copias para tratar de concretar los trámites fiscales ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público.
Así sucedió, y llevé una impresión con el folio de mi cita, en el módulo que se ubica en Tacubaya en el Distrito Federal, me entrevisté con una persona que me "orientó fiscalmente" en mis trámites. A pesar de llevar mis papeles en ese momento, me dijo que, si quería hacer cambio de domicilio tenía que ir otro día, hacer otra cita y pedir ese trámite, porque ese día yo pedí "orientación". Yo alegué que cómo era posible que no cambiara el domicilio si estaba en mi horario de cita, llevaba todos los documentos y no podía ir en otro día porque estaba trabajando.
Después de tratar de explicar las causas de mi problema para hacer otra cita y acudir en otro horario al módulo del SAT, la persona que me atendió me dijo que, como favor, iba a realizar el trámite.
El problema que ubico en todo esto no es el trámite fiscal que se tiene que hacer o realizar para determinados fines. El obstáculo real es la indisposición para brindar un servicio completo al ciudadano. Al final de cuentas, el viernes concluyó el famoso trámite y en el módulo central de la administración local del SAT en el Distrito Federal, había un señor que estaba gritando amargamente que la funcionaria pública le había faltado el respeto y no había resuelto su problema. ¿Quién tendría la razón? A ciencia cierta no sabremos, pero los policías tuvieron que echarlo del lugar.
Todo esto me lleva a preguntarme cuáles son los errores más comunes de los servidores públicos al momento de atender a un ciudadano. Y por ende, cuáles serían los errores más comunes de los ciudadanos al momento de acudir a una oficina gubernamental para realizar su trámite.
Existen funcionarios públicos de quiénes obtenemos pésimos servicios al ciudadano, que son déspotas y cínicos y no cumplen su trabajo. Su labor no depende de nadie, sino de un sindicato o una estructura compleja que no cumple con los requisitos que se exigirían en una empresa privada para cuidar la calidad del servicio. No responden a nadie ni tampoco se hacen responsables del servicio que brindan. Y por otro lado, existen ciudadanos que acuden a una oficina de Gobierno tratando de saltarse los límites razonables: no entregar la documentación completa, o los papeles correctos que se piden. O simplemente, si el trámite no procede, exigen que el funcionario resuelva de manera inmediata el problema. Todo lo anterior, en última instancia, sería corrupción.
La corrupción, el uso de influencias o "palancas", el cinismo, la prepotencia, la ineficiencia, todos ellos, son males que aquejan a ambos lados. Tanto el funcionario público no responde de manera adecuada, el ciudadano también puede incurrir en conductas inoportunas o fuera de lugar.
El hecho no está en discutir quién tiene la razón o quién expone el mejor argumento para "ganarle la partida" al otro. El punto sería más bien que los funcionarios públicos cumplan con su deber, de manera eficiente y honrada, haciéndole la vida fácil al ciudadano, y por otro lado, que los ciudadanos acepten las reglas impuestas de manera justa por la autoridad y respeten los límites establecidos.
Una vez más el círculo vicioso donde servidores públicos y ciudadanos no llegan a entenderse nunca, se vuelve más complicado de romper si ninguna de las dos partes está dispuesta a cambiar algunas cosas. Ya se verá.
federicoling@gmail.com
* Maestro en Ciencia Política y Medios de Información.
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