Opinión / Columna
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Enrique Hett
Otra oportunidad fallida de la UE (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
5 de noviembre de 2009
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El martes cayó el último obstáculo a la adopción del Tratado de Lisboa. Entrará probablemente en vigor el primero de diciembre una vez que hayan sido nombrados el presidente y el que fungirá, se afirma, como canciller de la UE.
Hasta ahora, los distintos países ocupaban la presidencia del Consejo en turnos de seis meses. Siempre se afirmó que el nuevo tratado realzaba considerablemente esas dos funciones. Sin embargo, esas afirmaciones parecen no tener gran cosa que ver con la realidad.
En el caso del presidente, no conviene a los dirigentes de la UE darle más importancia, porque no debe ser superior a ninguno de los miembros del Consejo, que son todos jefes de Estado y de gobierno de países que, a pesar de todo, siguen siendo soberanos.
Sin duda, fue por eso que las atribuciones del futuro presidente fueron esbozadas con gran imprecisión. Para que fuera posible reducirlas a su mínima expresión. El nuevo presidente será más importante que cuando ocupaba la presidencia el jefe de Estado o de gobierno de un país pequeño y menos que cuando la ocupaba uno de los países grandes.
Así que el objetivo general sería más modestamente "darle un rostro reconocible a la UE", tanto del interior como del exterior.
Aunque hasta ahora se había mencionado, ante todo, el nombre de Tony Blair para el cargo. Afortunadamente, el favorito actualmente es el jefe de gobierno de Bélgica, señor Herman Van Rompuy.
Según se rumora, la idea de proponer a Blair fue de Nicolas Sarkozy, cuyo talento para elegir candidatos a presidencias estuvo ampliamente demostrado la semana pasada. Sarkozy quiso olvidar, y otros con él, todo lo que hace de Tony Blair el peor candidato posible para encarnar la "cara reconocible de la Unión". Para decirlo simplemente, con él, la cara de la UE sería la del "caniche de Bus". ¡Bravo!
Aunque la mayor parte de los líderes de los 27 países que forman actualmente la Unión Europea haya aprobado la guerra de Irak, la inmensa mayoría de las opiniones públicas, incluso la del país de Blair, la rechazaron de la manera más clara posible. Pretender ignorarlo pinta de cuerpo completo a los líderes europeos.
Pero, esa negación de la opinión pública no es la única razón que hace de Blair el peor candidato posible.
La otra razón importante está ligada a la proclividad de "Tony" a ser, como dijo Charles de Gaulle del Reino Unido cuando se opuso a su ingreso, "el caballo de Troya de Estados Unidos en Europa".
Es cierto que Blair mucho declaró y mucho prometió hacer del Reino Unido un país más europeo. Pero todo o casi todo quedó en palabras.
Por si fuera poco, el Reino Unido, cuya acción europea puede ser caracterizada como hacer lo más posible por el gran mercado europeo y lo menos posible por la UE, no es miembro de los principales logros de ésta como son el euro y el espacio de libre circulación de Schengen.
Pero, tal vez, se pensó elegirlo, precisamente porque su impopularidad y falta de adecuación lo debilitarían considerablemente. Un presidente debilitado por funciones imprecisas y por sus propias características políticas y personales, es el que conviene perfectamente una asamblea de soberanos.
El tratado de Lisboa pretende también reforzar al representante de la Acción Exterior de la UE. No se ve bien cómo, porque esa política se reduce a acciones virtuosas, humanitarias y financieras. No hay política exterior de la UE, ni la habrá mientras los países miembros no logren ponerse de acuerdo en la materia. Es decir, no antes de mucho tiempo.
La imposibilidad de realzar esos dos cargos era previsible porque era inevitable en las condiciones actuales de la UE. Por eso, el suceso permite medir hasta qué punto "vender" el Tratado de Lisboa, prometiendo innovaciones radicales y benéficas, fue la más crasa de las demagogias.
mehcbv@email.com
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