Opinión / Columna
|
Ramón Sosamontes
Hace un año, el accidente en reforma
Organización Editorial Mexicana
4 de noviembre de 2009
|
QUE LA NUEVA PRESIDENTA O (El) DE LA COMISIÓN NACIONAL DE DERECHOS HUMANOS NO REPRESENTE A LOS PARTIDOS
Hoy se cumple un año del accidente donde murieron el entonces secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño; José Luis Santiago Vasconcelos, encargado de elaborar las propuestas legislativas para el mejoramiento del sistema de seguridad pública -que estaba siendo abandonado por los "amigos" de la política como suele ocurrir con la condición humana- Miguel Monterrubio, director general de Comunicación Social; Arcadio Echeverría Lanz, de la oficina del secretario; Julio César Ramírez Dávalos, piloto aviador; Álvaro Sánchez Jiménez, copiloto, y la sobrecargo Giselle Carrillo. Norma Angélica Díaz Aguinaga, directora del área de Comunicación Social, -por cierto se decía que ella iba en el avión porque tomó el lugar de la directora de Migración, Cecilia Romero, que a última hora decidió no regresarse.
Cerca de las 19:00 horas cayó el Lear Jet 45 sobre Paseo de la Reforma y Ferrocarril de Cuernavaca. Las noticias nos decían que era una aeronave de Gobernación, la "XC- VMC", que en el 2005 había reportado una falla cuando viajó Carlos Abascal, el secretario de Gobernación de Vicente Fox.
Ese día, la Embajada de Estados Unidos, como cada 4 años, cuando hay elecciones presidenciales, organizó la espera de resultados, invitando como acostumbra a la clase política, intelectual, empresarial y periodistas mexicanos y corresponsales extranjeros.
En eso estábamos, por cierto José Luis Vasconcelos llegaría a esa reunión, porque era un acontecimiento histórico y ahí en conjunto esperaríamos los resultados finales de la estupenda victoria de Barack Obama en la Presidencia de los Estados Unidos, (quien hoy conserva 54 por ciento de la población estadunidense, un punto porcentual más que el obtenido en los comicios), y exactamente platicando con Tony Garza (republicano),el embajador de entonces, junto con Miguel Gómez Mont, director general del Fonatur, cuando los monitores de la televisión que estaban transmitiendo desde EU, incluyendo algunas americanas, suspendieron sus transmisiones y pasaron las escenas del accidente y posteriormente la imagen de Max Cortázar, vocero del presidente Felipe Calderón, confirmando la infausta noticia: habían fallecido dichos funcionarios. José Luis no llegaría.
El salón se vació, los funcionarios federales y parte de los del DF se fueron a sus respectivas oficinas. Un triunfo esperado como avance liberal que nos supo amargo, que ya no contó como el del día en que un hombre negro había llegado a la Casa Blanca. Un lugar repleto que quedó casi vacío, sólo con los funcionarios de la Embajada Norteamericana y los periodistas que habían montado estudios de los principales canales de televisión y radio, combinaban las noticias.
Lo urgente era ese infausto accidente, que hay que recordar, porque accidentes como esos cambian las situaciones políticas, debilitan el carácter de las personas que mandan y los equipos se redefinen, como le pasó a Felipe Calderón. Costó salir de ese golpe.
Se sintió un vacío, qué pasó, quién fue, hubo incertidumbre.
El Presidente respondió duro y fuerte con el homenaje de cuerpo presente de los fallecidos. Un Campo Marte fortalecido con la presencia del Estado mexicano. Pocas veces se reúne y ahí estaban en solidaridad con el Gobierno, con las instituciones. Insisto, estaban todos los poderes reales y fácticos. Era otra la situación después del acto oficial, más ciertos de que había control.
Luis Téllez, como secretario de Comunicaciones, salió al frente y bien, fue llenando los huecos informativos y respondiendo a lo especulativo. Hizo una labor de Estado, nada fácil y que vale la pena mantener esa apertura informativa ante graves acontecimientos. Claro que esperamos que no haya más.
sosamontes@elsoldemexico.com.mx
Columnas anteriores
Columnas anteriores