Opinión / Columna
 
Por Correo Electrónico 
No me defiendas compadre
Organización Editorial Mexicana
4 de noviembre de 2009

  Una semana después de que Vicente Fox opinó en Viena que la lucha contra el narcotráfico emprendida por Felipe Calderón ha fracasado, dos de sus excolaboradores muy cercanos al guanajuatense, Jorge G. Castañeda y Rubén Aguilar presentaron un libro sobre el tema, escrito al alimón: "El narco: la guerra fallida".

Lo interesante es que reconocen que Calderón está ayuno de legitimidad y que por ello emprendió una "guerra" contra el narcotráfico, con base en percepciones erróneas de la realidad.

Asumen que Calderón busca legitimarse a través de la gestión de una política de seguridad contra el narcotráfico, con un golpe de mano que recuerda las acciones espectaculares de sus antecesores, desde Miguel de la Madrid hasta el propio Fox, pero reconocen que en ningún caso el costo social ha sido tan alto como en el de Calderón.

Los autores van desbrozando su lógica, a partir de datos duros, sobre la evidencia que desmonta las ideas que subyacen al combate al narcotráfico.

Por principio, desbaratan el argumento de que el narcotráfico es un problema de seguridad pública y advierten que los enfoques modernos -y más exitosos - lo consideran un problema de salud pública. Precisan que la demanda de estupefacientes en México ha permanecido constante, lo mismo que el trasiego y la producción.

Dicho de otra manera, el narcotráfico y sus secuelas existían, pero no de la manera en que nos la pintaron desde 2006: la propaganda ha permitido magnificar el fenómeno, de tal manera que la sociedad asumió que una buena parte de la población depende del narcotráfico, ya sea como consumidor, productor, vendedor, intermediario o beneficiario, y que el principal objetivo del Estado es, precisamente, acabar con esta lacra para mantener la unidad y viabilidad nacional.

Lo interesante es que Castañeda y Aguilar no reconocen presión norteamericana para que el combate al narcotráfico se haya convertido en la principal prioridad de la presente gestión presidencial.

Tampoco presión social interna en el mismo sentido, pero ambos sostienen que el cálculo presidencial y sus colaboradores más cercanos se fincó en una percepción errada del fenómeno y de los individuos: los creyeron idiotas [sic].

El problema real, según Castañeda y Aguilar, es que ésta es una imagen falsa del fenómeno y que los argumentos presentados no se sostienen.

Aceptan la connivencia de algunos servidores públicos de los distintos niveles de gobierno con los narcotraficantes, respecto a lo cual sostienen que esto ha sido siempre y que lo que habría que precisar es cuándo este fenómeno creció, y si en verdad creció.

En este punto, tanto Aguilar como Castañeda asumen una posición sofista. Para nadie es secreto que el narcotráfico y sus actividades crecieron paralelamente al ascenso del PAN al poder.

No se pretende decir que antes del 2000 no hubiera actividades delincuenciales de tráfico de estupefacientes.

Tan había, que "El Chapo" Guzmán fue aprehendido y enviado a una cárcel de alta seguridad. Pero hasta donde se sabe, fue a las autoridades del gobierno panista de Vicente Fox a quienes se les escapó.

Según los autores, la estrategia de Calderón vino a atizar el fuego al involucrar a las Fuerzas Armadas en el combate a las drogas. No porque no se hubieran encargado de esta tarea, sino porque asumieron un papel protagónico en las acciones.

El operativo Michoacán fue una temprana muestra del desconcierto que dejaba a su paso el Ejército entre la población afectada; de ello ha dado cuenta el sinnúmero de denuncias contra los militares ante organismos de defensa de derechos humanos, tanto gubernamentales como de la sociedad civil.

Muchos coinciden con Fox, Castañeda y Aguilar: la guerra contra el narco ha fracasado y se llevó al Ejército entre las patas. Y ahora ya no saben qué hacer.

Una solución en la que muchos, tirios y troyanos parecen coincidir, es en cambiar el enfoque del combate al narcotráfico y encuadrarlo en un plano de salud pública; incluso Vicente Fox, Jorge Castañeda y Rubén Aguilar, consideran que la despenalización del consumo sería una medida adecuada, en una postura totalmente a contrapelo de lo que asume el gobierno y su propio partido.

¿Qué es lo que lleva a Fox y a sus dos excolaboradores a evidenciar su desacuerdo con la guerra antinarco, emprendida por el calderoniato como parte central y casi única de su programa de gobierno?

¿Será que el Ejecutivo está variando el enfoque de su guerra contra el narco y el libro de Aguilar y Castañeda le preparan el terreno? ¿Estamos viendo la ampliación de la fractura entre el foxismo y el calderonismo al interior del PAN? ¿Se estará quedando solo el Presidente?
 
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