Opinión / Columna
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Enrique Hett
Fin de farsa electoral (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
3 de noviembre de 2009
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Al reventar la segunda vuelta de la elección presidencial, que había exigido él mismo, el doctor Abdalá Abdalá completó la destrucción de lo que quedaba de la legitimidad electoral al actual presidente Karzai, legitimidad que Obama afirmaba necesitar absolutamente.
El presidente Karzai acaba de ser declarado vencedor por falta de adversario. Asumirá así un segundo mandato habiendo obtenido sólo un poco menos del 50 por ciento del 40 por ciento del electorado. Esta tenue legitimidad es además, la de un hombre que ha sido denunciado como corrupto e incompetente, no sólo por sus administrados, sino, sobre todo, por la potencia a la que debe su estancia en el poder.
Abdalá, por su actitud, da la impresión de que se dispone a asumir una nueva política con las fuerzas que representa, nueva política que será francamente de oposición. Por eso, estadunidenses y aliados lo exhortan a cooperar con Karzai. Si hay algo que no necesitan, es una oposición democrática interna que va a hacer aún más difícil su labor y la del Karzai.
Pero la cosa parece difícil de evitar. Si tal no fuera su intención, cómo explicar que Abdalá hiciera todo lo que hizo para minar la credibilidad de la primera vuelta de la elección, creando así una situación inextricable para todos, para desistirse finalmente, porque las condiciones de una segunda vuelta honesta no estaban dadas, lo que todo el mundo sabía desde antes de la primera vuelta.
Por otra parte, si Abdalá obtuvo un buen resultado electoral, no logró coaligar la mayoría de los votos de las etnias no pastunes. De haberlo logrado, dado que los territorios de estas etnias tuvieron una participación electoral mayor que en los territorios pastunes, generalmente dominados totalmente o parcialmente por talibanes, tal vez hubiera podido ganar la elección. Y hacer la situación aún más inextricable, al añadir un nuevo motivo de enojo a los que ya enardecen a los talibanes.
Si actualmente es difícil encontrar una base de negociación con los "buenos" talibanes, con Abdalá en el poder hubiera sido imposible hacer un pacto con los pastunes, talibanes y no talibanes.
Así que, después de una elección inconclusa y denunciada como fraudulenta y muchas declaraciones, emisarios especiales más prestigiosos unos que otros, de juntas, presiones y negociaciones interminables, la administración Obama deberá, como la administración Bush, resignarse y trabajar con Karzai.
¿Se enmendará éste? ¿Qué podrá hacer en las condiciones actuales, que no hubiera podido hacer antes? ¿Gobernará con otros métodos que los que han utilizado inevitablemente todos los poderes que han ocupado el Ejecutivo en ese país hasta ahora? ¿Gobernará de otra manera sin cooptaciones, trueques de influencia y corrupción? ¿Podrá eliminar la corrupción en una economía totalmente permeada por el dinero de la droga? ¿Se conformarán los estadunidenses con lo que pueda o quiera lograr Karzai? ¿O, aunque resignados, seguirán debilitándolo con denuncias y exhortos vanos? ¿Podrá obtener la lealtad de las etnias no pastunes, y en particular la de los tayicos, que representa el doctor Abdalá? Todo esto está por verse.
En todo caso, se puede suponer que los ocupantes sintieron alivio cuando por fin se retiró Abdalá. Por lo que dan a entender, es imposible declararlo abiertamente, se concentrarán en apoyar -léase, obligar- a Karzai a ser eficaz en las cuestiones de seguridad y "apechugarán" el resto.
Después de haber enterrado las pretensiones de Bush de democratizar a Afganistán y toda ambición de "reconstrucción" del Estado afgano, los estadunidenses se limitarán a tratar de estructurar un Ejército suficientemente numeroso, equipado y motivado, para que ellos puedan irse a su casa.
Pero, como es bien sabido, hasta esto está en veremos.
mehcbv@email.com
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