Opinión / Columna
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Mario I. Alvarez Ledesma
Pensar al revés (El Peso de la Pluma)
Organización Editorial Mexicana
3 de noviembre de 2009
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Por razones que desconozco, las que seguramente deben tener una explicación sociológica o psicológica, en México somos muy proclives a atacar las consecuencias y no las causas, a tratar de paliar los efectos o los síntomas, dejando indemne la enfermedad, ignorando los orígenes de nuestras desgracias particulares y colectivas. Y esta actitud, hay que decirlo, no responde sólo a una forma de gobernar, es, prácticamente, una forma de vivir, caracterizada por una ausencia de reflexión profunda, de planeación, en suma, de una visión de futuro.
De lo anterior hay eventos nacionales más que palpables y que no generan otra alarma que la muy nacional interjección coyuntural (¡me lleva la...!, entre otras, claro) cuando nos damos cuenta que nos han vuelto a ver la cara.
No hay en lo inmediato mejor ejemplo que la recientemente aprobada alza de impuestos, sobre la que los legisladores y los sectores involucrados más afectados se trenzaron en una discusión cuyos resultados no dejaron satisfecho a nadie. Ni siquiera al propio gobierno, que logró un aumento a las tasas de algunas contribuciones para, mucha atención, salvar apenas la coyuntura que representa un déficit fiscal que todo el mundo sabía se veía venir con la baja de los precios del petróleo y una disminución sensible de nuestra producción. Lo grave del asunto es que ciudadanos, gobernantes y fuerzas vivas intuíamos, al menos, que el destino nos iba (¿o IVA?) a alcanzar y que no podríamos seguir viviendo eternamente de las bondades, a corto plazo claro, de una economía e ingresos públicos cifrados en el petróleo. ¿Qué hizo el sector productivo, las universidades o el gobierno mismo para evitarlo? Nada, por lo visto. Por eso, una vez más, se ha aprobado un paquete fiscal que le permite al gobierno atender el "agujero" en las finanzas públicas, con el propósito inmediato de, simplemente, sobrevivir: pagar los salarios de la burocracia, mantener un mediocre servicio de salud pública, una educación de cada vez menor calidad y servicios públicos propios de lo que somos, un país del tercer mundo con impuestos de uno del primero.
Otro ejemplo palpable es el problema de la seguridad pública y la lucha contra la delincuencia organizada. Debería movernos a reflexión cómo es que se hace apología, incluso radiofónica y televisiva, de las detenciones de capos o de las incautaciones de drogas, cuando nunca se nos dice nada de lo que debería constituir el esfuerzo central del problema: la prevención de delito y la lucha contra las adicciones. Si usted quiere asustarse, vea la parte del presupuesto que las secretarías de seguridad pública federal y de los estados dedican a los anteriores rubros. En efecto, prácticamente nada; otra vez, el esfuerzo y la atención central están dedicados a los efectos, no a las causas.
Precisamente por eso el futuro mexicano es el de la reproducción del círculo vicioso y por eso es que estamos destinados a repetir, pero cada vez con mayor patetismo, nuestros errores, nuestras eternas discusiones, nuestras endémicas preocupaciones -de las que no solemos pre-ocuparnos en serio-. Incluso las críticas que del estado de las cosas se hace con el paso del tiempo producen menos efecto y provocan menos mella: se trata de la misma y triste historia de siempre.
En mi criterio, el "secreto" consiste en pensar al revés, es decir, pensar en el futuro primero para luego saber qué es lo que tenemos que hacer en el presente. Preguntémonos, para entender lo anterior...
¿Cuántas universidades ofrecen a sus estudiantes planes de estudios que les permitan prepararse para tener éxito profesional -y con ello no entiendo sólo ganar dinero- cuando ingresen al mercado laboral? ¿Estamos entrenando efectivamente a los profesionales del derecho, la educación, la medicina para el México que habremos de vivir dentro de 25 años? ¿Alguien está pensando en el tipo de servicios públicos -considere sólo el tema del agua- que la capital del país demandará a 25 años vista? ¿Cuántos seremos, qué edad tendrá la población media, qué pandemias nos esperan, qué retos nos depara el futuro en materia de derechos humanos?
Si uno responde con seriedad a las anteriores preguntas y hace, para tales efectos, un ejercicio de prospectiva, no tendrá más remedio que concluir, conmigo, que hace mucho que debimos haber aprendido a pensar, precisamente, al revés.
El peso de la pluma
m.alvarezledesma@yahoo.com.mx
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