Opinión / Columna
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Juan Antonio García Villa
56 años de crónica ininterrumpida
El Sol de México
1 de noviembre de 2009
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Muy a tono con la Serie Mundial en que nos encontramos, con el título de "Tommy al Bat. 56 años de cronista de beisbol", acaba de aparecer un interesante libro escrito por don Tomás Morales. El tomo comprende 235 páginas de texto amable y coloquial lleno de muy bien escogidas fotografías. El título lo toma del nombre de la columna periodística, muy leída en el medio del beisbol mexicano, que su autor ha escrito a lo largo de medio siglo y en la actualidad publica diariamente en el Esto, de esta casa editora. Don Tomás, gran conocedor y apasionado del deporte que él llama monárquico, tiene entre otras credenciales el de miembro del Salón de la Fama del Beisbol Mexicano desde 1990.
Adictos y dependientes como somos del sistema decimal, pues de una u otra manera buscamos que todo lo importante sea cuantificado en decenas, o al menos en mitades de esta unidad de medida, ¿por qué entonces hacer un alto en el año 56, no en el 50 ni en el 55, para hacer un corte de recuerdos, anécdotas y vivencias de la crónica beisbolera? El propio autor nos lo explica así: "56 es un número mágico en el beisbol -dice-, ya que fueron 56 juegos seguidos de Joe DiMaggio conectando de hit en 1941, en 1956 los Diablos Rojos del México ganaron su primer campeonato en la Liga Mexicana y su primero y único en la Liga Invernal Veracruzana, fue también en 1956 cuando Mickey Mantle conquistó la triple corona y el 8 de octubre de ese mismo año Don Larsen tiró el juego perfecto en la Serie Mundial" ¿Será o no beisbolero don Tomás?
Con texto ágil y ameno nos da cuenta de la infinidad de cosas que en el rey de los deportes le ha tocado vivir y ser cronista (dice que ha visto "posiblemente millones" de partidos) a lo largo de 56 años. Nos habla en numerosas ocasiones de sus queridos Yanquis, de los cronistas de la pelota desde el legendario Buck Canel ("el mejor", según afirma), de los magnates en este deporte (el también legendario Jorge Pasquel, Alejo Peralta y demás), de los campeonatos y campeones de la Liga Mexicana, los grandes peloteros de nuestro país (Ángel Castro, Beto Ávila, Fernando Valenzuela, Vinicio Castilla, etcétera) y del extranjero (de los que su principal ídolo es Joe DiMaggio, aunque reconoce que Babe Ruth fue alguien fuera de serie, el único caso en que "un jugador ha sido más grande que el mismo beisbol"), las series mundiales (nada más ha estado en 40), la desastrosa gira de los Tigres por Japón en 1966. En fin, cientos de cosas que el buen aficionado leerá con delicia.
Un par de pasajes del libro impresiona. Ambos se refieren al retiro del diamante de dos grandes peloteros. Uno cubano, Martín Dihigo, sin duda, el mejor de todos los tiempos, y el otro mexicano, el gran Héctor Espino. De este último describe con mucha emotividad como fue su despedida en el Parque del Seguro Social y de qué manera le impactó a don Tomás al grado de provocarle llanto. En la página 40 nos narra la de Martín Dihigo. Dice que un día durante la temporada de 1947 "jugando el jardín izquierdo se dio cuenta en una mala tarde que ya no era la misma estrella de antes y en ese momento, durante el inning, decidió que mejor se retiraba. Al irse del jardín a la caseta tras caer el tercer out de la entrada tiró su guante a las gradas de sol y le dijo al aficionado que lo atrapó que se lo guardara, que ya no lo usaría más porque se iba a retirar".
Además del sabroso texto, el volumen incluye numerosas fotografías, todas espléndidas. En especial tres. Una que aparece en la página 62, que retrata en todo su fragor "la bronca (entre peloteros) más horrible en la historia de la Liga Mexicana", ocurrida en el Parque Delta el domingo 13 de agosto de 1950. Otra que capta una barrida en jom, donde el ampayer Ángel Zubieta se ve dando un salto descomunal para no ser arrollado por el corredor (p. 197) y una tercera que viene en la página 222, en la que aparece en todo su esplendor, atrás de jom y encima del graderío repleto de aficionados, el volcán Fujiyama cuando los Tigres se enfrentaron a los Gigantes de Tokio en la localidad de Shizouka, Japón, el 16 de marzo de 1966.
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