Opinión / Columna
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Enrique Hett
La utilidad de los talibanes (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
31 de octubre de 2009
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A la secretaria de Estado, que efectuó una visita a Pakistán, cargada de créditos y de reproches para el Gobierno, la recibieron los talibanes con un terrible atentado. Este asesinato de masa es una metáfora horrible de la situación creada en Pakistán desde 2001.
Durante su visita, Hillary Clinton declaró públicamente, cuando menos en dos ocasiones, que seguramente había alguien en el Gobierno paquistaní que tenía informaciones sobre el paradero de los principales líderes de al Qaeda. Expresó a continuación su sorpresa y después su consternación por que no se haya hecho nada para detenerlos.
Es difícil saber si fueron deslices verbales o afirmaciones deliberadas. La señora Clinton acostumbra declaraciones abruptas que después generalmente se corrigen o, al menos, se matizan, sin que la sinceridad de las enmiendas sea obvia.
Pero, la observación es indudablemente certera. El problema es saber a quién se dirige. Tratar al Gobierno paquistaní como si fuera realmente responsable de la seguridad, es incurrir en un error. El Gobierno y el resto de las autoridades fueron electas con todas las de la ley. Pero los que conocen un poco Pakistán, aseguran que las decisiones fundamentales en este rubro las sigue tomando, soberanamente, el Ejército.
Hay talibanes de ambos lados de la frontera entre Afganistán y Pakistán. Pero, si bien todos tienen el mismo nombre, pertenecen a la misma etnia Pastún, y comparten el mismo fundamentalismo islámico, no pertenecen a una organización única ni tienen los mismos objetivos.
Los talibanes afganos, que son los que esconden y protegen a los líderes de al Quaeda en sus bases en Pakistán, han adoptado una lógica de liberación nacional, o más exactamente de liberación del territorio afgano como los mujaidines que combatieron al ocupante soviético. Pero, los mueve, no solamente la voluntad de liberación e islamización radical de la sociedad afgana, si no también la afirmación de la supremacía Pastún en la totalidad de Afganistán.
El Ejército no los toca, sólo colabora al asesinato de los líderes de al Quaeda proporcionando informaciones puntuales a los bombarderos estadunidenses. Estos talibanes le son útiles al Ejercito porque garantizan que Afganistán no estará bajo influencia de la India, si no de Pakistán. Es todo, pero es esencial. Para que los ataque el Ejército sería necesario mucho más que presiones, amenazas de sanciones o regalos de Washington.
Los talibanes pakistaníes se han salido de su territorio y realizado ataques casi militares y un feroz terrorismo clásico. Pero, saben perfectamente que no tienen la fuerza suficiente para posesionarse del Estado, o siquiera para derrocarlo. Su objetivo es ampliar el territorio donde puedan gozar de la misma la autonomía política y religiosa que en las zonas tribales Pastún.
Por eso, el Ejército paquistaní ataca a estos talibanes, y a éstos exclusivamente: no le queda de otra. Han realizado feroces ataques fuera de su territorio tradicional, en la capital y otras grandes ciudades. Atacaron incluso directamente al Estado Mayor del Ejército.
El Ejército aunque quisiera, no puede plantearse erradicarlos ni siquiera de parte de su territorio. Pero es poco probable que lo quiera. Los utiliza contra la India, pero en Cachemir.
Por eso, al anunciar que su campaña es limitada, el Ejército está en realidad abriendo la puerta a una negociación eventual.
El acuerdo sería el de siempre. Un pacto más o menos secreto, como lo ha sido hasta ahora, que permitiría que a talibanes actuar como su fe les da a entender en la zona tribal y en Afganistán, pero los obligaría a abstenerse en el resto de Pakistán.
Que se queden en su zona, que posibilita, además, todo tipo de tráficos, en particular los más lucrativos: armas y drogas.
mehcbv@email.com
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