Opinión / Columna
 
Enrique de la Madrid 
El Premio Nobel en Economía 2009 y su importancia para el sector rural
El Sol de México
31 de octubre de 2009

  El pasado 12 de octubre, la Real Academia Sueca de las Ciencias otorgó el Premio Nobel en Economía a Elinor Ostrom y a Oliver E. Williamson. Con este galardón, Ostrom se convirtió en la primera mujer en recibirlo, aunado al hecho de que Ostrom no es economista sino politóloga.

Aún así, el punto fino en el premio de este año radica en que los premiados no pertenecen a la corriente de economía tradicional, conocida como Neoclásica, con la cual los economistas consideran que los agentes económicos buscan maximizar alguna función de utilidad, minimizando costos y sujetos a ciertas restricciones como el ingreso, el tiempo y los gustos. A grandes rasgos, supone que las variables se ajustan al mercado, a través de decisiones racionales que ejecuta cada agente económico.

En 1975, Williamson acuñó una nueva corriente denominada "New Institutional Economics". Si bien no rompe con la economía neoclásica e incluso se concibe dentro de este contexto, considera otras cuestiones fuera de mercado como normas sociales o legales e instituciones sociales.

Si bien Williamson estaba perfilado para ganar el premio desde hace ya varios años, Ostrom era casi desconocida. Pero su trabajo sobre el "gobierno económico" marcó una nueva forma de analizar el comportamiento de agentes económicos cuando están en una situación de bienes compartidos.

Ostrom analizó la forma en la que se organizan los individuos para producir y explotar ciertos recursos cuando la propiedad es compartida, es decir, se constituye un Gobierno económico. Demostró que bienes como bosques, recursos hidrológicos, áreas de pastizales y otros recursos naturales pueden ser administrados eficientemente mediante la propiedad común y la aplicación de reglas sociales que maximizan su uso de manera sustentable.

El fundamento del aprovechamiento eficiente de bienes colectivos dentro del modelo de Ostrom, radica en que considera variables como los compromisos, los valores, la reputación y otros factores sociales que maximizan el bienestar común. Así, esta perspectiva de la economía considera que dentro de una sociedad pequeña, la asimetría en la información sobre el estado de los factores productivos y los individuos es mínima y, por tanto, las decisiones tomadas colectivamente tienden a la eficiencia.

En el caso de los bienes comunes, el aprovechamiento se realiza de tal forma en que todos los miembros de la sociedad obtienen el mayor beneficio posible (equivalente en economía neoclásica al Óptimo de Pareto). Esto se debe al peso que tienen las normas sociales dentro de la comunidad y por una perspectiva de producción solidaria. Además, la producción sustentable y de largo plazo está fundamentada en la búsqueda de la preservación de las tradiciones y de la comunidad misma.

En nuestro país, la propiedad comunal es reconocida a los pueblos que ocupan un territorio que les ha pertenecido históricamente y, además, de vivir ahí, cuentan con tierras de producción, en las que se aporta trabajo solidario, y se toman decisiones en asambleas comunitarias.

Según el Censo Ejidal de 2007, el 8.1 por ciento de los núcleos agrarios del país está compuesto por propiedades comunales, por lo que existen más de dos mil 500 propiedades administradas bajo este régimen.

Sin duda los trabajos de Ostrom son relevantes para México al aportar una perspectiva diferente al paradigma tradicional de que una propiedad puede ser administrada de manera eficiente y sustentable sólo mediante una regulación gubernamental estricta o mediante intereses particulares. Es un reconocimiento a las formas de organización tradicional y un importante paso hacia la generación de políticas públicas acordes a la realidad local.

edelamadrid@financierarural.gob.mx
 
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