Opinión / Columna
 
De cara al Sol 
Andrea Cataño Michelena 
Totalmente Pirrurris
El Sol de México
30 de octubre de 2009

  Mientras el destino de nuestros bolsillos se está decidiendo en el Senado, donde se discute el presupuesto de ingresos, hay otros temas sabrosos, asuntos que a primera vista podrían parecer banales, pero que no lo son tanto, pues los detalles retratan siempre a la gente y nos la muestran tal como es.

Decía Albert Einstein: "Dar el ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera". Es cierto y este principio se aplica especialmente a los hijos. Independientemente del "equipo álmico" con el que cada individuo llega al mundo, lo que ve practicar a sus padres es el libro de texto que lo va a formar en la vida para bien o para mal.

En estos días se han visto dos muestras de lo que acabo de mencionar en dos hijos de prominentes figuras políticas, aunque de muy distinta índole. Uno, es Jean Sarkozy, de 23 años, estudiante de tercero de Derecho e hijo de Nicolás Sarkozy, presidente de Francia, quien ha levantado una gran polémica al aspirar a presidir la EPAD, el organismo público que regula y ordena el barrio de los negocios de La Défense, pegado a París. Sarkozy hijo, al que todos conocen como Junior, y cuyo padrino de boda es el amigo íntimo de Sarkozy, padre y actual ministro de Interior, Brice Hortefeux, debería hacerse con el cargo a principios de diciembre. Sustituirá a Patrick Devedjan, actual presidente y ministro del Relanzamiento Económico, que, al cumplir 65 años, debe, por ley, abandonar el puesto.

Aunque el joven ya ha incursionado en el terreno político como diputado provincial de la región de Hauts-de-Seine y concejal de la rica ciudad de Neulli, de la que su padre fue alcalde muchos años, la nueva presidencia del EPAD permitiría a Jean ejercer el poder en un territorio considerado como el corazón financiero de Francia. (¿Se acuerdan ustedes del nepotismo en épocas de José López Portillo?) Bueno, pues las feroces críticas al nepotismo del presidente Sarkozy se han dejado escuchar en todos los medios franceses, expresando su indignación porque el joven ni siquiera ha terminado sus estudios, no tiene experiencia profesional y no posee legitimidad para hacerse cargo de la dirección del complejo de La Défense. Como los medios de opinión allá tienen un peso tan grande, han logrado obligar al muchacho a renunciar a sus aspiraciones. Pero, claro, es el primer mundo.

Por aquí en Kafkahuamilpa la situación es muy distinta. Hace un par de días se dejó ver en una de las manifestaciones organizadas por el SME, la franquicia exclusiva propiedad de Martín Esparza, a Andrés Manuel López Beltrán, hijo del Legiti-Mito, con unos tenis de marca Louis Vuitton, de los cuales solamente hay veinte pares iguales en la ciudad y que cuestan la friolera de doce mil pesos. La incongruencia por supuesto motiva indignación, pero la estupidez, la duplica. El hijo del prócer de los pobres acudió a protestar por la pretensión de Hacienda de incrementar en dos por ciento el impuesto al consumo y de paso rechazar la extinción de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro.

Este pirruris, cual corresponde a todo chico "nice", tiene su página en Facebook, un prototipo de la tontería social con marca de lujo, donde afirma que le gusta pasear en yate (seguramente en él se lanza a pescar mojarritas para los pobres) y se retrata acompañado de pura niña de las que salen en Caras o Actual, dos publicaciones eminentemente proletarias. Andrés Manuel López Beltrán, quien si no fuera hijo de Andrés Manuel López Obrador, pasaría inadvertido entre los millones de jóvenes "wannabes" de la clase media mexicana, parece más interesado en la buena vida burguesa que en los ideales que persigue su papá. ¿Por qué será? Y aquí es donde vuelve a aparecer el asunto del ejemplo, porque las apariencias engañan.

Es posible que para despistar el Legiti-mito se transporte en automóviles austeros conducidos por choferes -remember Nico- con sueldo de directores de secretaría de estado (60 mil pesos mensuales). Para dar un discurso ante las huestes de desarrapados que en número ostensiblemente menor lo siguen a sus mítines, puede ir vestido con trajes de Boss y corbatitas de Hermés y relojes Cartier -al fin son marcas de interés social, ¿o no?- que en conjunto equivalen a varios sueldos mensuales de 4 mil 500 pesos, más de dos salarios mínimos, y quienes están cerca de él, como sus hijos, saben el valor de estos artículos y que, finalmente, al Peje le gustan los lujos. Nada tendría de particular que fuera aficionado a lo bueno, si en su discurso no fuera exactamente este tipo de artículos y estilos de vida los que más critica en otros.

El Peje tendría que reprender a su cachorro... pero quizá no tenga con qué cara reclamarle... seguramente le contestará: Papá, eso es lo que tú me enseñaste. Y ambos, queridos lectores, lo que enseñan son marcas de lujo y el cobre.
 
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