Opinión / Columna
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El Observador Parlamentario
Antonio Tenorio Adame
30 de octubre de 2009
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* ¿Un Congreso mediático?, posponen fijar impuestos por cuidar imagen
* El "poder de la bolsa", chocan partidos y fracciones interpartidarias
El mundo político se centra en el Congreso. Los desacuerdos entre las Cámaras, en torno al programa recaudatorio del Gobierno, abrió la oportunidad de valorar la función legislativa de fijar los impuestos: ese es el ejercicio del "poder de la bolsa".
El presidente Felipe Calderón, demanda a las empresas que más ganan "y rara vez pagan impuestos", pero los senadores, no escuchan, posponen el dictamen, condicionan su temporalidad y cuestionan las formas para transferir costos políticos.
Subyace una lucha por el poder, combinada con las luchas de partidos y a su interior un combate interpartidario.
Los gobernadores de los Estados, organizaciones empresariales, universidades y aún los actores cinematográficos, acuden ante los legisladores a convencerlos de evitar recortes a sus presupuestos, o bien que las tasas impositivas sean menos gravosas. El presupuesto es ante todo, un instrumento de negociación política.
Las desavenencias entre las Cámaras, así como entre los partidos -común en las democracias modernas- aun entre militantes de los partidos, dentro de la diferencia entre Congreso y Gobierno, describen un diagnóstico de una crisis política entre poderes, la que es oportunidad, también, para modificar y avanzar en la construcción de los consensos sociales.
La crisis en el Congreso es línea de transmisión que descifra que clase de Congreso es el que monopoliza la atención de los mexicanos.
* EL CONGRESO MEDIÁTICO ALEJA A LOS CIUDADANOS
El "Plan recaudatorio" de Carstens no es una reforma fiscal de fondo, simplemente aspira a cubrir un gasto gubernamental que ha perdido los fondos de su financiamiento.
Ha sido en el Senado donde se ha transfigurado la oposición a Hacienda.Coincide la oposición colaboracionista, del PRI, con la oposición abierta, en rechazar la minuta aprobada en la Cámara de Diputados. Es un acontecimiento poco común ya que la Cámara llamada alta, se le considera una "cámara revisora", es decir, moderadora de los excesos que pueda cometer la colegisladora. Por su función es potencialmente colaboradora del Ejecutivo. Hoy extrañamente, ocurre algo distinto.
Los radicalismos de los senadores son formales, corresponden a dos causas, no propiciar la imagen de ser los promotores del Plan, y diferenciarse ante la propuesta de los diputados que va marcada por la participación de gobernadores aspirantes al 2012.
El problema es de imagen, es mediático. Pero en el trasfondo surgen, como fantasmas, los aspirantes presidenciales.
En consecuencia nuestro Parlamento es mediático y electoral.
En el pensamiento de Jauame Guilamet, el Parlamento mediático sólo tiene ventajas para los partidos. Facilita su relación con el público, lleva directamente los políticos y sus mensajes a las salas de estar de los ciudadanos y, más allá de la función informativa, los incorpora incluso al esparcimiento familiar. No es seguro que contribuya a un mejor funcionamiento de la democracia.
Por el contrario auspicia el alejamiento de los ciudadanos, convertidos en el público cautivo de la política espectáculo.
En fin, que el Parlamento mediático propicia un periodismo de repetición, amplificación y acompañamiento, en demérito del análisis de los hechos, el contraste de las palabras, la verificación de las intenciones, el alcance de los actos y el balance de los programas de Gobierno.
No parece el mejor camino para garantizar la credibilidad entera de los medios y del sistema informativo, que puede verse arrastrada por el descrédito de la política.
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