Opinión / Columna
 
Enrique Hett 
Atacar para impedir la retirada (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
29 de octubre de 2009

  Se dijo en todos los tonos y en todos los medios que Estados Unidos había encontrado la solución en Irak gracias a su nueva doctrina estratégica denominada the Surge. La solución para salirse, si, pero de una manera que no sea demasiado indigna.

The Surge, como se explicó ampliamente, debía lograr dos objetivos. En primer lugar disminuir la violencia para permitir que las fuerzas iraquíes se hicieran cargo de la seguridad, o sea, la "irakisación" de la guerra. En segundo, lograr la reconciliación de los iraquíes, para que pudieran gobernarse solos.

La ilusión duró meses. The Surge permitió a George Bush terminar su mandato de una manera, en efecto, no demasiado indigna. Permitió comprar un poco de tiempo y mucha paciencia del electorado estadunidense. Sobre todo, permitió a Obama ganar las elecciones, al prometer una salida relativamente rápida de Irak.

Sin embargo, pronto se verificó que, si había efectivamente una reducción tendencial del número de atentados, estos eran mucho más graves.

La coyuntura actual es crítica, entre otras cosas, porque Obama debe decidir en estos días cuál será su estrategia en Afganistán, y para ello necesita saber en qué medida podrá disponer de unidades basadas en Irak.

Por otra parte, tras varias semanas de debate, el parlamento iraquí no logra ponerse de acuerdo sobre una ley electoral. Es una prueba, que la reconciliación no ha avanzado mucho.

Es el momento escogieron los que no están de acuerdo para impugnar the Surge de la manera más horrible.

Los gravísimos atentados de las últimas semanas, que culminaron -por ahora- el domingo pasado, con más de 155 muertos, ponen seriamente en duda la posibilidad de reconciliación y la irakisación de la seguridad.

Esos atentados, cuyo objetivo era hacer el mayor número posible de muertos y destrucciones, fueron dirigidos contra varios ministerios, es decir, contra símbolos de la soberanía del Estado.

Su desarrollo muestra que el Gobierno es incapaz de garantizar la seguridad hasta de sus propios ministerios. Pero, además, a menos de graves negligencias, que no deben excluirse, es inevitable sospechar que hubo complicidades a altos niveles de las fuerzas de seguridad.

El primer ministro Maliki, acusa a Al Quaeda y a miembros del antiguo partido de Sadam. Es lógico porque, pueden ser los responsables y, en todo caso, son los acusados ideales. Pero las divisiones son tan profundas, no sólo entre comunidades, sino en el seno de cada comunidad, y en particular de la chiíta, que todo es posible.

Sobre todo que, cualquiera que sea el objetivo inmediato de los atentados, sus autores no pueden ignorar que su primer resultado es mostrar claramente que la retirada estadunidense no es posible a corto y tal vez tampoco a mediano plazo.

En efecto, a mi manera de ver, dada la magnitud de los atentados, las circunstancias, y la coyuntura política iraquí y estadounidense, se deben privilegiar tres hipótesis.

Los autores intelectuales tratan de impedir la consolidación de la situación creada por the Surge para impedir que otras facciones o grupos se consoliden o se posesionen del poder.

O, si los autores son favorables o pertenecientes a Al Quaeda, tratan de evitar que unidades estadunidenses puedan ser transferidas a Afganistán para combatir a dicha organización y sus aliados.

O bien, tratan simplemente, de impedir la salida de las tropas estadunidenses. Ya sea, meramente, para hacerles más daño o impedir que sigan apoyando a los enemigos de los culpables.

Salta a la vista que, lo que comparten las tres hipótesis, es la voluntad de impedir el retiro estadunidense hasta que esté obligado, por su propia opinión pública, a retirarse sin dignidad, dejando una situación semi caótica en Irak y su entorno.

La peor de las derrotas.

mehcbv@email.com
 
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