Opinión / Columna
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Juego de palabras
Gilberto D'Estrabau
Fuera del triángulo, todo son Bermudas
Organización Editorial Mexicana
29 de octubre de 2009
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Si se dibuja un triángulo isósceles tomando como base el largo del arreglo floral que adornó el centro de la mesa del Sanedrín priísta que se reunió el pasado fin de semana, y se proyectan las líneas que se cortan hacia arriba, dentro del trígono resultante aparecerán cuatro caras, y sólo cuatro: al centro Beatriz Paredes, a su derecha Manlio Fabio Beltrones, a su izquierda Jesús Murillo Karam y en el vértice superior, Enrique Peña Nieto. Como las coincidencias no existen, y menos en política, y la sabiduría y experiencia políticas de los involucrados es pasmosa, debemos aceptar que aquí se trató de enviar un mensaje: a buen entendedor, con pocas efigies bastan.
Como usted probablemente recordará, hace algunos años alcanzó notoriedad el llamado "triángulo de las Bermudas", un área de poco más de un millón de kilómetros cuadrados, con sus vértices en las islas de Bermuda y Puerto Rico, y el floritense Fort Lauderdale. En esta área han desparecido cientos de barcos y aviones, y charlatanes, seudocientíficos y la media sensacionalista se encargó de promoverla como un lugar donde las leyes físicas no funcionan (una especie de México acuático, donde las leyes que cuestan miles de millones aprobar, y otros tanto vigilar y supervisar, o no se aplican, o se aplican con opaca discrecionalidad). En una palabra, el triángulo de las Bermudas era -o es- una zona donde se pierden cosas.
Un simple ejercicio de geometría polianalítica nos demuestra que el triángulo fotográfico a que nos hemos venido refiriendo no es un triángulo de las Bermudas.
Fuera de él, es posible que algo se extravíe o desaparezca.
Dentro de él, no se va a perder nada. Ni un impuesto, ni un congreso, ni -esto es lo más contundente- una presidencia.
* USTED TIENE NALGAS DE MUJER VIRTUAL
Cuando estas líneas se chipean, el tan efectivo como efímero protagonismo de la Cámara de Senadores ha hecho infelices a incontables millones, ensañándose con las pocas fuentes de alegría que le quedan al mexicano medio. Yo recuerdo que mi generación floreció entre tres grandes yacimientos de placer: sexo, chupe y rocanrol. Pero ya estábamos contaminados por Elvis y sucedáneos. El mexicano esencial, prístino, biométricamente identificable y digitalmente infalsificable, tenía las virtudes que han quedado inmortalizadas en el personaje "Juan Charrasqueado", quien era borracho, parrandero, jugador y júrelo usted que se echaba unas buenas brevas, si no sus clásicos de carita.
Hay un "Juan Charrasqueado" en el id del más trémulo paisano, listo para salir a los sones del mariachi, jugándose toda la quincena a un albur al conjuro del tequila, y listo para llevarse a las más bonitas. ¿ Y qué hacen los senadores?
Sin ningún respeto para idiosincracia y lo típico, le suben los impuestos a los alipuses, a los fumando espero y a los reinos del gran Birján. Lo que quede de Jorge y Pedro debe estar dando vueltas en sus tumbas como pollo en rostizador.
Impedidos por los esbirros del SAT de disfrutar en público de la gente los placeres de la mexicanidad, tendremos, para el juego, que refugiarnos en los solitarios de la computadora; para el humo, respirar el smog de la ciudad, y para los taguarnises, pos agarrarla de buró con lo más bara que haya en el súper. Al sexo no lo gravan todavía, pero ¿cómo ejercerlo sin vida social? ¿sin acudir al antro y revisar la antropología con el ojo medio cerrado por la niebla del malboro, los labios húmedos por los efluvios de Baco y Juanito el Caminador?
Los senadores nos condenan a ser analcohólicos, anicotínicos y anafortunados. Para el sexo, comprar un póster de alguna chava retetrespiedras, y corriéndole la mano, musitarle al oído de papel couché:
"Usted tiene nalgas de mujer virtual".
juegodepalabras1@yahoo.com.mx
gilbertodestrabau1.blogspot.com
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