Opinión / Columna
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Alejandro Díaz
Tráfico de drogas allende la frontera
El Sol de México
27 de octubre de 2009
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Medios de comunicación, y algunas celebridades, insisten en que para terminar con la violencia originada por el narcotráfico hay que despenalizar el consumo de unos o todos los estupefacientes y, por consiguiente, su comercio. Insisten en que ese fue el método por el cual se terminó con la matanza entre bandas rivales en el Chicago de los años 30, que ni los "intocables" de Eliot Ness lograron inhibir. Argumentan, además, que el consumo de drogas no va a detenerse por la simple acción policiaca y se seguirá incrementando. Afirman que se requiere una nueva actitud de la sociedad y de los gobiernos, decisión que va a tener que tomarse en todo el mundo, pero en especial en Estados Unidos, el mayor consumidor de drogas del planeta, y en nuestro país, por donde llega gran parte de la droga que ingresa a los mercados del mayor país consumidor.
El mercado de drogas en los países industrializados es enorme. Supera el Producto Interno Bruto de más de 100 países. Un alto número de usuarios reales y potenciales con suficientes ingresos garantiza el futuro de este mercado, y es tan atractivo que miles de proveedores intentan abastecerlo a pesar de la prohibición de producción, transporte, comercialización y uso que existe en prácticamente todo el mundo. Un atractivo mercado en el que se ha desatado una feroz competencia que produce altísimos niveles de violencia tanto en los países productores (ejemplo: Colombia) como de tránsito (México y Guatemala), pero no al interior de países consumidores.
A pesar de que las grandes cantidades de droga que consumen los países desarrollados son mayores que las que importan -esos países también cuentan con producción doméstica-, el nivel de violencia a causa de la droga es mínimo. No tienen violencia ni en zonas de cultivo, de producción o en rutas de abastecimiento terrestre o marítimo dentro de su territorio. Hay poca violencia a causa de la droga en Europa, Estados Unidos, Japón y Australia, porque la violencia sólo se da en distintas islas del Caribe, en Centroamérica y en México, aunque recientemente se ha comenzado a dar también en los países del golfo de Guinea, en África, por donde pasa la cocaína de paso a Europa.
Es notable que los caminos violentos de la droga cesen siempre a las puertas del mundo industrializado, sin penetrarlo, a pesar de que la droga sí cruza sus fronteras. Como es lógico pensar que en ese mundo hay competencia por ganar los mercados del narcomenudeo, es posible pensar -como en los cuentos de los años setenta- que hay tres versiones: la del bueno, la del malo y la del feo.
La del bueno nos habla de que la ausencia de violencia se debe a que la acción de la policía inhibe a los cárteles, impidiéndoles luchar entre sí abiertamente. Además de que no sólo están los cuerpos policíacos bien preparados para combatir el crimen, también están bien pagados para dificultar la corrupción; finalmente, cuentan con un eficiente sistema judicial y carcelario que en verdad protege a la sociedad, y que opera abierto a la inspección pública.
La versión del malo dice que el mercado está dominado por un grupo tan poderoso que nadie osa competirle; que su capacidad de abastecer el mercado impide la competencia, y los distintos niveles gubernamentales prefieren tolerarlo porque lo consideran un mal menor. Una especie de pacto social que garantiza la paz y la calidad de las drogas suministradas. Más o menos lo que vivió México en administraciones anteriores.
La versión del feo argumenta que el grupo no sólo es tolerado por los distintos gobiernos sino que es activamente protegido por algunos cuerpos policíacos, en una extensa red de corrupción que sólo persigue a quienes intentan competir con el grupo dominante.
Desgraciadamente, la reciente detención de más de 300 miembros de la "Familia Michoacana" en Estados Unidos pareciera confirmar esta última versión. No parece aceptable que después de casi 4 años de investigaciones sólo hayan atrapado a miembros de esa "Familia" y no de otros que lo han realizado por décadas. Mil 200 miembros sospechosos cayeron en los brazos de la ley, y todos miembros de esa "Familia". No se anunciaron arrestos de delincuentes pertenecientes a otras bandas, aunque seguramente han distribuido droga antes que la "Familia" llegara.
Ojalá y este razonamiento esté equivocado.
alediaz@elsoldemexico.com.mx
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