Opinión / Columna
 
René Arce Islas 
Los retos frente al Congreso nacional
El Sol de México
27 de octubre de 2009

  El PRD se encuentra en los preparativos de su próximo Congreso Nacional. En ese contexto, resulta ineludible hacer una revisión meticulosa al interior del principal partido de izquierda en México, ello con el fin de conocer y reconocer los errores que lo han arrastrado a la crisis que vive y así poder plantear posibles soluciones viables, pero también reales, que permitan posicionar a este instituto político como una opción generadora de los grandes cambios que el país necesita.

A lo largo de los 20 años de historia del PRD, no hemos aprendido de nuestros errores para corregirlos y sacar enseñanzas; pero no sólo es eso, también pareciera que no se quiere mejorar para poder representar una izquierda moderna, acorde con los vertiginosos cambios que vive el mundo. Todavía se procede como la izquierda reaccionaria en la época de la represión. Los tiempos son otros.

En este proceso rumbo al XII Congreso Nacional es tiempo de propiciar procesos reflexivos que generen modificaciones profundas, tanto al interior del PRD, como en la parte externa, en su interacción con la ciudadanía, la sociedad, las instituciones, etc.

Uno de los principales problemas del PRD se localiza en su débil institucionalidad partidaria, generada por su modelo originario, mismo que no le ha permitido alcanzar un nivel óptimo de institucionalización. El endeble modelo organizativo del partido ha sido causante de algunas de las crisis más graves del perredismo, las cuales se han originado durante los procesos de renovación de la dirigencia y en la selección de sus candidatos.

Si el PRD quiere ser una opción para la ciudadanía, tiene que cambiar su modelo organizativo, para ello habría que plantearse alternativas para atender algunos de sus problemas como: garantizar una inclusión real de la fuerza política y electoral a la toma de decisiones y la representación de militantes, dirigentes y expresiones; acabar con los endebles y simulados procesos de afiliación al partido, para que ésta no sea un instrumento utilizado internamente para la construcción de mayorías en determinada elección; sobrevivir únicamente del financiamiento público (prerrogativas), olvidando las fuentes internas provenientes de las cuotas de sus militantes, dirigentes y representantes; propiciar los acuerdos en la toma de decisiones, en lugar de regirse por la institucionalidad y predicar la cultura de la legalidad; preferir la dependencia de los órganos técnicos en lugar de dotarles de mayor autonomía, recursos y facultades para obtener credibilidad; extraer del olvido a la base del partido e incluirlos en los procesos de toma de decisiones y representación.

Asimismo, para el próximo Congreso Nacional está la propuesta de analizar la conveniencia de transformar al PRD en un Partido-Frente. Esta propuesta tiene una lógica coherente si partimos del reconocimiento de que a 20 años de fundado el partido no se alcanzó la identidad política e ideológica de sus afiliados y éstos ya sea en su carácter de militantes, dirigentes o representantes, mantienen un fuerte sentido de pertenecía hacia la expresión de la cual forman parte. Es decir, primero se asumen como miembros de una expresión y después como perredistas. En consecuencia, lo que se plantea es formalizar jurídicamente dicha situación estableciendo un nuevo modelo organizativo de partido que considere la transformación de los procesos degenerativos anteriormente descritos en un nuevo esquema organizativo.

La propuesta de crear un Partido-Frente surgió hace unos meses, pero no es ninguna novedad; esta modalidad de convivencia política se ha desarrollado exitosamente en algunos países de América Latina, entre los que destacan Uruguay y Perú. La experiencia de esos países latinos, y de otros europeos, requiere un análisis profundo que permita contextualizar la experiencia del PRD y sacar conclusiones, propuestas, acciones.

De ahí la importancia del próximo Congreso Nacional y las perspectivas que se plantean para el PRD. La propuesta de un nuevo modelo organizativo, donde reconozcamos nuestros orígenes desde la fundación del PRD, ayudará a que no sigamos autodestruyéndonos como partido, sino por el contrario, que nos reconozcamos y luchemos por tener un instituto político que represente los verdaderos ideales de la izquierda moderna y de la gran mayoría de los mexicanos.
 
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