Opinión / Columna
 
El Observador Parlamentario 
Antonio Tenorio Adame 
23 de octubre de 2009

  *Honores a don Belisario y olvido de otros. Senado omiso

*Al PRI le falta legitimar su pasado de violencia

El Presidente de la República asistió al Senado a la entrega de la Medalla Belisario Domínguez a don Antonio Ortiz Mena, In Memorian. Es la única ocasión en darse la reunión de los tres poderes.

En San Lázaro los electricistas protestaban ante la comparecencia -que luego fue suspendida- dentro de la Glosa del Informe (¿?), del secretario de Trabajo, Javier Lozano Alarcón. Con o sin propósito sirvió de distractor.

Con la exaltación de la memoria del senador chiapaneco se recupera su grandeza ciudadana ante su sacrificio, se trata de un justo reconocimiento, pero a su vez se margina a otros legisladores que suprimió la dictadura de Victoriano Huerta, como Adolfo Gurrión, Serapio Rendón, entre otros más, como Francisco Field Jurado inmolado por oponerse a los Tratados de Bucareli. Todos próceres del Congreso y de la separación y división de poderes basado en la libertad de expresión y las libertades cívicas.

* LOS SENADORES MORENO Y BELTRONES

En su momento, la senadora del PRI, María de los Ángeles Moreno destacó la importancia del "Padre del desarrollo estabilizador" que instrumento Ortiz Mena, "como un crecimiento constante, con estabilidad, que favoreció condiciones sociales para todos los mexicanos".

La entrega de la máxima presea ha llegado a buen destino. Don Antonio Ortiz Mena fue ciudadano sin tacha, y político de visión de futuro que suprimió ambiciones de poder personal a favor de la construcción de la economía nacional y bienestar social.

Porque evocar su nombre en tiempos de crisis, es añorar las tasas de crecimiento y de bienestar del pasado y lanza el reto de un futuro posible.

El discurso de los senadores lo pronunció con toda solemnidad, el senador Manlio Fabio Beltrones. La hipérbole de la oración se enfocó a don Antonio como "alter ego", en el que su mención volvía para tornar y apropiarse de ella.

Cuando se califica como "hombre de Estado" que actuó sobre los intereses personales, se hace contraste con la carencia de visión de futuro del actual gobierno.

Y sitúa al Senado en el centro de la atención cuando se menciona su actividad frente a la crisis. ¿Qué hacer para volver a crecer? se preguntaba el senador Beltrones para promocionar al Senado y responde con el rechazo de medidas asistenciales. Clamó por un Estado responsable, "dejar el gobierno de las divisiones", un "gobierno de decisiones fuertes por el bien del país".

El senador sonorense lució en todo su esplendor cuando hizo gala del pluralismo partidario que expresaba la sesión solemne, al mencionar a todos los actores procedentes de un partido, sólo le faltó mencionar a quien sería el recipendiario directo, Antonio Ortiz Salinas, como la representación de la "ciudadanía" que ha sido excluida por la partidocracia invocada como plural.

Antonio Ortiz Salinas ha sido funcionario del Gobierno de la Ciudad jefaturado por Cuauhtémoc Cárdenas, quien en su discurso ahondaría en la grandeza política de su progenitor. Tanto su formación en el "ámbito familiar y cercano a los grupos sonorenses, sensible a la lucha revolucionaria".

* METÁSTASIS DEL PODER AUTORITARIO AL DEL PODER CIVIL

Ambos personajes, hoy homenajeados, viven en la memoria de la nación. No obstante, en política no existen coincidencias. El PRI reconstruye su imagen en el rescate de los recuerdos.

Se diría que de los 53 ciudadanos receptores de la medalla, la mayoría corresponde al partido tricolor. El vértice de confrontación es a partir de los años de 1968, cuando se puso a prueba el autoritarismo presidencial, así como luego de la segunda mitad de la década de 1970 cuando declinó el crecimiento económico.

Desplazado de Los Pinos, el PRI reconstituye su entorno electoral pero le falta enderezar su maltrecha armadura de legalidad y legitimidad para mostrar el rostro de un nuevo y readecuado partido político para el México del futuro.
 
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