Opinión / Columna
 
Por Correo Electrónico 
Nostalgia por don Antonio Ortiz Mena
Organización Editorial Mexicana
23 de octubre de 2009

  Los mexicanos sentimos envidia y no "de la buena", porque ésa, no existe. La envidia es el dolor por el bien ajeno.

Nuestra envidia es nacional, porque quién sabe cuándo y quién sabe cómo, dejamos de ser un referente regional, el país del "milagro" del desarrollo estabilizador.

Amanecimos al siglo XX no en 1901, sino en 1910. Y terminamos el siglo XX con lo que prometía ser una transición democrática y resultó apenas una alternancia de partidos, cuyos resultados están a años luz de las expectativas.

Hace cincuenta años, nos dábamos el lujo de presentarnos como un modelo de modernización. A partir de 1940, se forjó un modelo económico que, aprovechando las oportunidades brindadas por la Segunda Guerra Mundial, permitió al país usar los recursos naturales para crear el excedente suficiente como para pasar de una economía predominantemente agrícola y extractiva, a una industrializada y con sustitución de importaciones.

México fue uno de los pocos países que, tras la Segunda Guerra Mundial, podía presumir de un crecimiento sostenido a un ritmo del 6.6 por ciento.

El extraordinario desarrollo del país fue reconocido en todo el orbe, de suerte que un mexicano fue el segundo director de la UNESCO, de 1948 a 1952: Don Jaime Torres Bodet.

Detrás de dichos logros había una pléyade de abogados y economistas -como Víctor L. Urquidi y Josué Sáenz- cuyos talentos se conjugaron para crear un modelo de desarrollo que, basado en las ideas keynesianas, se ajustaba a las condiciones de la revolución institucionalizada.

Durante la gestión de Don Eduardo Suárez como secretario de Hacienda, de 1935 a 1946, se sentaron las bases de lo que habría de ser el desarrollo estabilizador, a partir de un proceso de industrialización para la sustitución de importaciones.

Los dos secretarios de Hacienda subsecuentes, Ramón Beteta y Antonio Carrillo Flores, proseguirían la misma línea, hasta que en 1958, don Antonio Ortiz Mena fue designado para el cargo por el presidente Adolfo López Mateos y con él, llegó plenamente el desarrollo estabilizador, doce años que constituyeron la época dorada de la economía mexicana.

La derrama económica posible gracias a un crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) a una tasa promedio del 6.6 por ciento y con inflación controlada al 2.5 anual, permitió una importante estabilidad social ascendente a través de la dotación de bienes y servicios.

En 1964, la economía mexicana creció a una tasa del 11 por ciento. El éxito de las medidas económicas promovidas por don Antonio Ortiz Mena fue motivo para que llegara a la presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo, cargo que ejerció durante casi 18 años.

Hoy, bajo condiciones dramáticas de recesión económica, con inflación y desempleo, el Senado de la República le otorga, post mortem, la Medalla Belisario Domínguez.

El legado principal de Ortiz Mena fue el haber dado soluciones a los problemas desde una visión nacionalista y desde una ética humanista. Esa fue la clave de su éxito y, en el fondo, la razón por la que se le rinde homenaje.

Quizá la actual desorientación económica se deba a la pérdida de los valores nacionales que sustentaban la conducción económica.

Es innegable que la élite de economistas en el país, han recibido una educación esmeradísima en términos técnicos; sin embargo, al dar un seguimiento a las actuales decisiones tomadas en materia económica, se percibe que éstas reflejan un menor apego a la realidad nacional y una mayor sintonía con los esquemas economicistas globales.

Perdieron contacto con lo microeconómico, con las necesidades de la gente de a pie y aplicaron las recetas ortodoxas de los organismos financieros internacionales, con una limitada sensibilidad social.

Hoy envidiamos a Brasil, que ya ocupa el lugar de México como hegemonía regional y su economía crece a un ritmo de 3.5 por ciento en tiempos de crisis; envidiamos a Chile, porque monopoliza la inversión extranjera y crece a un ritmo del dos por ciento. Envidiamos a Venezuela, porque sabe qué hacer con su excedente petrolero, y hoy crece a un ritmo de 4.5 por ciento.

Ni en sueños nos podemos comparar con Estado Unidos y Canadá. Hoy vivimos una de las crisis más profundas, una recesión no vista desde 1932.

México dejó de ser modelo para el mundo y se convirtió en un país influido por las ideas ajenas. En los últimos nueve años no hemos avanzado, sino que vamos para atrás. Somos el país con el peor desempeño económico en América Latina.

Antes, el mundo veía a México, hoy ve a Brasil. Pero quizá lo más preocupante es que no tenemos a un don Antonio Ortiz Mena para sacarnos del atolladero y poner en orden las finanzas públicas. Hay nostalgia por don Antonio y temor por el futuro.

¿Por qué los funcionarios que tienen la responsabilidad de conducir la economía nacional, no adoptan modelos económicos con soluciones propias? ¿Los actuales funcionarios carecen de ideas nacionalistas? ¿Qué les falta a quienes manejan la economía nacional?
 
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