Opinión / Columna
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Enrique Hett
Democracia sin demócratas (El mundo al vuelo)
Organización Editorial Mexicana
22 de octubre de 2009
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Habrá una segunda vuelta el cuatro de noviembre. Enfrentará al presidente Hamid Karzai y a su exministro de Relaciones Exteriores, Abdalá Abdalá. La Comisión electoral competente, tras anular votos que consideró fraudulentos, invalidó la aparente victoria de Karzai. Este aceptó el veredicto.
Fueron necesarios seis meses y más de 250 millones de dólares para organizar la primera vuelta. Todo el mundo pudo comprobar, incluso antes del conteo y reconteo de votos que, a pesar de los esfuerzos realizados, no se logró que los comicios se desarrollaran con credibilidad.
¿Qué se puede esperar de elecciones organizadas en sólo 18 días, en condiciones de seguridad y climáticas aún más difíciles? Por no decir nada de las condiciones políticoelectorales, que también serán peores a causa de la anulación.
Es absurdo, en una sociedad que se define por su etnicidad y su tribalismo, anular los votos de casillas en las que un candidato obtuvo 95 por ciento de la votación.
Que una comunidad tribal vote como un solo hombre es común. No tiene nada que ver con la democracia representativa, pero la sociedad afgana tampoco. Ya varios jefes de tribu amenazan con no ir a votar de nuevo.
El procedimiento es esencial en la democracia. Pero en un país donde ésta está inevitablemente falseada por factores intrínsecos de la sociedad, este respeto puntilloso de las formas será interpretado por muchos afganos como una tentativa para legitimar a un Presidente que perdió su legitimidad por su manera de gobernar y que sin embargo es el único realmente "elegible".
Karzai será reelecto aunque haya fraudes y todas las vueltas que se quiera, porque es el único líder pastún que pueden aceptar los pastunes y los estadunidenses, que es lo único que cuenta realmente.
Políticamente, el que Karzai haya aceptado la invalidación de su victoria, será interpretada por muchos como sumisión a los EU. Lo cual aumentará su falta de legitimidad.
En realidad, una vez anulada la elección por fraude, no tenía otra opción. Renunciando a sus principios tan cacareados, los occidentales le propusieron encontrar una fórmula para compartir el poder con su rival Abdalá.
Desde luego Karzai rechazó la oferta. No hubiera ganado legitimidad y hubiera perdido poder. Abdalá tenía todo que ganar.
Éste, hizo todo lo necesario para quitarle credibilidad a la elección antes, durante y después de que se desarrollaran -no es necesario ser un gran analista para saber que habría fraudes masivos-.
Anunció que no se conformaría, que actuaría como los iraníes inconformes. La finalidad de su maniobra parece ser imponerse, aunque sea en un Ministerio.
A menos de que sea un gran defensor de la democracia, porque, de hecho, con su inconformidad no defiende sus posibilidades de llegar a la Presidencia. Porque no tiene ninguna. Abdalá no puede ser electo, por una razón simple: es un tayico y no un pastún.
De ser electo, la gran mayoría de los pastunes se adheriría a la causa a los talibanes y otros insurgentes. El no reconocimiento de lo que los pastunes consideran su derecho histórico de gobernar Afganistán, fue la principal causa de la sangrienta guerra civil que desgarró a Afganistán entre el fin de la dictadura procomunista y la intervención de EU. Para esas fechas, los talibanes controlaban prácticamente la totalidad del territorio.
La manera como se entrelazan en Afganistán la identidad religiosa y la identidad étnica más acá y más allá del sentimiento nacional afgano, es una de las grandes fuerzas y de las terribles debilidades de los afganos. Pueden unirse contra el extranjero, o contra el infiel, pero la lucha por el poder los opone enconadamente.
Obama, quien heredó la compulsión de transformar en demócratas a quienes no pueden serlo, haría bien en tenerlo en cuenta.
mehcbv@email.com
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