Opinión / Columna
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Los Grandes Días
Manuel Mejido
Ser y parecer
Organización Editorial Mexicana
22 de octubre de 2009
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* Continúa la pasarela en el Senado para presidir la CNDH
* Moctezuma Barragán propone acercar la Comisión al pueblo
* Laveaga plantea convertirla en vigilante gubernamental
El nuevo presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) necesita vivir en casa de cristal y, para su elección, recordarse las normas romanas referentes a la honorabilidad sobre la mujer del César, que no sólo debería ser honrada, sino parecerlo.
Las constantes violaciones a las garantías individuales cometidas por policías y militares contra civiles, ocasionadas por la ligereza con que se les recluta, dieron mayor importancia a la designación del sucesor de José Luis Soberanes. Especialmente porque el Gobierno de la República cometió la torpeza política de enviar a los militares a las calles.
Para aspirar a presidir la CNDH, la sociedad civil propone al Senado a personajes de reconocida trayectoria en la lucha contra violaciones a las garantías individuales.
Numerosas organizaciones no gubernamentales nominaron a Javier Moctezuma Barragán para ocupar la presidencia de la Comisión Nacional de Derechos Humanos. A la propuesta de las ONGs se sumaron distintos senadores de todos los partidos porque reconocen su capacidad e inteligencia en el desempeño de puestos públicos y que desciende de una familia honorable y democrática por tradición. Entre sus miembros hay hombres de izquierda, centro y derecha, que vivieron su niñez e infancia bajo el mismo techo. Todos responsables e inteligentes.
La ideología de Moctezuma Barragán se formó dentro de la convivencia con toda esa gama del espectro político y social familiar, que demostró el martes pasado durante su comparecencia ante las comisiones unidas del Senado que decidirán la terna de candidatos a ocupar la comisión.
El exsecretario ejecutivo de la CNDH mostró su conocimiento de la realidad actual, al señalar que: "México afronta una situación compleja. Pasamos por una grave crisis económica que ha impactado las políticas sociales y, por ende, las condiciones de vida de la población. La inseguridad pública, la lucha contra el crimen organizado, las desapariciones forzadas, la marginación de los pueblos indígenas, los flujos de migrantes hacia la frontera norte, la iniquidad de género, la discriminación, la indefensión de los grupos en situación de vulnerabilidad, la falta de inclusión de personas con discapacidad y de los adultos mayores, la explotación infantil, el deterioro ambiental, la violencia contra las mujeres, los asesinatos de periodistas y luchadores sociales, el hacinamiento y la violencia en las cárceles son algunos de los problemas que se padecen en nuestro país..."
De igual manera, Moctezuma Barragán advirtió la urgencia de acercar el trabajo de la Comisión Nacional de Derechos Humanos a la ciudadanía, mediante procesos transparentes y con austeridad y ética republicanas.
Para conseguir que la CNDH responda a los cambios que demanda el siglo XXI, se requiere que su presidente trabaje de cara a la sociedad, que tenga capacidad para ejercer un liderazgo real, con experiencia, constancia, independencia, imparcialidad pero, sobre todo, con sensibilidad social.
Al cuestionársele sobre la posibilidad de preservarse o derogarse la facultad investigadora de la Suprema Corte de Justicia, establecida en el segundo párrafo del artículo 97 constitucional, Moctezuma Barragán se expresó a favor de su abrogación porque, después de investigar una presunta violación a los derechos humanos (como ocurrió en los casos de Aguas Blancas, del conflicto magisterial en Oaxaca o del incendio en la guardería de Hermosillo -Sonora-) "¿cómo dejamos al máximo tribunal de la Nación dar recomendaciones que pueden o no ser acatadas?"
Otra de las ponencias que llamaron la atención fue la de Gerardo Laveaga Rendón, director del Instituto Nacional del Ciencias Penales (Inacipe), quien señaló que "la CNDH no puede ser enemiga del Gobierno, pero sí vigilante, consejera y en última instancia ser severa crítica del mismo..."
Rosario Ybarra, presidenta de la Comisión de Derechos Humanos en el Senado, se mostró inconforme cuando Laveaga Rendón se propuso para ser un "interlocutor de todos los actores políticos". El rechazo de la senadora fue mayor cuando el partido Verde Ecologista expresó públicamente su apoyo al exdirector de Prevención del Delito capitalino. Doña Rosario supo dar la cara airosamente por la comisión de senadores.
Conforme transcurrían las presentaciones de las ponencias, ocurridas entre el pasado lunes y ayer, se advertía quiénes tenían posibilidades reales de continuar en la contienda por ocupar la presidencia de la CNDH.
Representantes de diversos Organismos No Gubernamentales mostraron su rechazo a las propuestas de Luis Raúl González Pérez, el exfiscal para el caso Colosio (que nada logró resolver en ese cargo), por su rechazo a la despenalización del aborto y su posición ultraderechista.
Hubo otros candidatos que, a pesar de su experiencia, nada tenían que hacer. Tales son los casos de Raquel Nájera Rangel, quien centró su plan de trabajo en la defensa del medio ambiente, o de Francisco Jasso Méndez, que divagó al responder las dos únicas preguntas hechas por los senadores.
Antes del próximo lunes, los legisladores deberán presentar ante el pleno la terna a presidentes de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos. El trabajo que deberá realizarse los próximos cinco años será trascendental para la vida democrática y de legalidad que se pretende en México y que ahora pende de un hilo o de la voluntad autocrática e indefinible de los militares.
mejido@elsoldemexico.com.mx
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