Opinión / Columna
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Pablo Marentes
Ciclos
El Sol de México
21 de octubre de 2009
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Habrían llorado. Todos dedicaron lustros, decenios, al exhaustivo análisis de los agregados económicos de la segunda década del siglo XIX a la última del XX, para desentrañar el misterio recurrente: el misterio de los ciclos económicos.
Si Kondratiev, Schumpeter, Kuznet, Kitchin y otros, hubieran leído las notas que publicaban las secciones de finanzas, y escuchado las descripciones técnicas que hacían los comentaristas para explicar las bondades de los títulos y certificados provenientes de los fondos "protegidos" -los hedge funds- hubieran descubierto que la especulación es la causa de los ciclos. Y hubieran llorado al darse cuenta del largo tiempo desperdiciado.
La gente se queda sin trabajo y disminuye el consumo y la producción, como consecuencia de las malévolas, las deshonestas actividades de quienes determinan desde sus oficinas el sube y baja de las cotizaciones. Los especuladores son asaltantes, iguales a los que actúan en la penumbra. Son perpetradores de fraudes maquinados.
Los acreditados por los hedge funds, al recibir el préstamo se lo gastaron en guantes, coches y flores, en apostar, en beber, en polvo, en humo, en un buen olor: las mercancías que los exquisitos consumen y se ponen los sublimes ridículos: los destructores de los ahorros disciplinadamente efectuados por quienes trabajan y contribuye a producir y distribuir cosas reales, verdaderas que permiten vivir y reproducir el proceso de producción, empleo y creación de fuentes de pagos.
Los Broad Banks, son esas trampas insondables que surgieron a partir de que el presidente Clinton derogó las leyes Glass-Steagal que mantuvieron separadas, desde 1933, las actividades bancarias comerciales y de crédito, de la banca especulativa. Los Broad Banks ocultan tras sus pétreas fachadas grandotas, los negocios oscuros, los negocios financieros.
El antecedente de la crisis que hoy vive el mundo, es la que se inició en marzo de 1907. Fue de tal gravedad que la Secretaría del Tesoro, acompañada por los bancos de J. P. Morgan, entró al rescate del sistema financiero estadunidense en proceso de colapso. Poco tiempo después fue creada la Reserva Federal, ese conjunto de bancos privados que funge como banca central en Estados Unidos, el consorcio autorizado para emitir moneda y establecer las tasas de interés bancario.
El pánico de 1907 lo provocó el retiro de dinero y consecuente quiebra de un tipo de organización bancaria que operaba con pocos reglamentos y controles. Era el Trust Bank -el banco de fideicomiso- inventado por John D. Rockefeller. Ese banco tuvo su equivalente en 2006 y 2007: los hedge funds, los fondos protegidos, protegidos con inexpugnables muros que impedían que alguien se asomara a ver de lo que estaban constituidos.
Del desastre económico que esos fondos provocaron, se recuperan algunas economías. Las periféricas como la nuestra, no tienen horizonte de alivio. Pero es necesario que el mundo se prepare para enfrentar el siguiente embate. Ya fueron inventados los fondos oscuros: "dark pools", conjuntos de fondos que operan fuera de la Bolsa de Valores de Nueva York. Los dark pools propician que el gran tablero se desintegre en mil pedazos. Los especuladores, apoyados por los grandes bancos y sus fondos de inversión, han creado mercados rivales privados que se enfrentan a la bolsa de la calle Wall. Y esos fondos no tienen controles. Son invisibles. Permiten a los sofisticados especuladores comprar y vender enormes cantidades de acciones en secreto y a velocidad de relámpago, sin que nadie se entere. Así ocurrió con los hedge funds. Sus consecuencias las seguiremos viviendo. Ya viene la siguiente ola especulativa: irreductible, irrefrenable, sin control, sin reglamento.
El establecimiento de controles a la especulación será impracticable. Un banquero mexicano de abolengo, decía con tristeza que el nombre del juego hoy es el dinero, el dinero y más dinero. El sistema económico de aquí, explicaba, está diseñado para ganar dinero, dinero y más dinero. No está hecho para crear trabajo. Si para ganar más dinero se necesita crear algunos empleos, se crearán. Pero el propósito es el dinero. Únicamente el dinero. Kondratiev, Schumpeter, Kuznet, Kitchin y otros habrían llorado al enterarse.
ticobrae@gmail.com
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