Opinión / Columna
 
Rosamaria Villarelo Reza 
Niños migrantes. El informe de Margarita Zavala
El Sol de México
21 de octubre de 2009

  A Mircea, porque todo lo que se propone lo consigue; los logros y éxitos son un compromiso mayor con la sociedad.



Con la inauguración de la Semana Nacional de Migración 2009, inaugurada por Margarita Zavala, se ventila públicamente y con otra dimensión el problema de los niños migrantes. Es un asunto mayor; pero como otras muchas cosas en México dejamos que se agravara con consecuencias mayores y algunas irremediables.

Hace buen tiempo -y una disculpa por la referencia personal- junto con otros colegas decidimos tomar el tema migratorio como centro de nuestros estudios y reflexiones de las causas y efectos que implicaba la fuga de mano de obra en todas sus dimensiones. Alertamos, desde hace más de 20 años, que de no controlarse la descomposición social y familiar, por la ausencia del padre y en tiempos más recientes inclusive de la madre, se dejarían muchas secuelas y a la deriva a los hijos, cuando no había familia cercana que los cobijara.

Seguimos insistiendo y por fortuna aumentaron y surgieron nuevas organizaciones de las llamadas no gubernamentales que comenzaron a tomar la estafeta de la atención primero de los adultos que eran regresados de Estados Unidos y de los que no lograban atravesar la frontera y se estacionaban principalmente en los estados de Baja California, Chihuahua, Sonora.

La migración de infantes se veía como algo excepcional y no se le prestó mayor atención hasta que comenzó a incrementarse el "uso" de niños para transportar drogas a los que en la jerga de los narcotraficantes se les comenzó a denominar "burros". El asunto no quedó ahí y en lugar de atender el problema infantil, se le dio una connotación más de lucha contra el narcotráfico, ocasionando que muchos de esos menores fueran consignados penalmente.

La historia continúa. El tráfico de niños también ha encontrado un nicho en todos aquellos que descontentos de su situación de abandono, son engañados con fines de prostitución y venta de órganos humanos; además de que muchos de los que regresan al país, después de una triste experiencia, se dedican a delinquir o se convierten en niños de la calle, sobre todo cuando no tienen más familia a la que recurrir o porque la situación económica y social así los obliga.

Los que se encuentran con su familia del otro lado y los que consiguen alguna ocupación remunerada o no, serían tema aparte. Únicamente apuntaría por el momento, que esta población infantil es otra pérdida para México y la demostración de que el Estado no los ha proveído más de lo elemental a ellos o a sus parientes: empleo bien remunerado, educación, alimentación.

La presidenta del DIF Nacional ha sido sensible al problema. No obstante y dadas las características de la institución que preside, se necesitaría más que programas asistenciales (aunque sean muy necesarios y con fines bondadosos) de verdaderas políticas públicas que los Gobiernos federal y estatales debieran de haber tomado desde hace mucho tiempo como prioritarias.

Las cifras que dio ayer Margarita Zavala son espeluznantes y seguramente rebasan las mencionadas: en 2008, leíamos ayer, 30 mil niños fueron repatriados y más de la mitad, 17 mil 306, lo hicieron solos. Y continúa dando cantidades proporcionadas por el Instituto Nacional de Migración: hasta agosto de este año, a través de los DIF nacional, estatales y municipales, se repatriaron 8 mil menores no acompañados y se atendieron a 12 mil 811 niños y niñas.

En una entrevista radiofónica, a pregunta del conductor de noticias, Margarita señaló que también se pretende amparar a los niños y niñas que cruzan la frontera de Centroamérica a México, proporcionándoles asistencia para su retorno a sus lugares de origen. No conocimos los detalles por la brevedad de dicha entrevista, pero también en este punto las partes, o sea los países involucrados, deberían de tomar medidas de Estado.

En cuanto a Estados Unidos, la opinión pública sólo conoce las medidas migratorias, pero en realidad desconocemos qué se está llevando a cabo para atender este asunto que requiere una atención especial.

Queda el beneficio de la duda y esperaremos -ojalá que pronto contemos con la información- de las reflexiones que se continúen en esta Semana y de la conmemoración de los 20 años de la Convención Internacional de los Derechos de los Niños, las Niñas y los Adolescentes.
 
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