Opinión / Columna
|
Francisco Fonseca
Gloria Estrada: prodigio y plenitud
El Sol de México
20 de octubre de 2009
|
Los sabios mayas nos dejaron para siempre estas palabras: "Nosotros no hacemos más que regresar; hemos cumplido nuestra tarea; nuestro tiempo se ha cumplido. Piensen en nosotros, no nos borren de su memoria. No nos olviden". Y en este doloroso ejercicio del recuerdo es que quiero anudar mis palabras con mis afectos entrañables para hacer una breve reflexión sobre la trayectoria larga y fecunda, cuyo aliento creador hoy extraño. Se trata de mi madre, Gloria Notario Priego o Gloria Estrada, como era conocida y apreciada en el ámbito de la radiodifusión mexicana. El apellido Estrada lo tomó de su padre, mi abuelo Manuel Notario Estrada.
Corría la década de los años cuarenta cuando Gloria Estrada tuvo la fortuna de incursionar en la radio, que crecería en nuestro país hasta convertirse, durante mucho tiempo en el dilatado horizonte de la comunicación humana. En su voz de actriz, y locutora polifacética y versátil -pionera de las radionovelas y los teleteatros- se advertía la motivación vibrante de su selva tabasqueña. Como otras actrices, ella abriría y ganaría espacios para la mujer en el desarrollo de las actividades sociales y culturales de México. Recuerdo los nombres de Pura Córdova, Maruja Sen y Aurora Villaseñor.
Su primera experiencia en la radio fue invaluable y productiva: primero la XEB, luego la XEQ y la XEX, donde consolidó su talento como dama joven por más de cinco años; y la XEW, estación que extendió sus lazos fraternales a toda América Latina.
Hubo en su haber, antes de que incursionara por los caminos de la televisión, decenas de programas, muchas radionovelas, nuevas voces, amistades genuinas, nombres que formaron los cimientos, los sueños, el quehacer creativo, la historia misteriosa y sugerente de la radiodifusión. Cada nombre de una larga relación adquiere para mí y para muchos mexicanos un profundo significado de respeto y dignidad.
Llegó después para Gloria Estrada, el universo de la imaginación. Ella vio nacer por así decirlo, las primeras imágenes, los primeros programas, el nuevo, mágico y prodigioso lenguaje de la televisión. Abría sus puertas el Canal 4 y luego el Canal 2. Ahí realizó, con amor y empeño, más de 30 telenovelas. No hay testimonio; no existían las grabaciones, todos los programas se transmitían en vivo, y actores y actrices tenían que memorizar sus parlamentos. Es una pena que no haya registro de aquellas magistrales actuaciones.
No había para Gloria Estrada pausa alguna para el descanso, pero tampoco lo necesitaba. Ella a plenitud. En su mundo de la comunicación, matizando voces, redescubriendo caminos y personajes, alentando con el corazón en la mano, la carrera de actrices incipientes.
En 1969 la vi incorporarse a las nacientes empresas de la radio y la televisión del Estado: Radio México, Canal 13, la Comisión de Radiodifusión, Notimex, RTC. Diez años después, en justo reconocimiento a su notable trayectoria y a sus muchos y productivos años de servicio a la ANDA, su institución matriz, recibió con María Félix y Flor Silvestre, la medalla Virginia Fábregas.
Como un esbozo he intentado reseñar la vida profesional de mi madre Gloria Estrada. Me atreví, porque de alguna manera fui testigo presencial de su lúcido, hermoso y notable desafío, siempre de pie ante la vida. Recordarla siempre, como lo aconsejan los sabios mayas es para mí un deber ineludible. Sé que nada podrá ser igual sin ella, como también sé que para poder devolverle un poco de lo mucho que nos dio en amor, bondad, respeto y dignidad, podemos transformar en aurora de vida su desaparición.
pacofonn@yahoo.com.mx
Columnas anteriores
Columnas anteriores