Opinión / Columna
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Federico Ling Sanz Cerrada
La ceguera
El Sol de México
17 de octubre de 2009
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En días recientes hemos visto cómo el Gobierno federal, encabezado por el presidente Felipe Calderón, ha decidido extinguir a Luz y Fuerza del Centro. Varios secretarios de Estado han figurado al frente con el presidente Calderón para tomar las riendas en este episodio nacional. Podríamos mencionar, principalmente a Javier Lozano, a Georgina Kessel, a Fernando Gómez Mont y al director general de la Comisión Federal de Electricidad.
Fuimos testigos, de igual forma, de la marcha que organizó el Sindicato Mexicano de Electricistas (SME) y el cierre que tuvieron en el Zócalo capitalino. El propio SME ha dicho que asistieron casi 300 mil personas; la policía local declaró la mitad solamente. En dicho evento participaron varios diputados, entre ellos Porfirio Muñoz Ledo, Francisco Hernández Juárez, Gerardo Fernández Noroña, etc.
El dirigente sindical Martín Esparza y su grupo compacto han declarado que la quiebra de Luz y Fuerza del Centro se originó en el Gobierno federal, por culpa de la pésima conducción que el gabinete del presidente Calderón ha hecho del asunto.
Hoy por hoy, las discusiones giran en torno a lo "bueno y malo" de que el Gobierno federal haya tomado la decisión de liquidar Luz y Fuerza del Centro. Algunos opinan que estuvo bien, pero que no fue la forma correcta. Otros más están totalmente de acuerdo en todo. Existen personas que no lo ven de esa manera y no apoyan esta decisión. Mi convicción personal es que el presidente Calderón tomó la mejor decisión; que la extinción de la paraestatal no sólo era justificada, sino urgente, y que la forma en que lo hizo el Presidente fue buena.
Más allá del pronunciamiento que se pueda realizar en torno al asunto, vale la pena reflexionar un poco más en las declaraciones de Martín Esparza, en donde se deja entrever que la quiebra de la empresa no tuvo nada que ver con el sindicato, sino con el gobierno y aquellos que dirigen al organismo desde él. ¿Realmente se creen ese cuento?
Basta con leer las enormes prebendas sindicales de los líderes, dignas de los jeques árabes, en el sentido de que no me parece que los agremiados del SME, todos por igual, puedan con su salario y prestaciones económicas hacerse de un rancho con gallos de pelea y caballos pura sangre.
Basta también con leer que las cuadrillas de la ex compañía parodiaban al extremo ridículo la teoría de la "división del trabajo" que propuso Adam Smith, donde un conductor del vehículo de la empresa no podía cambiar una llanta, porque no estaba en su contrato. Para ello existía otra cuadrilla.
Basta con leer que el director de Operaciones de la CFE está trabajando en el Distrito Federal con el 10 por ciento de trabajadores que tenía LyFC, y el servicio continúa; sí, con algunas fallas aún, pero en operación constante.
Todo lo anterior me parece la prueba más evidente de una ceguera no sólo institucional, sino social y personal. Estos personajes llevaron a la quiebra a la empresa que les daba trabajo. Tengo la impresión de que, así como exigen sus demandas insólitas, los trabajadores del SME que quebraron a LyFC, especialmente sus líderes, carecen de visión. Los encargados de traer luz a nuestras vidas en la cotidianeidad, viven totalmente a oscuras. ¿Cómo puede suceder o cómo puede explicarse tremendo nivel de ceguera?
¿Será acaso una ceguera social o institucional? Durante varios artículos he defendido la creencia de que los grandes problemas que nos afectan, en lo general, tienen su origen en causas muy específicas que radican en la psique y el interior de cada uno de nosotros, los mexicanos.
¿Qué cosas deberíamos cambiar o modificar? ¿Hasta dónde nuestra ceguera personal nos lleva a cometer actos tremendamente irracionales, culpar de manera ridícula a otros o zafarnos de las consecuencias de nuestros actos y vociferar contra todo aquel que se deje? Valdría la pena que empezáramos a preguntarnos cuáles son las cosas que están nublando nuestra vista y no nos dejan ver la luz tras la oscuridad. Porque el verdadero problema no está en que desaparezca el organismo descentralizado; tras esa oscuridad, el problema real sería quedarnos sin luz y sin fuerza para no seguir siendo ciegos.
federicoling@gmail.com
*Maestro en Ciencia Política y Medios de Información
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