Opinión / Columna
 
Los Grandes Días 
Manuel Mejido 
Compra de conciencias
Organización Editorial Mexicana
15 de octubre de 2009

  * Los electricistas sirven de pararrayos al presidente Calderón

* En cinco días podría ser aprobado el dos por ciento generalizado

* En época de austeridad, el Gobierno de la República gasta más

La liquidación de los trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza del Centro fue la cortina de humo fraguada por el Gobierno de la República para distraer la atención de la opinión pública y los medios de comunicación en la discusión que se lleva al cabo en la Cámara de Diputados, sobre la imposición del dos por ciento generalizado a bienes y consumo, incluidos medicamentos y alimentos.

El próximo martes vence el plazo para que sean aprobados la Ley de Ingresos y el Presupuesto de Egresos en San Lázaro y enviados al Senado para su ratificación, antes del 15 de noviembre. Lo grave es que pasará el llamado "Impuesto Contra la Pobreza" sin que nadie pueda evitarlo y, a partir del 1 de enero próximo, inicie una imparable escalada de precios promovida por Los Pinos.

Los diputados, tanto del PRI como del PAN y el PRD, ya negocian una canasta básica de alimentos que podrían quedar exentos del gravamen. Pero sólo incluye lo mínimo indispensable para que un mexicano subsista. Arroz, frijol, huevo, maíz y chiles.

Si los priístas aprueban la maniobra perversa, perderán lo ganado en las últimas elecciones y se esfumarán sus pretensiones de regresar a la Presidencia en el 2012.

De igual manera, las telecomunicaciones, las gasolinas, el diesel, la luz, además del Impuesto Sobre la Renta, de nómina y el de Depósitos Bancarios en Efectivo se incrementarán, con lo cual la Secretaría de Hacienda sólo aumentará el número de contribuyentes morosos y disminuirán sus ingresos.

Cuando un país atraviesa por las peores crisis de gobernabilidad, de impartición de justicia, pobreza, desempleo e inseguridad es el peor momento para despedir trabajadores masivamente. La actual administración dejará en el paro a más de cien mil personas, que se sumarán a los 13 millones de desocupados y que, a su vez, engrosarán la cifra de desposeídos que ya rebasa los 70 millones.

El martes pasado, el presidente Calderón aseguró que "los recursos públicos no pueden destinarse a mantener ineficiencias, privilegios o gastos desmesurados..."

Contrariamente a lo expresado por el Primer Mandatario, el Gobierno de la República pretende incrementar para el 2010 su gasto corriente (que no genera ninguna riqueza como el uso de celulares, automóviles nuevos, seguros de gastos médicos mayores, comidas, viajes y demás prestaciones para la alta burocracia) en un 12.5 por ciento.

Además, la Secretaría de Hacienda dispondrá de una partida especial de casi tres mil millones de pesos para liquidar a 10 mil trabajadores de las secretarías de la Reforma Agraria, Turismo y de la Función Pública, que desaparecerán el próximo año, y de otros 20 mil millones para los 66 mil trabajadores de la Compañía de Luz y Fuerza despedidos el domingo pasado.

Los más de 60 mil millones de pesos que empleará el Gobierno de la República en despidos laborales, equivalen al monto de lo que Agustín Carstens pretende recaudar con el impuesto del dos por ciento el próximo año.

Atinadamente, Eduardo Andrade, en su colaboración de ayer en los diarios de esta casa editorial, llamó al presidente Calderón "El Zar del Desempleo" y propuso inscribirlo en el récord Guinnes como el gobernante que consiguió el mayor número de despidos en el menor tiempo posible.

Resulta tan ilógico como incomprensible que en el discurso se hable de carencias y austeridad y en los hechos todo sea despilfarro y malos manejos de los recursos públicos.

Es indudable que debe eliminarse la burocracia inoperante y el "charrismo sindical", que sólo incrementan el gasto público que debería destinarse a nuevas inversiones para el desarrollo, pero no a costa del desempleo y, menos aun cuando el pueblo enfrenta la peor época de hambre, desigualdad e inseguridad de su historia.

Con un sindicato enfurecido (como lo está en estos momentos el de los electricistas, caracterizado por su activismo político, capacidad de movilización y poder de convocatoria) manifestándose en las calles; con el 60 por cientos de los hogares hambrientos y más de 13 mil 800 muertes ocurridas en menos de tres años, son un buen caldo de cultivo para que aumente la violencia en las protestas, marchas y manifestaciones y que harán imposible que Felipe Calderón entregué buenos resultados en el 2012.

La eliminación del sindicato de electricistas fue otra maniobra que ganó Calderón, un hombre que ha demostrado su capacidad para pelear contracorriente, como también consiguió las reformas al IMSS, al ISSSTE, la hacendaria, energética y electoral que, en su momento, movilizaron a miles de trabajadores que terminaron por aceptar las imposiciones presidenciales.

Los burócratas y electricistas despedidos correrán la misma suerte de quienes antes se inconformaron con las propuestas de Los Pinos aprobadas por el Congreso. Sólo que para callarlos, el Gobierno de la República dispondrá del dinero suficiente para comprar conciencias.

mejido@elsoldemexico.com.mx
 
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