Opinión / Columna
 
Rosamaria Villarelo Reza 
Los intangibles premios y reconocimientos: Príncipe de Asturias, Nobel, UNESCO y Poniatowska
El Sol de México
14 de octubre de 2009

  No dejan de ser polémicos los premios y reconocimientos que se hacen a valores, personas u organizaciones que se han distinguido en algún campo de conocimiento, mantener viva una tradición cultural, luchar por una causa justa o porque se crean esperanzas de lo que una acción, discurso o comportamiento pueden generar en el presente y futuro de la humanidad.

Todos estos casos los estamos presenciando ahora, cuando conocemos de diversos galardones otorgados en 2009. Por supuesto se puede o no estar de acuerdo con ellos, pero indudablemente cada uno tiene un sentido y un objetivo; mencionaré sólo algunos, pero que todos tienen de cierta manera que ver con esa intangibilidad -en un sentido amplio- que con el tiempo y las circunstancias, demuestran su gran influencia en el contexto en el que se otorgan.

México con dos de nivel internacional: El Premio Príncipe de Asturias de España, que recibirá la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), por su permanente labor de impulsar "corrientes de pensamiento humanístico, liberal y democrático en América"; primera universidad pública en recibirlo, cuya candidatura se sobrepuso al diario estadunidense The New York Times.

Los Voladores de Papantla. Declarado por la UNESCO Patrimonio intangible de la Humanidad. Ritual llevado a cabo por indígenas en honor del sol y la luna, reconocidas deidades de numerosas etnias y que en México se ha mantenido sobre cualquier eventualidad de modernización; lejos de ser un espectáculo circense y que se ubica su origen principalmente en la zona veracruzana.

Otro premio sin las connotaciones de los anteriores y éste mexicano de nivel local, pero con una repercusión más allá de las fronteras por la importante participación de numerosos escritores extranjeros, es el otorgado en el marco de la IX Feria del Libro del Zócalo, con el premio Elena Poniatowska, al literato Hernán Lara Zavala, por su libro "Península, Península" que habla de la guerra en el siglo XIX en Yucatán y que enaltece la figura de los mayas y de los más desprotegidos. Lara Zavala aparte de su amplia producción literaria, fue además un destacado funcionario ligado con la publicación de la vasta obra de la UNAM.

En el otro extremo tenemos los premios Nobel de Economía, Literatura y de la Paz. El primero, fue recibido por dos estadunidenses, uno de ellos, Elinor Ostom, la primer mujer en recibirlo en esta rama (¿Cuándo dejaremos de destacar que es la primera mujer y en este caso de 76 años?), siendo ella politóloga. Ostom ha insistido en que los problemas no pueden tratarse sólo con esa visión, la económica, sino que hay que analizarlos desde la perspectiva de otras disciplinas, en este caso de la ciencia política, pues no todo lo económico tiene su origen o su solución en planteamientos economicistas, como el estudio que la llevó a recibirlo, sobre "la propiedad común que puede ser administrada por varios usuarios". Así es que, incluso, ello puede significar un giro en los factores que definen los premios -o más bien la economía- pues hay muchos elementos de las ciencias sociales que la determinan.

El de Literatura, para la rumana-alemana, Herta Mûeller, de cuya nominación ella misma fue sorprendida, ya habrá oportunidad de conocer su obra, pero lo que hay que destacar por lo que ahora sabemos, es que aparte de su prosa, el motivo de su galardón se debe a que escribe sobre un periodo del oscurantismo dictatorial que a ella le tocó vivir bajo el régimen de Ciausescu.

Por último, el de la Paz, recibido por un jefe de Estado (ya ha habido otros), Barack Obama, que ha concitado muchos desacuerdos: por estar al inicio de su mandato, por ser del país más poderoso del mundo, porque "sólo se lo dieron por sus discursos", porque esto lo va a obligar, para unos, a buscar la paz, aunque para otros lo va a empujar a mantener su política imperialista e intervencionista. Si debería haberlo aceptado o no, o porque llanamente "ha creado la esperanza" a futuro de un mundo mejor. ¿Cuáles fueron las razones del jurado para su determinación (¿Se le habrá comparado con su antecesor G.W. Bush?). Lo que sí recomendaría es leer los libros de la autoría de Obama antes de ser presidente: "Los sueños de mi padre" y "La audacia de la esperanza". Si es por lo que refleja y transmite en ellos por lo que le dieron el Nobel, muy merecido. Ojalá que su Fe lo lleve a conquistar lo que siempre admiró, condenó o exigió a sus predecesores.
 
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