Opinión / Columna
 
Gabriela Mora Guillén 
Comisión Nacional de Derechos Humanos
Organización Editorial Mexicana
13 de octubre de 2009

  Sabemos que los antecedentes más lejanos de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) se encuentran en el siglo XIX, con la promulgación de la Ley de Procuraduría de Pobres de 1847, que promovió don Ponciano Arriaga en el estado de San Luis Potosí; no obstante, hasta la segunda mitad del siglo XX surgen diversos órganos públicos que tienen como finalidad proteger los derechos de los gobernados frente al poder público.

En 1975 nació la Procuraduría Federal del Consumidor, cuya finalidad ha sido la defensa de los derechos de los individuos, aunque no necesariamente frente al poder público. Diversas instancias estatales fueron creándose a lo largo de los años hasta que la Secretaría de Gobernación creó la Dirección General de Derechos Humanos el 13 de febrero de 1989: un año más tarde, el 6 de junio de 1990, nació por decreto presidencial una institución denominada Comisión Nacional de Derechos Humanos, constituyéndose como un Organismo desconcentrado de dicha Secretaría. Posteriormente, mediante una reforma publicada en el Diario Oficial de la Federación el 28 de enero de 1992, se otorga a la CNDH rango constitucional bajo naturaleza jurídica de Organismo descentralizado, con personalidad y patrimonio propios.

Finalmente, mediante una reforma constitucional publicada en el Diario Oficial de la Federación el 13 de septiembre de 1999, la Comisión se constituyó como una Institución con plena autonomía de gestión y presupuestaria, lo que en teoría habría de constituir un gran avance en la función del Ombudsman en México, al cumplir con su función de proteger y defender los Derechos Humanos de todos los mexicanos.

Indudablemente, desde su creación la labor de la CNDH y de su titular ha sido cuestionada en diversas ocasiones respecto a su intervención en la defensoría de delincuentes y hasta su limitada participación en la generación de "recomendaciones"; no obstante, sabemos que su actuar en forma clara y honesta se vuelve cada vez más necesario para nuestra sociedad, máxime en estos tiempos en que la delincuencia y el crimen organizado han cobrado tanta relevancia.

Entre los candidatos registrados -más de treinta-, encontramos tres nombres que nos llaman la atención: Raúl Plascencia, Mauricio Farah, primero y quinto visitadores de la CNDH en su tiempo, y Javier Moctezuma, secretario ejecutivo.

En el caso de los exvisitadores, utilizan a las muertas de Juárez y el secuestro de migrantes como parte de sus campañas, principalmente Mauricio Farah, quien siempre ha actuado con una doble cara al culpar y denostar a las autoridades migratorias insistentemente; sin embargo, en cuanto las tiene enfrente la cosa cambia y todo se vuelve reconocimiento y apoyo.

Nada es seguro y nadie tiene su boleto asegurado. Lo cierto es que "del plato a la boca se cae la sopa", y tal vez en la Cámara Alta del Senado no todo sea "miel sobre hojuelas", chance y por ahí relinche un "caballo negro" surgido de alguno de los últimos registros, alguien a quien quizá muy pocos han tomado en cuenta pueda darnos la sorpresa... Falta poco, veremos.

gamogui@hotmail.com
 
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