Opinión / Columna
 
Francisco Fonseca 
El tiempo, medida exacta de la eternidad
El Sol de México
10 de octubre de 2009

  ¡Qué difícil, amable lector, es recordar -con el rigor cronológico necesario- las cosas de la vida!. Recordar es, sin duda, una de las actitudes más arduas y complejas que puede adoptar un ser humano en el curso de su existencia. Se dice que de la abundancia del corazón hablan los labios, pero también el pensamiento, la memoria.

Perdón por la insistencia, pero debemos darnos cuenta de que faltan escasos 70 días para que termine la primera década del siglo 21. Hace ya diez años que la humanidad cruzó el umbral de ese misterioso universo que es el Tercer Milenio.

Diría, como el filósofo griego Plotino, que los seres humanos podremos ver ahí las formas inteligibles, no con prestada eternidad; a la inteligencia pura, a la sabiduría inalcanzable y a la edad genuina de Cronos, cuyo nombre verdadero es la Plenitud, porque todas las cosas eternas están en él, cada intelecto, cada dios y cada alma.

Los invito a recorrer, para que permanezcan en el recuerdo, las noticias del momento, tres décadas atrás, más o menos. Son noticias que lentamente se han convertido en polvo de la historia.

Por ejemplo: el 9 de enero de 1976, falleció Chou En Lai, el hombre más poderoso en China después de Mao Tse Tung. Se dice que su astucia y capacidad para mantenerse en la línea media le hicieron posible sobrevivir en el turbulento mundo político de la China comunista. ¿Cuántos recuerdan ahora a Chou En Lai y cuántos siguen adorando como un dios a Mao Tse Tung?

El 20 de enero de 1977, James Carter, trigésimo noveno presidente de los Estados Unidos, ofrecía a "los ciudadanos del mundo" poner todo su esfuerzo para forjar un orden internacional más justo, estable y pacífico; más responsable ante las aspiraciones humanas. ¿Quién recuerda ahora este dramático y emotivo mensaje del presidente Carter?

El 1° de enero de 1978, Yasser Arafat amenazaba con liquidar los intereses norteamericanos en todo el mundo árabe. ¿Será otro el Arafat de ahora? ¿Osama Bin Laden?

El 4 de mayo de 1979 Margaret Thatcher fue elegida Primer Ministro del Reino Unido. Meses después, el 27 de agosto, el Ejército Republicano Irlandés asesinó a Lord Mountbatten (almirante, tío del príncipe Philip, duque de Edimburgo). El 6 de septiembre llegó a Buenos Aires la Comisión Interamericana de Derechos Humanos para investigar más de 30 mil asesinatos perpetrados en apenas tres años por el dictador Videla.

Y en México, el 27 de enero de 1979, millones de mexicanos, por primera vez en la historia, vieron en persona a Juan Pablo II. Se decía que durante su primera visita a nuestro país, en la Ciudad de México, repicaron 25 mil campanas de 8 mil templos. El pontífice polaco conoció entonces el entusiasmo de un pueblo hospitalario y devoto. ¿Lo recordamos así todavía? El 14 de febrero, el presidente de los Estados Unidos, Jimmy Carter, visitó oficialmente México, donde fue recibido por el presidente José López Portillo. El 3 de junio, al sur del Golfo de México, una explosión en el pozo de petróleo Ixtoc I provoca la pérdida de 700 mil y 1 millón 600 mil toneladas de petróleo, la pérdida más grande en la historia humana. ¿Nuestra mente nos permite recordar y recrear tantos acontecimientos?

Para muchos, el tiempo es un problema exigente; para otros, la medida exacta de la eternidad o un simple juego de espejismos o las señales inequívocas de una fatigada esperanza. Decía don Miguel de Unamuno: Nocturno el río de las horas/ fluye desde su manantial / que es el mañana eterno.

pacofonn@yahoo.com.mx
 
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