Opinión / Columna
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Son Politikón
Arisco-Teles
10 de octubre de 2009
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Más allá de ser un asunto mediático, el tema de la violencia en nuestro país, la numeralia cotidianamente requiere de su atención, pues son muchos los frentes y algunos ya fueron agotados por la vía jurisdiccional. Hace unos días, Leopoldo Gómez en tv señaló, entre otras investigaciones, que por indagaciones del estudioso Escalante del Colegio de México, los porcentajes han bajado desde 1992, según el INEGI y otras fuentes en 1990, el total de homicidios era de 14 mil 520 y de 1992 al 2007 fue de 8 mil 507. Al menos en lo que respecta al panorama rural, la violencia se ha reducido entre la clase campesina, al son de: "Como el agua busca el río, y el río busca la mar, antes de que pase un año, me has de venir a buscar".
Antes de la década de 1990, la mayoría de homicidios se cometían en la zona rural por conflictos agrarios, a la fecha han disminuido a más de la mitad; siendo que el fenómeno de la violencia con todas sus secuelas se ha trasladado a las zonas urbanas. En ese contexto, en 1992, el presidente Salinas propuso el fin del Reparto Agrario, mismo que aprobó el Congreso de la Unión modificando el Art. 27 constitucional. Los miles de expedientes que tenía en trámite la Secretaría de la Reforma Agraria pasaron a los recién creados Tribunales Agrarios, para que, como autoridad sustituta del Presidente de la República, se resolvieran los asuntos por la vía jurisdiccional con plena autonomía, la procedencia o no de la dotación de tierras y reconocimiento de comunidades indígenas, ni hablar, un trabajo arduo con coplas de: "Los besos y los suspiros, las lagrimas y las quejas, se sabe de dónde salen, nadie sabe adónde llegan".
Dichos trabajos concluyeron durante el sexenio de Ernesto Zedillo, y en un acto sin precedentes en Palacio Nacional el entonces presidente del Tribunal Superior Agrario, Luis Porte Petit, informó del término del reparto agrario; tarea concluida de reivindicación con los campesinos que Emiliano Zapata impulsó con la Revolución Mexicana, con esa de: "... Yo soy aquella famosa coronela que ascendieron a prueba de valor, me hervía la sangre ante el fuego de metralla, me enardecía el rugido de".
De tal forma, se cerró una etapa de la historia de México con la entrega de más de la mitad del territorio nacional para la formación de ejidos y se inició la labor de resolver los conflictos agrarios por la vía jurisdiccional a través de juicios agrarios de carácter oral, con toda transparencia en audiencias públicas, presididas por los magistrados, poniendo énfasis en la conciliación. En ese tenor, habría que destacar las actividades de la itinerancia jurisdiccional, audiencias que se llevan a cabo con la presencia de los magistrados agrarios en los ejidos, acciones para ahorrarles gastos de traslado a los campesinos, en ese sentido, la justicia agraria llega hasta a los lugares, con coplillas de: "Por un capricho, vine a buscar tus besos, por un capricho, los pude conseguir, pero hoy comprendo que han dejado en mí una huella, que aunque".
Con lo anterior se privilegia la igualdad de las partes en el juicio y participa el ombudsman agrario, que es la Procuraduría Agraria. Estos procedimientos han llevado paz, seguridad y estabilidad en el campo mexicano, pues se han disminuido los conflictos y las confrontaciones violentas, prevaleciendo el imperio de la ley. En lo general, por fin hay tranquilidad y certeza jurídica en el campo mexicano. Los problemas se resuelven por las vías del derecho ante los Tribunales Agrarios, que suman 49 en todo el territorio nacional. Ese conjunto representa una institución social de impartición de justicia que la inició el doctor Sergio García Ramírez, considerado el mejor abogado de México y expresidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos. Son órganos jurisdiccionales en donde laboran cerca de mil 500 funcionarios y a ellos un reconocimiento con coplas de: "Tengo una cita con la gloria de tus besos, y ya mis labios se quemaron con la tentación".
Si bien la violencia y los homicidios enlutan al país, habría que despejar el panorama y coadyuvar con el presidente Calderón a las tareas de lucha con la pandemia social que es la inseguridad, con coplas de: "..., reloj no marques las horas porque voy a enloquecer".
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