Opinión / Columna
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Hazael Ruíz Ortega
Tatto-Piercing (Cuidémonos)
El Sol de México
10 de octubre de 2009
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Cuantificación: Los resultados de un informe de opinión (marzo 2008) de una empresa reconocida en el tema de encuestas, el 8 por ciento de los mexicanos mayores de 18 años (destaca el rango de 18 a 29 años) tiene algún tatuaje y el 6 por ciento perforaciones.
La Comisión Federal para la Protección Contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) presenta análisis (mayo 2009) y sustenta decreto que adiciona diversas disposiciones del Reglamento de Control Sanitario de Productos y Servicios. Estiman que a nivel nacional los tatuadores y perforadores realizan más de dos millones y medio de trabajos en un año, y de los micropigmentadores poco más de un millón.
Acciones: Dentro del Programa Nacional de Salud 2007-2012, el decreto mencionado, practica de tatuajes, micropigmentaciones y perforaciones, pretende regular principalmente, del lado de la oferta, a quienes realizan los trabajos, para garantizar la prevención de riesgos sanitarios derivados de procesos del tatuaje y perforación (infecciones bacterianas, lesiones de cicatrices en la piel que pueden limitar la movilidad y generar problemas estéticos). La Comisión de Seguridad Pública del Senado también participa. Un buen paso, consideramos es prioritario aplicar otras políticas públicas pertinentes en la demanda para hacer integral el tema.
Resulta claro, no inhibir la expresión de quienes deseen tatuajes y perforaciones en "su cuerpo", también resulta claro crear mayor conciencia de los riesgos. Las cifras indican son minoría, cuando toman la decisión obedecen a múltiples motivos: la marca personal, la marca del grupo, historia de vida, llenar un vacío, ser visto, seguir la moda, comunicar con la piel, etcétera. Algunos expertos, opinan que no se ha demostrado que quienes se tatúan, sean personas con problemas psicológicos, de personalidad, agresión, rebeldía o problemas familiares, sin embargo son referentes de una historia de vida.
En centros de reclusión, la práctica del tatuaje es común, muestra un submundo de significados ocultos, encontramos principalmente imágenes religiosas oficiales, muy de moda "la santa muerte". Otro segmento a veces libres en las calles, otras veces en cárceles, lo constituyen miembros de pandillas, las latinas en Estados Unidos, la Mara Salva Trucha con sus números y letras tatuadas que refieren la pertenencia y el grado que ocupan. Marcas, cicatrices y tatuajes se han convertido en elementos para la identificación criminal.
En esa etapa de la vida, el tatuaje halla en la piel terreno fértil para plasmar las verdades, reproches, recuerdos, angustias, amores y confecciones de aquél que decide incorporar imágenes a través de la escritura y el simbolismo del tatuaje para darle cabida al lenguaje de los códigos en la piel.
Efectos: Al transcurrir del tiempo, pueden surgir nuevos intereses y requerimientos, del cabello y la ropa se puede modificar el estilo personal, ¿y que hacer con el tatuaje? en algunos casos es irreversible, necesaria participación de un médico especialista, es costoso, deja huella física y en ocasiones en la mente.
Surgen condiciones desfavorables laborales, sociales y de participación entre otras. Pese al artículo 3o constitucional, podemos discutir si es correcto o no, las consideradas mejores empresas no permiten la contratación a quienes tengan tatuajes, incluyendo el sector público, todo puesto tiene un perfil, la importancia de la imagen y otros asuntos.
Ante esta situación, algunos optan por discriminar a los considerados discriminadores "no me interesa trabajar en una empresa donde no me aceptan como soy", e ingresan al sector informal, algunos destacan. De la participación ciudadana, casos documentados de tatuados impedidos para donar sangre. ¿Por qué nos complicamos la vida?
hazael.ruiz@hotmail.com
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